Palacio de la Ópera, A Coruña
Delyana Lazarova tendrá en programa la Sinfonía nº 35, en Re M. K. 385
(Haffner) de W. A. Mozart y el Concierto para orquesta,
de Béla Bartók, en
el Palacio de la Ópera de A Coruña-
días 22 y 23, a las 20´00 h-, una directora que obtuvo el Premio
de la Siemens Hallé Int. Competition y que fue asistente de Sir Mark Elder,
en la Hallé S.O.,
recibiendo un galardón similar en el Concurso
James Conlon, en el Festival
de Haspen además de lograr una beca de dirección Bruno Walter, en
el Festival de Cabrillo (California),
trabajó con formaciones como la London
Clasical Soloist, la Südwestdeutche
P. Konstanz, la O.F.
de la República Checa, el Teatro
de Meiningen, la O.F.
Janacek (Ostrava), La O.S.
de Pazardjik, el Festival
de Estonia o la O.
de la Radio Húngara
y el Collegium
Musicum Basel, probando en la ópera con Nabucco (Verdi),
en el Teatro Tyl de Plzen.
Cuenta con un master de Artes, de la Escuela de Artes de Zurich (ZHdK), además de recibir asesoramientos de Bernard Haitink, Paavo Järvi, Leonard Saltkin, Mathias Pintscher, Mark Stringer o Christian Mácelaru, tras cursar un curso especial de violín en la School Music (Indiana University).
W. A. Mozart Sinfonía nº 35, en Re M. (Haffner Sinfonie)- obra surgida por mediación de Leopold con motivo de un festival conmemorativo en forma de serenata y que derivará en esta obra sinfónica en un momento especial tras comenzar como una especie de danza nupcial, la K. 250, tal cual confesará a su progenitor, apostando por ello con distanciarse del espíritu galante sin mayores limitaciones. Para Gheón, la Haffner es solamente un intermedio admirable, pero que nos ofrece con precisión, la imagen de ese mundo fantástico y en el cual tanto le gustaba moverse y en oposición, Gould afirmaría que era que no le gustase, peor aún, lo desaprobaba y con él sus maneras mundanas. Será Mila quien afirme que la obra constituye el verdadero y propio puente que lleva a la concepción juvenil de la sinfonía, aún parcialmente ligada a las formas hedonistas y ligeras de la serenata y el divertimento, a la madura concepción vienesa. El final es una especie de cuento de hadas, una ronda vertiginosa sobre dos temas distintos pero sustancialmente afines por su expresión de vivacidad desenfrenada. Elisabeth Haffner, hija del burgomaestre de Salzburgo, había sido la receptora de sus atenciones, de esta obra en cuatro tiempos, a los que se uniría la marcha en Re M. K. 408, nº 2, un divertimento mundano, antes de entregarnos al Allegro con spirito, que demanda gran vivacidad sobre un tema que lleva a un ritornello y cadencia que preceden a su retorno, entre violas de corta extensión particularmente expresivo apoyado en descubrimientos que el salzburgués, había hecho del legado bachiano. El Andante, resulta de una modernidad en la que pudieron descubrirse inquietudes que dejarán sorprendidos a los aficionados vieneses, con un segundo tema próximo al talante de la serenata y las formas camerísticas de pinceladas melancólicas. El Minueto, ofrece una melodía simple en cada una de sus partes, en medio de una atractiva melodía y con un trío de tentadora frescura, detalle del que hará partícipe a Leopold, para que reconozca la calidad del tiempo. El Finale: presto, toma argumentos del aria de Osmin, en El rapto en el serrallo- O Wie,will Ich triumpherein- típico juego de adivinanzas al que se añade un segundo tema de forma insólita, con final en unísono forte al que sigue otro más cargado de tintas, entre una serie de modulaciones que reaparecen sucesivamente con una serie de acordes de repentinos cambios.
Béla Bartók- Concierto para orquesta- obra en sus tiempos: Introdizione. Andante non troppo-Allegro vivace; Giouco delle coppie; Elegia. Andante. Non troppo. Allegro scherzando; Intermezzo interrotto. Allegretto y Finale. Pesante-Presto. Obra editada en 1946, por Boosey & Hawkes, como encargo de S. Koussevitsky a través de su fundación y dedicada Im memoriam de Natalie Kussevisky, obra compuesta en Saranac Lake (Nueva York), tres años antes, coincidiendo con su estreno a cargo de la Boston S.O., dirigida por su apreciado Koussevitky, un encargo en el que mediará Joseph Szigeti, compañero de iniciativas. Koussevitzky, resultaría un apátrida que haría carrera a nivel internacional, logrando ya a partir de los años 20, fundar los conciertos que llevarían su nombre antes de que le nombrasen director musical de la O.S. de Boston, puesto que mantendrá hasta finales de los cuarenta, mientras seguía compromisos con el Festival de Tanglewood. Obras de las que fue responsable para su estreno, serán Prometeo (Scirabin); Pacific 231 (Honneger); la Tercera Sinfonía (Martinu); la Segunda (Milhaud); la Cuarta (Malipiero); Oda (Stravinski); la orquestación de Cuadros para una exposición (Ravel) o Espejismos (Schmitt), por citar unas cuantas.
El Primer movimiento Introduzzione. Andante non troppo-Allegro vivace, es de carácter virtuosístico ejemplificado por las partes fugato, con amplio desarrollo, destacando los instrumentos de metal y en otros que recurren al final del último tiempo, que muestran una evolución perpetua que se detiene poco antes del Giuco delle coppie. Allegro scherzando, en donde los instrumentos suenan por pares sucesivos y nos aportan pasajes luminosos en lo relativo al ideario de la obra, ese Allegro scherzando que calificará como broma de sutil encanto marcado por su ritmo de tamboril en el que se inserta un breve y curioso tema solemne, procedente de un coral religioso (trompetas, trombones y una tuba, acentuados por una caja con sonidos suaves. La Elegía. Andante non troppo, parte de corte central queda precedida por una breve introducción para seguir con una coda Poco agitato, apoyándose en una idea escuchada en la entrada del tiempo inicial, dominado un tema grave y fúnebre que describe una música sombría, recreada con economía de medios. El Intermezzo interroto. Allegretto, resulta un breve movimiento encadenado por modelos folklóricos, con aires rumanos y húngaros, entre citas melancólicas e idealizadas como el préstamo de un aria de una opereta de Zsigsmond Vinze. El Finale. Pesante- Presto, se manifiesta en estilo motu-perpetuo, anunciado por llamada de trompetas y con temas fugados sobre melodías de danzas populares, en un gran diseño de trazo hacia un coda electrizante, al servicio de una orquestación sublime sobre instrumentos de metal que podrá parecer excesiva, apoyándose con gran oficio en el folklore tradicional.
Ramón García Balado




