Mosteiro de Oseira, Cea
Concierto del XIX Pórtico do Paraíso en el Mosteiro de Oseira (Cea, Ourense), con el Cuarteto Seikilos- día 17, a las 19´00h-, formación integrada por los violinistas Iván Görnemann y Pablo Quintanilla; el viola Adrián Vázquez y el chelista Lorenzo Meseguer, que nos ofrecerán obras de Maurice Ravel, Franz Schubert y Joaquín Turina, músicos con formación en el Real Conservatorio Superior de Madrid, para ampliar posteriormente en la Musikhochschule de Düsseldorf; la Universität Mozarteum Salzburg; la Hochschule de Leipzig y la Escuela Superior Reina Sofía, de Madrid. Comenzaron sus actividades tras la etapa de estudios en 2018, con la pretensión de explorar un ámbito de repertorios de amplio espectro, lo que les llevó a proseguir en otros países, recibiendo asesoramientos de agrupaciones como el Cuarteto Hagen; el Bennewitz Quartett; el Cuarteto Quiroga o el Cuarteto Diotima, además de pertenecer al Ins. Int. de Cámara Reina Sofía, bajo la tutela de Günter Pichler, siendo galardonados en 2024, con una beca de la Fundación Leonardo que concede la Fundación BBVA y que les permitió acceder a la serie de conciertos dedicados a la obra camerística de Conrado del Campo, programados por la Fundación Juan March, que tendrán acogida gracias al sello Eudora Records (2026)
Joaquín Turina- La oración del torero Op 34, obra de notable interés en el espacio camerístico junto al Trío Op. 35 obra compuesta en 1925 para una formación de considerable prestigio, el Cuarteto Aguilar, integrado por laúdes quienes lo darían a conocer al año siguiente; curiosamente, la partitura original se perdió a pesar de la notable atención que se la había concedido, tanto en Europa como en Latinoamérica, convirtiéndose de hecho en una obra emblemática de su generación, gracias a su divulgación por importantes auditorios y salas de concierto, contando con los correspondientes arreglos que el autor realizará para otras agrupaciones y que llegará a ampliarse hasta una pequeña orquesta de cuerda (con inclusión de contrabajos) por solicitud del maestro Pérez Casas, quien con su Orquesta Filarmónica pondrá en atriles el 7 de enero de 1927, antes de que lleguen otras instrumentaciones. A la postre se ha quedado como su obra camerística más valorada, contando además con el tratamiento para violín y piano, realizado por el propio autor, quien confesaría las motivaciones fundamentales para la obra, tras asistir a una corrida de toros, en la Plaza de Madrid, aquella vieja plaza donde venían a rezar los toreros antes de enfrentarse a la liturgia de la lidia, un acto expresivo en medio de una algarabía lejana entre el tumulto colectivo, lleno de entrañable poesía. Una composición muy libre y a la vez muy concisa tal cual se nos presenta gracias a esa música perfectamente lograda, reclamando para sí la consideración de obra sublime, tras una breve introducción en 6/8, que establece un clima expresivo, de cierto dramatismo, en el que asoma una especie de pasodoble, camino de un Allegro moderato en 2/4, que termina por ahogarse en una sección lírica en forma de Andante, de considerable emoción en su exposición, quebrándose con un arrebato de pincelada torera, hacia un Lento de poderosa tensión expresiva que nos lleva al clímax de la obra, volviendo a encontrarnos con el tema del pasodoble. Turina, en 1926, se había hecho merecedor del Premio Nacional de Música, en reconocimiento a su labor mostrada a lo largo de aquellos años.
Maurice Ravel y su Cuarteto en Fa M., obra de años de juventud, al igual que el de Debussy, una dedicación a su admirado Gabriel Fauré, quien había sido también maestro suyo, en el que manifiesta rasgos de su personalidad gracias a su perfección equilibrada, un trabajo escrito a finales de 1902, antes de concluirlo en la primavera del año siguiente, para darlo a conocer en 1904, en interpretación del Cuarteto Heyman en la Société Nationale de la Sala de la Schola Cantorum, año que conocerá su publicación a cargo de Gabriel Astruc, para recibir una revisión posterior en 1910 y curiosamente existe un arreglo para piano a cuatro manos realizada por Maurice Delage. Cuatro tiempos partiendo del Allegro moderato, en forma sonata con ligereas ideas cíclicas, dos en concreto, que valen como referencias. Ya desde entonces, se impone al oyente un ambiente claramente sutil y refinado hasta el preciosismo. El desarrollo y la recapitulación destacan por sus pasajes fundidos en una especie de dibujo tomado de los motivos principales. Assez, vif-Très rytmè, resulta revelador de talante del compositor, ofreciendo un aire de scherzo, entre una profusión de trinos que confluyen en un detalle central casi apacible. Très lent, una especie de andante soñador y animado por impulsos, un tanto azarosos, entre una variante inesperada del tema de da argumentos a la obra, a través de nuevas ideas. Vif et Agité, recurre a detalles de temas del primer movimiento en un flujo irónico con repentinos accesos febriles. Por su trazado, el cuarteto, formal en su planteamiento, destaca por su ambiente que preludia nuevos modos expresivos, que encontraremos en compositores cercanos en época e incluso a los que comienzan a superar fronteras.
Franz Schubert- Cuarteto nº 14, en Re m. (La muerte y la doncella) D 810- obra que se estrenará el 1 de febrero de 1826, tras haber sido compuesto dos años antes, del que se había ofrecido en el domicilio de Josef Barth, contando con la participación de Schuppanzigh. El Allegro, cuenta con una figura rítmica que aparece en los primeros compases y que reaparece de formas distintas a lo largo de la obra, con un signo fatídico y un segundo tema de contraste de un lirismo apacible. El Andante con motto, remite a un coral procedente del lied Der Tod und das Madchen, enunciado lentamente, tema que en realidad, no utiliza más que la introducción pianística del Lied, tema con cinco variaciones que conservan una estructura esencial, la primera sobre pizzicattos del chelo, claramente dramática. El Scherzo: Allegro molto, se apoya en un ritmo en una especie de carrera hacia el abismo, puntuada por agresivos acordes, con pasajes fulgurantes. El Presto, prepara una danza macabra que se acerca a un ritmo de tarantela, con una danza en fortissimo, expuesta por los cuatro instrumentos.
Ramón García Balado



