Auditorio Reveriano Soutullo, Ponteareas
Concierto inaugural del XIV Festival Groba de Ponteareas con el protagonismo de la Orquesta de Camara Galega dirigida por Javier Groba Otero en el Auditorio Reveriano Soutullo de Ponteareas- día 16, a las 21´00 h-, con obras de Rogelio Groba Groba y W.A. Mozart, del maestro gallego la Sinfonía nº 6, en sus tiempos Allegro, Andante y Allegro, además de Carpe Diem, estreno en la versión de este año: Abrente, Muller muxica, O Fausto y O Trouleiro, para completar con el Concierto para piano nº 23, en La M. K. 488, de W.A. Mozart, que tendrá como solista a Anna Sarkisova. Rogelio Groba, homenajeado en este certamen desde su primera convocatoria, había tenido como profesores en el Conservatorio de Madrid a Angulo y Carmelo Bernaola mientras se responsabilizaba de ocuparse de la dirección de Bandas Municipales como la de La Estrada, la de Tui, obteniendo en 1960 la plaza de la Banda de Pedro Muñoz (Ciudad Real), fundando el Coro Rosalía de Castro en Madrid. Entre 1962/7, vivió en Suiza, tras ganar el Concurso de Dirección de la Société Musique de Perroy, en donde tutelaría importantes bandas municipales antes de su vuelta a A Coruña en donde ocuparía la plaza de director de la Banda Municipal y del Conservatorio Profesional, preparando en esa línea ascendente su proyecto de la fundación de formaciones como la Orquesta Municipal de A Coruña la Coral Follas Novas, manteniendo sus actividades directoriales con La Coral El Eco, ingresando como miembro de la Real Academia de Bellas Artes, de San Fernando (1974)
De su amplísimo catálogo y en su diálogo con Manrique Fernández, recordaba su colaboración con la OSG como compositor Asociado, con la que incluiría en el concierto de inauguración su obra Ultreia, pero en líneas generales sería complejo quedarse con obras concretas en la relación de preferencia y ya para citar algunas de ellas, el maestro contastaría: Segue sendo moi difícil, pero ímol intentar. Como obra nacionalista, polo que significa para mín, e humildemente, eu entendo que tambén para Galicia, é mais pola propia obra en sí, poderíamos escoller a cantata Nova Galicia, pero tambén Cruñesas, ou a colección de oito ciclos sinfónicos Kalaikia. Probablemente sexan as mais puras. Das sinfonías quizais me quedaría coa Bucólica. Das cantatas, á marxe de Nova Galicia, quedaríame coa Gran Cantata Xacobea, ou Anxos de Compostela. Das óperas, quedaríame con todas, cada unha por unha razón moi especial…Pero iso non quere dicir que non me gusten as demais obras, loxicamente. Esta pregunta xa lla fixeron a Schönberg e contestou que cando fixo cada obra era porque lle gustaba. Eu diría mais o menos o mesmo.
Nueva pregunta en relación con el asunto de los primeros que podrían considerarse compositores gallegos profesionales entre merece especial atención Reveriano Soutullo, dónde encontraríamos el punto de encuentro entre ambos: Non, nos podemos comparar porque seguimos camiños distintos, pero vaiamos por partes: acepto a cualificación de profesional, no sentido de que os dous tivemos a sorte de poder estudar nun centro como o Real Conservatorio de Madrid, obtivemos a mesma titulación e tivemos a oportunidade de dedicarnos a isto, mentras que os outros compositores anteriores, na meirande parte dos casos, non tiveron esas opcións. Ás veces atopamos neles gran inspiración pero a falla de técnica e duns coñecementos teóricos imprescindíalles extraer o seu potencial. Naqueles tempos, en Galicia, era imposible vivir da música e tiñan que dedicarse a ela parcialmente, como unha especie de divertimento. Só nese sentido acepto a palabra profesional, non no que teña que ver coa calidade. Gaos, Montes, Freire, e tanto outros, teñen unha producción moi curta, pero hai que xulgarnos tendo en conta as súas condicións, o momento que viviron, o illamento dos seus lugares de residencia, a falla de contactos co movemento musical europeo…Coido que bastante fixeron pola música galega, que teñen moito mérito.
W.A. Mozart- Concierto para piano, nº 23, en La M. K. 488- en interpretación de la Orquestra de Cámara Galega, dirigida por el maestro y concertino Rogelio Groba Otero y teniendo como solista a Anna Sarkisova, obra en sus tiempos Allegro; Adagio y Allegro assai, una de las muestras finales de la llamada saga vienesa, que incluye una serie primordial de los conciertos para piano, compuestos entre 1782 y 1876, mientras se dedicaba intensamente a completar su ópera Le Nozze di Figaro y a la que celebra con alguno de su particulares giros, asunto que podrá parecernos en elementos melódicos gracias a los clarinetes que asoman en los últimos compases, obra compuesta en la tonalidad de La M., tonalidad destacable por su luminosidad un tanto velada y coloreada que animaría a considerarla por el especialista en su obra Alfred Einstein, como una vidriera coloreada, obra que presenta una límpida perfección dentro de su producción para este género con solista de piano. Beneficio logrado gracias al dominio de cada una de sus partes, en los tres tiempos. Para el estudioso mentado, el Adagio, es considerado como el alma del concierto, obsequiándonos con un aire de Absoluta elegancia en estilo de siciliana afligida y que deriva a otra excepcional tonalidad en Fa sost. m., donde el sentimiento del dolor se transfigura y comunica en la más lograda elegancia formal. Es verdad que, en ningún otro concierto, resulta tan sencillo y tan claro el sentido de su inventiva, incluso cuando se adentra en el espacio del contrapunto, no siendo menos cierto que los acentos de la soledad e individualismo, tan en su dominio, confiaba a su irrenunciable mensaje expresivo individualista, exuberante pero al mismo tiempo agitado, por las modulaciones oscilantes entre mayor y menor, que pretendían ganar la atención del oyente vienés, ya lograda por otros compositores del momento, como era el caso de Kozeluch. Un detalle digno de consideración a propósito de la elección de los clarinetes, probados anteriormente en el Concierto K. 482, daría razones al especialista Paumgartner a perfilar la apreciación de que los clarinetes, empleados en lugar de los oboes, de sonoridad agridulce y barroca, confieren un color nuevo, más dulce, más pastoso y más actual. Una apreciación dentro de la sensibilidad del momento.
Ramón García Balado

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