Museo das Belas Artes, A Coruña
Concierto en el Museo das Belas Artes, de A Coruña, dentro de las actividades del IX Festival Resis- día 24, las 12´00 h-, con la soprano Luna Celemín y el pianista Christian Camino, para ofrecernos obras de Wolfgang Rhim, Georg Crum, J.Mª Sánchez- Verdú y Richard Strauss. Una soprano que trabajó con López Banzo, J.Company, Carlos Mena, Alberto Zeda o María Espada, además de realizar cursos de perfeccionamiento en los cursos de Amigos de la Ópera, de A Coruña, con Mariella Devia, Fiorenza Cedolíns, Carlos Mena o el añorado maestro Alberto Zedda, probando profesionalmente con el Ensemble Mattheus y con el grupo Concerto de Bozes, en Salamanca, en programas que incluían obras de Literes, S. Durón, C.F. Cesarini, A. Scarlatti o F.N. Fago. Con el Ensemble Mattheus, seguiría los dictados de J.Christophe Spinosi.
Wolfgang Rhim, tendrá en programa 3 Hölder Gedichte y las Ophelia Sings, reclamo que nos lleva la plástica de John Everett Millais, cuadro de la Tate Gallery y verdadero manifiesto estético de la escuela prerrafaelita, que abanderada Dante Gabriel Rosetti. Rhim, compositor del que tenemos noticia con relativa frecuencia, dejó su sello irrenunciable en obras como Jakob Lenz, sobre la poética de Georg Büchner o en Die Veroberung von Mexico, una ópera que nos lleva a los desvaríos de Antonin Artaud, destacando un acentuado uso de los recursos expresivos del Sprechgesang, para mayor libertad de los intérpretes. George Crumb-The Night In Silence Under Many A Star-, una composición basada en la poética de Walt Whiteman, para voz y piano amplificado, integrada en el ciclo Aparition, un encargo de la soprano Jan DeGaetani, y de Gilbert Kalish, en 1981, músico norteamericano en la corriente de Nancarrow, muy centrado en la indagación de la pura belleza del sonido, reemplazando de forma un tanto personal la estructura tonal temática en beneficio de un tejido armónico que surge de recursos tímbricos apenas perceptibles, entre atmósferas de una especial sutilidad, un interés por acentuar los matices extremos, siempre con la pretensión de seducir al oyente, en el conjunto de sus obras, sobresale el uso masivo de clusters, la inmensa variedad de timbres y dinámicas, al lado del cuidado de la amplificación de los instrumentos, junto a los efectos vocales y la imaginativa explotación de detalles puramente técnicos. Una obra de clara referencia, sería American Songbooks, para voz de soprano, en la que cobra protagonismo el piano amplificado, remarcado por una percusión de acentuado contraste, remitiendo a la tradición de los negrospituals.
José María Sanchez- Verdú-El buscador caminante- obra que ya tuvo presencia en certámenes de nuestro país y en el Carl Maria von Weber Musikhochschele Dresden, con esta soprano acompañada por Yan Cai. Sánchez-Verdú, es uno de nuestros compositores de élite, por trabajos como Cuerpos deshabitados, sobre poemas de Alberti; Silence y Gramma o El viaje de Simorgh, encargo del Teatro Real, una inspiración entre sufismo y mística, procedente de la lírica de Juan Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario. Un relato de Carlos Fuentes, dará argumentos para Aura, una obra más hipnótica y etérea. La cultura árabe impregnó en buena manera, la evolución de sus tendencias creativas desde una perspectiva ancestral, ya desde su Cuarteto Nazarí. Para el autor, el oyente al que van destinadas sus obras, resulta primordial, la propuesta sonora le queda destinada. La música es una forma de comunicación, sin olvidarnos de las influencias de Darmstadt y de las vanguardias que afectaron a su desarrollo, un lenguaje que reconoce igualmente las estéticas centroeuropeas más avanzadas, que también encontramos en Adès. Adams o Turnage. Obra de apreciada consideración, fue Elogio del Horizonte, un concierto para clarinete y orquesta, un encargo para la ONE, con Joan Enric Lluna, como solista, y cuyo argumento había sido una velada dedicada a Chillida, un refinamiento sobre la plástica japonesa, donde un trazo en el vacío puede albergar una energía y un contenido realzado por profundas capas de óleo. Taqsim, fue otro de sus trabajos para la ONE, que dirigiría G. Pehlivanin, un salto entre Oriente y Occidente, obra que se anclaba en la cultura magrebí, y en un Festival del Mediterráneo, celebrado en el Palau de Les Arts, daría a conocer Qualia, dirigida por Zubin Mehta, compartiendo experiencias con Salomé, de Richard Strauss.
Richard Strauss, con Letze Blätter, sobre Hermann von Gilm Op. 10, una recopilación poética de ocho lieder, a los que se añadirá en 1974, Der hat´s getan, pieza de talante fúnebre, remarcado por la respuesta del piano. Grupo de Lieder entre los que podremos destacar Zueignun, de un fervoroso romanticismo, cuidadoso del protagonismo de la prosodia; Die Nacht, que refleja la ansiedad del amante ante la presencia de la noche; Nicht, remarcado por los cromatismos del teclado; Die Georgine, casi un pasaje operístico, con una línea vocal plena de pasión y lirismo, con largas líneas expresivas del piano; Gedulf, en el que asoman trazos armónicos uniformes dentro de un discurso musical inflamado, especialmente en su final; Die Verschwiegenen, una pequeña escena en un estilo de pinceladas satíricas y humorísticas del estilo Überbrettl (cabaret), de Ernest von Wolzongen; Die Zeittlose, breve en forma epigramática, en un arioso que se expresa como desencantado; Allerseelen, una pincelada schumanniana y nostálgica que impregna las vivencias más íntimas.
Vier Letze Lieder, de Richard Strauss, último período del compositor y conjunto de piezas emblemáticas, por la respuesta que tienen entre los aficionados, desde el año de su estreno, testimonio y memoria sobre textos de Hermann Hesse y un cuarto que remite a Eichendorff, generaciones literarias que no podían ser más opuestas, pero que encumbran al compositor a su más digna dimensión. En los amargos límites de la superación de las experiencias de la Segunda Guerra mundial. Frühling, resulta una entusiasta alabanza de la primavera, estación romántica por excelencia, lied estrófico en un canto transparente. September, la poética de Hermann Hesse, que cuida con detallismo su colorido otoñal, a través de modulaciones que nos trasladan hacia un estado de serenidad, tras asistir al paso a un rango de segundo grado, con respecto al anterior. Beim Schlafengehen, con una línea vocal de notable exigencia de tesitura, para entregarnos al lied Im Abendrot, el poema de Eichendorff, recuperando en cierto modo una presumible sensibilidad que nos acerca a Robert Schumann
Ramón García Balado



