17/10/2026

Hyakuman- Goku, sonidos ancestrales japoneses por Vertixe Sonora

Igrexa da Universidade, Santiago de Compostela


Concierto de Vertixe Sonora en la Igrexa da Universidade - día 18 a las 18´00 h-, en un programa dedicado a las tradiciones ancestrales japonesas entremezcladas con formas contemporáneas, un proyecto que ya ofrecieron la tarde de ayer en la Catedral de Tui, un verdadera experiencia de trasmisión entre culturas aparentemente distanciadas como ya nos dejaron en tiempos pasados las confluencias aportadas por las corrientes fomentadas por las vanguardias impresionistas del siglo pasado. Un proyecto que llega a Galicia marcando la combinación de instrumentos  milenarios junto a la electrónica y los citados lenguajes musicales. Hyakuman- gorku, título genérico, invita a adentrarse en esta estimulante aventura, dentro de los proyectos del propi grupo, contando con el protagonismo  de Junya Okochi, tomando como instrumento el shakuhachi, y Nobuko Kawashima, con la biwa, sobre un colectivo de compositores de Hyakuman- goku, que se incorporan a  los quehaceres de Vertixe Sonora, en este espacio de encuentro de culturas, lenguajes y atenciones a las corrientes de pensamiento, reivindicando la tradición  al margen de un legado estático para transformarse en una materia viva. Instrumentos ancestrales como la biwa, instrumento de cuerda emparentado con el laúd, desde el antiguo Medievo, o el Shakuhachi, especie de flauta de bambú hermanada con las influencias del pensamiento zen, y con unas experiencias ancladas en el repertorio tradicional de aquellas latitudes, permitiendo en este caso la incorporación a las aventuras de las vanguardias a través de la electroacústica. Una propuesta que recupera el universo de los biwa hôshi, de los monjes ciegos entre las entonaciones de cantos de los que la historia conserva una imagen por el ejercicio de sus relatos errantes con sus señas de identidad épica, las crónicas bélicas y las historias plena de dramatismo, acompañados por aquellos instrumentos. Parecidas circunstancias, ayudan a evocar las prácticas meditativas de los monjes komusô, que se manejaban con el shakuhachi, especie de artilugio de indagación espiritual. Un repertorio que acepta tradiciones anónimas como Shakuhachi- Honkyoku o Biwa- Katari- Mono, junto a composiciones de Masataka Matsuo, Rui Ogawa, Toshio Nakagawa, Shin Hashimoto o Yasnoshin Morita, obras que ayudan a expandir las posibilidades tímbricas de aquellos instrumentos, entre las raíces históricas, manteniendo un diálogo con las historias y las creaciones contemporáneas. Una música aceptada como camino de peregrinación.

La música en el Japón moderno, se inició en el período de 1868, bajo el emperador Meiji, consiguiendo despertar el interés de los países occidentales por el consenso con el que llegó a implantarse después de largos períodos conocidos por el distanciamiento vivido en el siglo XVI, en aquella etapa Meiji  (1868/ 1912), las influencias occidentales se habían desarrollado por distintos canales de mutuas influencias, un resultado de relieve, se encontraría en las herencias clásicas de la tradición hogaku y la confluencia con las formas occidentales conocidas como yogaku, que continuaron evolucionando de forma paralela. Fue el periodo Meiji  el que declaró ilegales los gremios japoneses, por lo que los músicos perdieron el control sobre una importante fuente de ingresos. Un resultado positivo, fue el florecimiento de actividades docentes dirigidas a los aficionados y el aumento del aprecio a las formas tradicionales. Muchos compositores se sintieron interesados por los extraños sonidos de los préstamos occidentales. Se daría el caso de composiciones de estilos insólitos creados con expresiones aparentemente autóctonas con grandes grupos instrumentales. Obras de aquellos trabajos como los de Michio Miyagi (1894/ 1956), del gremio Ikuta, con sus piezas modernas compuestas antes de la Segunda Guerra Mundial,  en el ámbito clásico japonés destacan pioneros que curiosamente tenía poca experiencia en las tradiciones japonesas  y que terminaron por formarse en países como Alemania y uno importante sería Koscak (nacido Kosaku)b Yamada,(1886/1956), fundador de la primera orquesta importante y de organizaciones operísticas en su tierra que amplió perspectivas siguiendo patrones occidentales. Su ópera Kurobune de 1940, trata de un asunto relacionado con la primera visita norteamericana  en 1853, obra con aspectos asimilable al Wagner de El holandés errante, o al postrero G. Puccini, en las óperas veristas. Los continuos esfuerzos por buscar las confluencias entre culturas posiblemente distantes, llegaron a dar resultados como los que hoy conocemos, no sería hasta la segunda mitad del siglo XX, en el que las combinaciones y enfrentamientos positivos entre estas culturas, dejaría argumento a músicos como Toru Takemitsu, cuyas obras se ofrecen con regularidad en convocatorias de vanguardia. De aquel país y bajo la presión de la cultura de masas, nos hemos familiarizado con músicos como Toshio Hosokawa, al que Vertixe Sonora había dedicado un monográfico de este creador celebrado por la hábil conjunción de las culturas que nos afectan, combinando instrumentos nativos con los de las orquestas sinfónicas occidentales, consiguiendo y recreando unas formas musicales que se aproximan a un llamado neoimpresionismo. Suya había sido la capacidad para trasmitir nobleza enmarcada en la tradición Gagaku, música tradicional japonesa de la que heredó en parte la tímbrica. El autor pertenece a una especie poco frecuente de personajes extremadamente fieles a sí mismos y apreciados por una voz propia, ajena a modas o intromisiones. Otros compositores de impagable valor, son Turu Yatemitsu, valorado por sus bandas sonoras como Quatrain, o Rain, de Akira Kurosawa, a las que pueden añadirse Harakiri; Kwaidan o La ceremonia, dentro de una trayectoria que desde sus comienzos había quedado marcada por la escuela expresionista que influiría en la escritura de su Requiem. La etapa final de su vida, le ayudaría curiosamente al descubrimiento de Claude Debussy, que habría de ser determinante, elaborando unas músicas cuidadosamente trabajadas por un juego sutilísimo de matices con obras tan representativas como Eclipse; Pasos de noviembre; Paisaje; Hilera de árboles o Jardín de lluvia.

Ramón García Balado

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