Palacio de la Ópera, A Coruña

Eslavismos
de fuste para el LXXIV Festival de
Amigos de la Ópera de A Coruña,
con Jenůfa de Leos Janacek-
días 17 y 19, a las 19´00 h-, en el Palacio
de la Ópera, drama que el compositor había tomado de Gabriela Preissová, Jeji
pastorkyna (Su hijastra),
estrenado en el Teatro Nacional de Praga,
en 1890, obra que mostraba un crudo realismo que rechazaba cualquier visión
idílica de un ruralismo apacible, dramaturga que había servido a otro
compositor Josef Bohuslav Foerster,
para su ópera Eva, en este caso,
sucesos de la vida real idealizados que para esta ópera, se expondrá a partir de
un paz de trazos los cuatro personajes fundamentales ubicados en la profunda
Moravia, con un quinto personaje que se acepta como hilo común, la molinera Buryja, marcada por su callada
presencia, un primer acto saturado de tensiones propias de los eventos que
surgen obsesivamente, repartidos entre Kostelnicka,
Jenůfa, Steva y Laca, entre un despliegue de personajes
secundarios que se expresan a través de danzas y cantos folklóricos, dejando en
el cierre del acto un enfrentamiento entre Jenůfa y Laca. Tras un lapsus de tiempo, en el que Jenůfa dio a luz
un niño, provocará la actitud de Kostelnicka,
quien decida buscarle pareja, topándose con el rechazo de Steva. Una confusa trama será la carnaza que alimente los detalles
más escabrosos de los acontecimientos, para trasladarnos al Segundo acto, en el que Kostelnicka tome un rol primordial, al
lado de otros personajes de ayudarán a subir el grado de tensiones, desde Steva a Laca, y la figura fantasmal
del niño que aparecerá muerto, convirtiéndose en el inesperado causante del
conflicto, en el tercer acto que transcurre en primavera, Jenůfa y Laca, aceptan vivir en pareja mientras Steva y Karolka (hija del alcalde), disputan su compromiso tras esa
aparición del bebé muerto tras fundirse el hielo. Una trama de culpas y
reproches, de complejas justificaciones.
Janacek, es producto en lo musical de las
investigaciones y recopilaciones folklóricas realizadas por el compositor y su
amigo Frantisek Bartos, mayor que él
y que algo podremos encontrar en afinidades con Bartók y Zoltán Kodály,
en la raíz, ese canto popular (el moravo, en especial), canto cotidiano anotado
tomado de la tradición lírica y coral corregida, esos cantos que anotaba como
canto-sonido, que tomaba del medio circundante. Las aventuras con Bartos, resultaron una culminación
producto de antecedentes aprendidos en su juventud con Pavel Krizkovský, compositor y maestro de coro, quien fue su
preceptor en el convento agustino de Brno. Para Janácͮek, todos los
misterios melódicos y rítmicos de la música, se podían explicar por los motivos
musicales del lenguaje hablado. La importancia del canto coral, constatable en
los abundantes pasajes que nos encontraremos en Jenůfa, ayudan a
que nos interesemos por la presencia de coros femeninos, pensando en su fuente
en un maestro como había sido Jaroslav
Vrchiliscký, autor de una obra primordial como Amarus (1897), para soprano, tenor, barítono, coro mixto y
orquesta, decisiva en la elaboración de Jenůfa, un compositor y maestro de canto de
la tradición checa, con acentos muy líricos.
Janácͮek no hace concesiones al canto bello sin más, como
encontramos vagamente en los veristas hasta el final, con esta ópera se
despedirá de un estilo que todavía estaba presente y que sentía como
inconcluso, confirmado en el amplio arioso
de Jenůfa en el segundo acto. La base es de un nuevo concepto
de frase, un nuevo tipo de unidad sonora de gran brevedad, donde hay que hablar
más bien de células temáticas que den motivos propiamente dichos. Un compositor
que escribe trozo a trozo, que tiene dificultases para pensar de manera
consecuente durante más de dos minutos. La investigación sobre el canto moravo,
aportará una perspectiva distinta mientras que la anotación de convenciones,
descubre la musicalidad latente en cada discurso al traducir en sonidos la
charla, el grito, el susurro, la palabra veraz, el verbo engañoso y otros
detalles, siempre atento a la prosodia natural del checo, a la que se
aproximarían tanto Smetana como Dvorak. Si Smetana había sido el fundador de la escuela, Dvorak, el gran continuador, Janácͮek, de tardía y fulgurante madurez, es
el que consigue esa prosodia del idioma
aplicado a la ópera, tal cual confirma Martin Bermúdez, rompiendo con el
tardorromananticismo de sus antecesores, dando paso a un vuelco considerable en
el lenguaje musical de su tiempo.
Estrenará Jenůfa en 1904, en la cincuentena cuando se le acepte como un
compositor verista, calificado en lo sustancial por la forma de recitativo cantabile, y que será un
preludio de la perfección final lograda con De
la casa de los muertos, Kat´a
Kabanobá o El caso Makropoulos, en los que los personajes canten a partir de
la prosa, arrancando una canción intensa, doliente y exaltada, procedente del
abismo, sin alcanzar la cantinela deliberadamente monótona de Pelléas et Mélisande. Su canto se aparta
de las advertencias del francés, considerando que hay intensidades casi a cada
momento. Jenůfa, lejos del disfraz tardorromántico
con ropas ajadas adoptadas del verismo, pasó
curiosamente como ópera verista a consecuencia de su difícil ubicación,
que no afectará a los personajes, situaciones o la mentada línea vocal,
remarcando un abierto intento de darle la vuelta a esa temática nacional. Hay
algo desgarrador cuando no trágico, en el hecho de que el músico concentrase la
mayor parte de sus fuerzas renovadoras precisamente en la ópera, enfrentándose
con ello al público más conservador que pudiésemos imaginar. Una innovación que
radicaba en una revalorización jamás vista, la palabra cantada, lo cual quería decir la palabra checa,
incomprendida en la mayoría de los teatros de cualquier ámbito. Difícil
imaginar mayor cantidad de obstáculos. Janácͮek buscará en las palabras un canto escondido, pero
esencial, teniendo cada personaje una verdad musical y cada discurso una melodía propia, compuesta
por notas de valores muy diversos engarzados en una línea con mayor o menor
suntuosidad, un dibujo con más o menos altibajos. Es otra cosa la armonía,
ajena a la definición de las líneas y no por ello, menos necesario. Rompe el
compositor con la tradición checa desde el momento en el que se enfrenta con
esos textos en prosa, que además, contienen localismos y elementos dialectales
moravo- eslovacos. La Ů de Jenůfa, por citar un ejemplo, nos lleva a
una acentuación en la primera sílaba y el alargamiento del sonido marcado por
el signo diacrítico [ ̊], desconocido para nosotros y que
dificultó el logro de la prosodia para una ópera en checo. Para los lectores,
verán los nombres con uno o más acentos agudos (tal cual los llamamos) cuyo
cometido no es tónico, sino de extensión de la sílaba.
Jenůfa, la de dulces acentos, protagonista de la ópera,
tiene un cometido de soprano ligera de acentos dulces y que trata de conseguir
la felicidad en una familia y una aldea, en una sociedad opresiva, mujer de
espíritu apacible sometida a las sevicias de una moral tiránica, para el
compositor, un canto juvenil y adolescente para en personaje frágil, que ve
como las cosas cambian en el segundo acto, en el dúo con Kostelnica, en un recitativo
cantabile más consistente. Un primer acto con un despliegue conciso y
abundante de acción, con un segundo entre cuatro protagonistas hasta el tercero
que enlaza con el primero, una tregua antes del dramático final. Doloroso
aprendizaje de Jenůfa, entre la primavera en la que perdió
su virginidad, conociendo el amor y el momento en el que descubre el cadáver
del niño.
Kostelnicka, protagonista en el drama de Gabriela Preissová, muy recortado en
esta ópera, un rol para soprano dramática a la que no vienen mal determinados
momentos dulces, líricos, como el del Segundo
acto, cuando podemos escucharla cuando suplica a Steva, soprano con graves aunque no solo eso, ya que destaca por su
tipo de timbre y una altura con exigencias para esa tesitura, equiparable a las
exigencias demandas por el temor y la piedad, que otros cometidos no sabrían
dar cabida, roles en la línea de Brünnihlde
o Elektra. Personaje de una pieza
que en el Segundo acto, revela una
horrenda decisión que se despliega en el tercero,
cuando descubre el crimen que mucho tiene de liberación personal. Cuida ella de
su hijastra mientras la protege.
Laca, hermanastro de Steva, lírico- spinto, el
relegado y cargado de resentimiento hacia su hermanastro al que en apariencia
todo le sale de perlas, como el amor por Jenufa,
y hasta su agresión contra ella, al final del Primer acto. Cuando la acepte al final de la obra, en un dúo
imprescindible, breve y conciso, distante de extensos desarrollos amorosos y
marcados por su sobriedad, resulta necesariamente expresivo, dejando en el aire
el futuro de la pareja. Una línea vocal de notas picadas al comienzo de la
escena que llevará a la agresión- acto primero-, y que poco tiene en común con un
fraseo lírico tan habitual en la escuela de tenores líricos en la tradición
checa e incluso rusa, desde Dalibor,
a Lenski, Vilém Pribyl o Lemieshev. Voces procedentes del
belcantismo de raíz italiana.
Steva, afortunado por casualidades de la
vida y enamorado de Jenůfa, recibe el beneplácito de los
amoríos surgidos en sus vivencias cotidianas, su línea vocal no se distancia de
la de Laca, aunque ofreciendo un
timbre distinto para su voz de tenor ligero, en defensa de su levedad
psicológica capaz de mostrar temores, una voz que bascula entre susurros como
cuando se enfrenta a Kostelnicka en
su demanda de piedad otorgando razones a los argumentos que le califican como
hombre de criterios de corta relevancia. En medio, las voces del coro, sostenidas sobre motivos breves, puro modelo
estético del compositor que repetirá en otras de sus óperas, especialmente en
los actos primero y tercero, cantos de raíz popular, un primero a varias voces
y el otro al unísono y más breve, implicándose con claridad en determinados
momentos de la acción- la fiesta con Kostelnika,
del primer acto-, o el caos de la escena nupcial, por el hallazgo del cadáver
del niño, con la irrupción de voces masculinas enfebrecidas. La tradición
popular checa en un sentido tradicional. Buryja
(La Abuela), rol para una mezzo de tintes oscuros sin llegar a tener en la
obra, una importancia destacada, quedándose como un símbolo de autoridad
moral. Personajes secundarios, son el capataz del molino-barítono- y el Alcalde-bajo-, casi de nula prestancia
y su hija Karolka, breve aparición
para una mezzo que se decide por una drástica decisión en un pasaje amargo de
la tragedia y casi de soslayo, Jano
(El pastor), rol travestido para soprano o Rychtaka
(mujer del Alcalde), una aparición fugaz. Jenůfa, ópera pues, de ostensibles y claros
elementos folklóricos, tanto auténticos como imaginarios, una afirmación
nacional-regional, en el que entran en liza lo moravo y lo bohemio, en el
propio territorio checo, destacando la importancia de la prosodia musical, en
sus dialectos que responden a los de cariz distinto que ofrece Smetana, sabrá con ello, prescindir de
temas folklóricos o argumentos lugareños tan determinantes.
Para el
reparto de la ópera, Jenůfa- Vanessa
Goikoetxea (soprano)-; Kostelnikna
Buryja- Elisksa Weissová (soprano); Laca Klemen- Alejandro Roy
(tenor)-; Steva Buryja- Joain Laínez (tenor)-; Starenka Buryjovka (Abuela)- Marianne Cornetti (mezzo)-;
Starek
(capataz)- Gabriel Alonso
(barítono)-; Rychtár (Alcalde)- Javier Agudo (bajo barítono); Rychtarka (esposa del Alcalde)- Andrea Varela-; Karolka (pastora)- Belén
Vaquero (soprano)-, y Jano/Barena-
Ruth González (soprano). Orquesta
Sinfónica de Galicia dirigida por J.Miguel
Pérez Sierra. Dirección de coro Fernando
Briones con el Coro Gaos, para
una dirección de escena de Emiliano
Suárez; iluminación de Luís
Perdiguero; vestuario, de Ana Garay;
escenografía de Alfons Flores, y
asistencia en escena de Paula Castellano,
completando Jaime Rodríguez Roa,
como maestro repetidor y regidor. Una coproducción de la Asociación de Amigos de la Ópera de A Coruña y Ópera Garage Producciones
Ramón García
Balado