03/03/2026

Lieder por Franz-Josep Helig y Gerokd Huber en Amigos de la Ópera de Santiago

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela


Amigos de la Ópera de Santiago
aporta de su ciclo de Lied, la actuación del dúo formado por el bajo Franz- Josep Helig y el pianista Gerokd Huber- día 5, a las 20´30 h-, con un repertorio que va desde lieder de F. Schubert a Hugo Wolf y otros estilos como las canciones por descubrir de Rudi Stephan y la Suite auf Verse von Michelangelo Buonarotti, de Dmtri Shostakovich.    Franz-Josep Helig, estudió en la Hochschule für Musik und Tanz Köln, con Claudio Nicolai para continuar en el Aalto Theater Essen (1995). Se especializó en roles de voz de bajo, con especial atención a repertorios wagnerianos, en roles como Fasolt, Rey Marke, destacando los elegidos dentro del ciclo de La Tetralogía, además de papeles como Fiesco (Simon Bocanegra); Rocco (Fidelio) o Arkel (Pelléas et Mélisande). Se presentó en coliseos de élite como la Wien Oper; Teatro alla Scala; Covent Garden; La Monnaie; Opéra de Paris o el Theater München.   Gerokd Huber,  se formó en la Hochschule für Musik und Theater Müchen, con Friedmann Berger, ampliando con Helmut Deuth, alumno de Fiescher-Dieskau, pianista que muestra una dilatada carrera por los artista a los que acompañó, en especial a Christian Gerhaher, que se une a la nómina de Ruth  Ziapak, Bernarda Fink, Diana Damrau o C. Kallisch.

Franz Schubert, con la selección de lieder partiendo de Der Wanderer D 489, sobre la poética de Schmidt von Lübeck, Der Unglückliche, una sensación de hostilidad y sufrido distanciamiento que preanuncia otra serie de piezas como la que ofrecerá en el ciclo Winterreise, o los Heine- Lieder. Auf der Donau D. 553, tomado de un poema de Mayhofer, amigo y confidente y para un lied en el que el piano, cobra una especial relevancia, como el resto de los escritos en este apartado, permitiendo una libertad en la propuesta de la tonalidad en preferencia. Auf der Donau 553 (Sobre el Danubio), nos lleva a través del discurso sonoro que ayuda a imaginarnos el fluir de las aguas del río, descrito en gran medida por anhelantes trinos de dobles corcheas propuestas por la parte grave del piano, en respuesta al canto de la voz del solista y que se expresa con un intenso grado de tensión. Fahr zum Hades D. 526, (Descenso a los infiernos) manteniéndonos dentro de la poética de Mayhofer, pieza que se enmarca en una pujante tonalidad de Re m., entre modulaciones y transformaciones junto a cambios de armonía y apuntes rítmicos, claramente expresivos, creando una recreación atmosférica.  Der Tod un das Mädchen D. 531 (La muerte y la doncella), lied que usará posteriormente en la composición del más célebre de sus cuartetos, un lied de asombrosa simplicidad y cuyo texto pertenece a Mathias Claudius (1740/ 1815), poeta alemán del XVIII, que aporta una naturalidad expresiva y un lirismo concentrado, como observamos en el conjunto de sus recopilaciones poéticas, alcanzando en el tratamiento de Schubert el punto álgido de su sensibilidad romántica. Prometeus D. 674, plenamente impregnado del estilo Sturm und Drang, y que nos sitúa en el parecer de Goethe, un héroe fáustico contemporáneo de Kronos y Ganymed. El piano cubre igualmente una importancia trascendental entre trémolos, acordes y acentuaciones rítmicas, cargados de fuertes contrastes.

Hugo Wolf-Grenzen der Menscheit y Abenbilder, 3 Oden von Lenau-, compositor que antepone el poema a la música, por su proximidad con Malher, sabrá hacerse a la tentación del mundo operístico en el transcurso de su vida creativa probando los géneros más diversos, repartidos entre los Sechs geistliche Lieder; Penthesilea, a partir de Kleist, y el conjunto de los Gedische von Mörike; Gedischt von Goethe, los tomados de von Eichendorff, Keller, Heine, von Scheffel; Gedischte von Eichendorf; los Wilhelm Meister; Mignon und Philine; West-Österlicher Diwan, Suleika o los Spanisches Liederbuch. Wolf enardecerá la poesía por la vía musical, distanciándose de la imperante hasta aquel momento siempre admitiendo la importancia establecida tanto por Schubert como por Brahms, aceptando su entrega irrenunciable compañeros de travesía como Mörike, Goethe, Eichendorff, Heine, ya desde su etapa inicial, para seguir con el grupo de poetas españoles e italianos, en donde llega a mezclar poemas barrocos y renacentistas. Aspecto a resaltar, como se observa en los lieder en programa, es el énfasis otorgado a los detalles de orden psicológico, aceptando que sabía sumergirse de forma intensa y profunda, en los aspectos más peculiares. El melodismo que recurre a recrear los más bellos paisajes, transcurre en selecciones como los Mörike Lieder; Der Gärtner; Auf eine Christblume  II; Lebe wohl; Fussreise; Gesang Weylas o Der Musikant de los Eichendorff- Lieder. Hay una línea en su obra que disocia el melodismo y las acentuaciones  métricas del texto, configurando con esmero la dirección evolutiva asociándola a las características métricas del poema hasta en sus más mínimos detalles: la melodía de las palabras, aspecto que pocos compositores habían tenido en cuenta con anterioridad a excepción de Robert Schumann, merece una absoluta consideración. La parte pianística por su cuenta, desarrolla sus propias líneas melódicas en contrapunto a esa línea vocal, lo que ayuda a producir verdaderos pasajes en diálogo entre las dos voces que se entrecruzan dentro de su propio discurso musical, en el que bastará con recurrir a temas como In der Frühe (Al alba) de los Mörike Lieder o Ständchen, el cuarto de los Eichendorff- Lieder, resolutivo diálogo a tres voces, bajo un diseño en ostinato, de la mano derecha, que aporta otra voz autónoma en la parte aguda mientras en medio se sitúa la parte vocal, y que evoca viejos recuerdos de un juglar que escucha cantar a una moza una serenata.

Rudi Stephan (Worms 1887/ Gorlice 1915), asimilable al movimiento del Neue Sachlichkeit, en esas ansias de renovación el cambio de siglo, tendrá en programa Zwei ernst Gesänge- cercanas a Brahms-, Am Abend y Momento vivere (1907), un compositor con estudios en Frankfurt y Munich, había tenido como principal maestro a Bernard Sekles, probando sus primeras experiencias en el Festival de Danzig (1912), donde su obra dedicada a Siete instrumentos para cuerda tendrá una gran acogida, probando con suerte en este espacio camerístico, que abrirá perspectivas en géneros orquestales, lieder, e incluso una ópera que se convertirá un clave de referencia Die ersten Menschen, estrenada en Frankfurt, por evidencias de etapa histórica, habría de competir con inmensos talentos, llegando a quedar en un segundo plano en cuanto a lo que supuso su vigencia histórica. Para mayor infortunio no llegaría a ver el estreno de la ópera que había compuesto ya que a consecuencia de avatares de guerra, perdió la vida en medio de la contienda. Sus obras en su conjunto, habían sido editadas por Karl Holl  pero como compositor sufriría un insalvable ostracismo durante un largo período.

Dmtri Shostakovich- Suite auf verse von Michelangelo Buonarotti Op. 145-un homenaje a aquel gran artista del Renacimiento con ocasión del quinto centenario de su nacimiento  y que consta de once movimientos basados en once sonetos. La selección y disposición de los textos obligan a pensar que esta composición es una obra sobre rasgos autobiográficos evidentes en la que aparecen rasgos reveladores. Al iniciarse el último movimiento, La inmortalidad, se escucha en el piano un tema ingenuo compuesto por el autor años antes, como sucede con las seis romanzas sobre textos de Marina Tsvetaieva, orquestó la suite pues evidentemente advertía la mayor necesidad de una riqueza de colores y de un sonido más pleno. Confiaría al bajo Yevgueni Nesterenko, un bajo notable, para el estreno de la obra que había debutado ocho años antes en Leningado al mismo tiempo que los estrenos de Cinco romanzas sobre textos de la revista Krokodil, mientras el cantante había  sido galardonado con el Premio Piotr Ilich Tchaikovski, una vozcon mucha experiencia y que ejercía la docencia en el Conservatorio de Moscú.   

Ramón García Balado

26/02/2026

Memorias da vella zarzuela, con la Banda Municipal

 Teatro Princcipal, Santiago de Compostela


Aledaños de la zarzuela en el concierto de la Banda Municipal dirigida por David Fiuza Souto-Teatro Principal, día 1, a las 12´00 h-, bajo el reclamo Memorias da vella zarzuela, incluyendo una obra tan peculiar como el Homenaje a la tempranica, de Joaquín Rodrigo, una composición de 1939 dedicada a la Orquesta Femenina  de París que dirigía Jane Evrard, una miscelánea elaborada sobre la zarzuela de Gerónimo Giménez sobre libreto de Julián Romea, estrenada el 19 de septiembre de 1900, en el Teatro de La Zarzuela madrileño destacando figuras como las tiples Conchita Segura y Julia Mesa, para una acción que transcurría a finales del XIX en las cercanías de la Sierra de Granada, en la que el potentado Don Luís llegaba al cortijo después de una partida de caza, rodeado de sus colegas de aventura. Don Luís había sido interpretado por José Sigler aunque la obra  se centra en la figura de La Tempraqnica, una gitana ingenua, pura y apasionada, llena de espíritu vengativo a la par que sensible. El impacto del verismo imperante se refleja en este mundo de la gitanería bien aprovechado por el compositor y el libretista de la obra, aunque el número musical por excelencia es el zapateado tan conocido universalmente como es La tarántula e´un bixo mu malo- así, a secas, para darle mayor enjundia.  Para el autor del libreto Julián Romea, en una declaración a la revista Época, con tanto traer y llevar en los periódicos a La tempranica, le están dando una importancia que no tiene, porque se trata sencillamente de una de tantas obras del género chico, que podrá gustar más o menos, pero no creo que yo vaya a ser un acontecimiento como Tosca, de Puccini. De todas formas la zarzuela fue recibida de forma entusiasta por el público aunque de modo ambivalente por la crítica siempre aguda y al quite de sus debilidades ostensibles. Jorge Floridor en Blanco y Negro dirá: Es un precioso cuadro de color de asunto sencillísimo, con caracteres sólidamente dibujados.

Miquel Asíns Arbó (1916/97)- Los Madriles- fue compositor y director, discípulo de Manuel Palau y que acabará especializándose en música para banda aunque mantendría su interés en trabajos para coro y otras experiencias de distinto género, como fue el caso de sus compromisos para el cine de común reconocimiento: El cochecito, Quince bajo la lona, Plácido o Viva la banda. Nos queda también su Concierto en Sol m. para piano y orquesta, con el que obtuvo el accésit al Premio Nacional de Música (1941), que fue estrenado por la Orquesta Nacional de España, teniendo como director a Ricardo Lamotte de Grignon, a quien también tendremos con obra suya en esta matinal. Su poema sinfónico Alvargonzález (1953), obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona, y entre las obras camerísticas destacan sus Seis canciones españolas, sobre versos de Antonio Machado, merecedoras del Premio Nacional de Música (1950). Un estilo ecléctico que supo incorporar el material folklórico a la par que el neoclasicismo formal cuidadosamente elaborado y que tendrá reflejo en los mentados trabajos para el cine de maestros como Luís García Berlanga y Marco Ferreri. Recibió una importante beca de la Fundación Juan Mach además del Premio Maestro Villa de Madrid (1972). El apartado de músicas para banda, se reparte entre composiciones como Capotes y  capotazos; Torero y trianero; Diego de Acevedo; A la luna de Valencia; Suite para banda o la que hoy se pone en atriles, Los Madriles.

Carles Suriñach Wrokona (1915/ 97)-Memoria of and Old Zarzuela-, compositor que hizo una importante carrera en los Estados Unidos, especialmente en New Haven (Connecticut), había estudiado Barcelona con J. Caminals, en la especialidad de piano, para ampliar en composición con Enric Morera y H. Balzer, en Düsseldorf, ampliando en Berlín con M. Trapp, entre 1941/2, probando masterclasses con el eminente Richard Strauss, en la Academia Prusiana (1941/2), y estudios de dirección con Pabst,  en Colonia en el año 1941. Llegó a ser director del Gran Teatre del Liceu, de Barcelona, antes de asentarse en Francia durante un período de cinco años, paso previo a su importante traslado a los Estados Unidos, en donde acabó obteniendo la nacionalidad, ejerciendo la docencia de composición en la Carnegie Mellon Universit of Pittsburgh- la misma en la que estudió el músico gallego Fernando Buide del Real- , de su trayectoria, habrá más noticias por sus labores en el Queens College; en la City University of New York, recibiendo como consideración la Bax Society Meda for Non- Commonwealt Composers, de 1966. Fue autor de una zarzuela El mozo que casó con mujer brava, sobre libreto de Néstor Luján, estrenada en Barcelona, junto a obras para orquesta de mayor relieve: Hollywood Carnaval; Drama jondo; Sinfonietta flamenca; The trumpets of the Seraphim o el Concert for string Orchestra.

Ricard Lamotte de Grignon- Fantasía sobre Motius del Mestre Serrano- compositor con formación en el Conservatori del Liceu de Barcelona junto a J. Raventós, Bernardi Gálvez, Joan B. Pellicer, Franck Marshall y en su entorno más próximo con Joan Lamotte, en composición, ingresó como chelista en la Orquestra Simfónica de Barcelona ocupando también plaza en la Banda Municipal de su ciudad. Su primera obra destacada sería la cantata Joan de l´os, para solistas, coro y banda de concierto con la que inauguraría el XIV Festival de la SIMC, celebrado en abril de 1936; en el período bélico, dio a conocer Cartell simfònic, obra desaparecida, una etapa en la que con su padre, dinamizaría diversos movimientos intelectuales, que traería consecuencias ingratas tras el final de la guerra, con su traslado a Valencia para ocupar la plaza en la recién creada Orquesta Municipal, en 1942. A diferencia de su padre, su obra resulta poderosamente personal centrada en buena parte en las labores como director, marcada por su carácter reservado y minucioso gracia a su gran conocimiento de los instrumentos musicales que se reflejan en sus propias composiciones, de un claro eclecticismo expresivo. Ejemplos constatables en sus obras corales y en detallismos como el interés por la sardana. Obras como Festivola, sardana de Pau Casals (1928); Nanita, nana (1944); esta Fantasía sobre motius de diverses obres de J.Serrano (1944); Processó de captius (1948) o las Tres sonates del P. Antoni Soler.

Ramón García Balado

Cuatro directores para la Real Filharmonía de Galicia, en su trigésimo aniversario

 Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela.

 Centro Cultural Afundación, Vigo

Auditorio de Ferrol  

Palacio de la Ópera, A Coruña

  Cuatro conciertos en un programa sorpresa, para el trigésimo aniversario de la RFG, comenzando por el primero en el Auditorio de Galicia- día 28, a las 20´30 h-, para seguir el día 4, en el Centro Cultural Afundación  de Vigo a las 20´ 00h, , el día 5, en el Auditorio de Ferrol, a la misma hora y completando igualmente  en el Palacio de la Ópera , de A Coruña.  Una consolidada trayectoria la de la Real Filharmonía de Galicia, iniciada en 1996, cuando Helmuth Rilling hizo  realidad tras la apertura del Auditorio de Galicia,  por una  irrenunciable necesidad, que se reclamaba con la fundación de una orquesta propia y que presentó credenciales con un concierto como tarjeta de visita que ofrecía a los compostelanos la realidad largamente esperada. Un 5 de septiembre de 1996, se pudo asistir a un concierto que con seguridad, marcaría la línea a seguir con la temporada que comenzaba, para el evento, un programa  elegido que puso en atriles la Sinfonía nº 25, en Sol m. K. 183,  de W. A. Mozart, para seguir con el Concierto para violín y orquesta (A la memoria de un Ángel) con  Alyssa Park, para completar con la Sinfonía nº 4, en Si b M. Op. 60, de Ludwig van Beethoven, bajo la dirección de Helmuth Rilling. Cuatro fueron los directores de la formación desde entonces, contando con Antoni Ros Marbà, Paul Daniel y Baldur Brönnimann, que para la ocasión, citaremos a dos ellos, para atenernos a la limitación de espacio. El fundador Helmuth Rilling- In memoriam- procedente de Stuttgart, y formado con Hans Grishkat, Johann Nepomuk David y Karl Gerok, antes de seguir en el Conservatorio de Sta Cecilia en Roma, con Fernando Gemani, preparando su futuro en 1954, dando vida al grupo coral Gächinger Kantorei que pondría los fundamentos a lo que sería en 1965, el Bach-Collegium, de la capital alemana, hasta alcanzar en 1981, la dinamización de la Internationale Bachakademie, con la que realizará cursos desde Cracovia a Praga, Japón, Budapest, Buenos Aires y Santiago de Compostela. Traigamos a colación, uno de sus conciertos ofrecido en el mes de mayo de aquel año, en el que con sus agrupaciones nos ofrecieron el oratorio La Creación, de F. J. Haydn, teniendo como solistas a la soprano Donna Brown, al tenor James Taylor y al bajo Thomas Quasthoff. También y por aquellas fechas, en junio del mismo año, Rilling, en una visita con nuestra RFG, cubrió una sesión dedicada a dos obras de J.S. Bach, la Suite nº 3, en Re M. BWV 1068, la cantata BWV 51, Jauchzet Gott in Allen Landen! destacando como solistas la soprano Sibylle Rubens y el trompetista Uwe Köller,  Rilling y su fidelidad al Bach-Collegium  Stuttgart y a sus Gächinger Kantorei mantuvo esa voluntad divulgadora en nuestra ciudad con otras iniciativas en conciertos como el ofrecido a finales de 1997, optando por la Misa en Si m. BWV 232, recurriendo a las voces de la soprano Donna Brown, a la contralto Ingeborg Danz, al tenor James Taylor y al bajo Guido Jentjens.

Baldur Brönnimann, actual director titular de la Real Filharmonía de Galicia, había tenido una larga vinculación con la Casa da Música de Oporto, abierta en 2005, cuando la capital portuguesa había sido nombrada sede cultural, dirigiendo a su orquesta con responsabilidad de temporadas por un compromiso absolutamente asumido, para una orquesta que hundía sus raíces en 1948, siendo una pequeña formación. Brönnimann, siempre mostró entusiasmo por los repertorios contemporáneos, apostando por obras como El gran macabro de G.Ligeti; L´amour de loin, de K. Saariaho o Die Soldaten, de Zimmermann. Había estudiado en la Academia de Música de Basilea, realizando un posgrado en Inglaterra, para practicar la docencia en el Royal Northern College of Music (Manchester), antes de asentarse en Madrid, llegando a trabajar con la O.N. de Colombia, de la que fue titular cuatro años. Entonces sus contactos con formaciones españolas eran esporádicos, pero vendrían por compromisos con el Coro Nacional de España, para el War Requiem, de Benjamin Britten, que sería una referencia para otros trabajos de compositores como Harrison Birtwistle, James Dillon, Thomas Adès o Mark Anthony Turnage. El Teatro Real, de Madrid, le tuvo en sus programaciones precisamente con Die Soldaten de Bernd-Alois Zimmermann, considerado por él mismo como uno de los grandes retos a la altura de Wozzeck, de Alban Berg, pero dentro de las apreciaciones con las obras para orquesta, recuerda la excelencia experiencia compartida con Helmuth Lachenmann, en la Casa da Música de Oporto, por su absoluto conocimiento del dominio de la orquesta, siempre en relación directa mantenida con los propios músicos. En ese contexto, tiene en mente, resultados como los hallados en obras como Gruppen, de Stockhausen, que les obligó a trasladarse a un insólito aparcamiento subterráneo, sentando al público en el centro, o La Sinfonía nº 4 , de C.Ives, en 2019, en otra curiosa aventura, período en el que abordaron la integral de Lachenmann, a excepción de La pequeña cerillera, etapa en la que igualmente, incluyeron la Cantata para la Revolución de Octubre, de S. Prokofiev, que incluía una orquesta de acordeones y un coro.

Brönnimann,

  con la Real Filharmonía de Galicia, nos fue dejando sesiones como la del 5 de octubre d 2023, en compañía del pianista Alberto Rosado, entonces con un programa que incluía Ciel d´Hiver. De Kaija Saariaho, obra impactante, un encargo de Musique Nouvelle en Liberté, que destacaba por sus paisajes sonoros, estrenada en el Teâtre Chatelet de París, con la Orchestra Lamoureax, dirigida por Faycal Karoui. György Ligeti, con el Concierto para piano y orquesta, en manos de un gran especialista en el autor como es Alberto Rosado, completando jornada con las Danzas Sinfónicas Op. 45, de Sergei Rachmaninov.  Hugo Gómez-Chao, tuvo en atriles Schattenhaft (Plenitud de sombras),  trabajo de su residencia en la Real Academia Española en Roma, y que se repartía en dos tiempos, Unruhing, una superposición de líneas melódicas transformadas en ruidos y una sección Adagissimo, lontanisimo, sempre espressivo, especie de exploración del tejido armónico, por el empleo de una amplia gama de técnicas extendidas, para un concierto en el que seguimos la íntima dedicatoria wagneriana con el Idilio de Sigfrido, en sentido homenaje a Cósima; Franz Berwald, con su Sinfonía nº 3, en Do M. Singulière, posiblemente el mejor compositor escandinavo de entonces, y para nosotros todavía por descubrir.     Pura curiosidad, el concierto ofrecido con el intérprete de sheng, Wu Wei, por su estreno en España de la obra The Color Yellow for Sheng and Orchestra, un instrumento milenario antepasado del órgano y que es un órgano de boca con 17 tubos de bambú de distinta longitud de los cuales, el más largo medía 50 cmt, instrumento con arraigo en las orquestas de la corte o en el teatro, para acompañar al canto, por su timbre suave y velado. Itziar Vilora, tendría Oirtzun gorriak (ecos rojizos), encargo de la RFG y la Euzkadiko Orkestra, homenaje a la memoria colectiva de la zona  minera de Bizcaia, cerrando con El pájaro de fuego, de Igor Stravinski. Raquel García- Tomás, compositora en residencia, aportó Las constelaciones que más brillan, obra basada en el artista plástico Pere Ginard, incluida en su libro de maravillas, una pieza orquestal breve de perfiles minimalistas, en un programa que añadía el Concierto para violín y orquesta nº 2 Op. 61, de Karol Szymanovski- con Alena Baeva , como solista- y la Sinfonía Fantástica Op. 14, de Héctor Berlioz.  De la serie (En) Foco, culminando la temporada pasada, un concierto con la violinista Amandine Beyer y el percusionista Juanjo Guillem, un programa en el que no se renunció a J.Sebastian Bach, por la Suite para orquesta nº 3, en Re M. BWV 1068 y una suite de King Arthur de Henry Purcell, en atención preferente a Amandine Beyer, artista en residencia en la temporada actual, con un entrante tomado de Peter Eötvös, por Speaking Drums, sobre Four poems for percussion solo and orchestra, encargo de la Fundación Prince Pierre de Mónaco y estrenada por el percusionista Daniel Ciampoli, con la Orchestra de Montecarlo dirigida por Andrey Boreyko, obra en sus tiempos Tanzlied/ Dance Song/ Nonsense Songs/ Passacaglia, en cinco espacios para cerrar con un Finale.

  Ramón García Balado

25/02/2026

Concierto de la OSG en homenaje a John Williams dirigido por José Trigueros con la voz de Salvador Vidal

Palacio de la Ópera, A Coruña


Concierto en homenaje al cineasta John Williams, con la OSG, dirigida por José Trigueros en el Palacio de la Ópera-día 27, a las 20´00 h-, y que contará con la colaboración de actor Salvador Vidal, que seguirá los dictados propuestos por el guión de Jordi Cos, a través de un entramado de piezas orquestales tomadas de la principales bandas sonoras del citado Williams. Salvador Vidal, se forjó en el mundo escénico en medio de artistas señeros como Agustín González, Concha Velasco o Emilio Gutiérrez Caba, probando oficios en el Teatro Nacional a través de su compañero Pep Torrens, quien le animó a probar con el espacio del doblaje por las cualidades de sus recursos vocales que facilitarán sus posibilidades en ese espacio, y así llegarán trabajos como la participación en Voz de España, de Barcelona (1976), en Verano del 42, que preparará inmediatas experiencias que se mantienen hasta la actualidad. Doblajes de actores como John Voight- Midnight Cowboy-; Ed Harris, William Hurt, Richard Gere, Mel Gibson, Kurt Russell, Christipher Lambert, Liam Neeson, George  Cloony, Timothy Bottons, John Malkovitch, Jeremy Irons y tantos otros, en filmes que van desde Summons the Heroes, Tiburón, a Jurassic Park, Harry Potter, El patriota, Encuentros en la tercera fase, Stars Wars, La lista de Schindler, Tiburón o el corto de animación Ulises 31.

John Williams, a escoger desde filmes como Harry  Potter, a Encuentros en la tercera fase, Tiburón, La lista de Shindler, Indiana Jones, Jurassic Park, The Patriot, Star Wars,  Summon the Heroes o E.T. The Extra Territorial y Solo en casa, desde la Costa Oeste se había trasladado a la UCLA University, para profundizar estudios con el maestro  Mario Castelnuovo Tedesco, probando primeras experiencias en arreglos para bandas militares, preparando su traslado a Nueva York para integrarse en la prestigiosa Juilliard School, epicentro de notables especialistas en los géneros más diversos, pudiendo trabajar  en ese período de formación con Mme Rosina Lhevinne, una ocasión también para acercarse al mundo del jazz, en aquellos garitos en los que se concitaban músicos de reconocido prestigio, no será ese el espacio que atraerá sus intereses  ya que a la par, surgirá la tentación de optar por las posibilidades que le ofrecían los estudios de la Columbia, con sus orquestas estables y el acercamiento a personalidades veneradas como fueron los míticos Bernard Hermann, Alfred Newman o Franz Waxman, en paso hacia las orquestas de André Previn y Henri Mancini, de las que saldrán importantes grabaciones en los estilos del jazz, como Peter Gunn, The Blues and the Best o Combo!

La firma con cadenas televisivas, traerá trabajos como los filmes de catástrofes en la línea de La aventura del Poseidón, Terremoto o El coloso en llamas, antes de llegar a 1977 para marcar un período de referencia con La guerra de Las Galaxias, recuperando orquestaciones y melodías prototípicas del Hollywood clásico, convirtiéndose en un músico de absoluta aceptación popular, llegando a ser nombrado director de la Boston Pops Orchestra, formación que hunde sus raíces en el año 1885. Podrá hablarse vagamente de las influencias que sobre nuestro músico ejercieron tendencias de las procedencias más diversas, desde Béla Bartók, a Richard Wagner, maestros de un entorno más cercano como William Walton, Aaron Copland, Sergei Prokofiev o Vaughan Williams, compaginable con otras aportaciones al medio escénico como Thomas and the King, de James Harbert, con texto de James Harbert y compromisos con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, Seúl Atlanta, celebrados en distintas convocatorias.

Una película como La guerra de las galaxias, se beneficiará de medios de reciente aparición, suponiendo un hito en la historia de la música cinematográfica que tendrá inmediato reflejo en la música popular, un gigantesco trabajo integrable en un ciclo heroico, que habría de contar en su versión final con nueve episodios de los que solo se rodaron tres. El papel narrativo de la banda sonora, que consiste en designar mediante leitmotive, a los personajes y entresijos de la historia, los ideales y los símbolos así como los espacios de lucha, no se realiza de forma discreta y subyacente, como había sido tendencia en los años precedentes. No solo se instaura de nuevo ese papel narrativo sino que además se magnifica y se pone de relieve como nunca hasta entonces había ocurrido. Mientras la concepción narrativa del filme se basa en constantes cambios de los escenarios de la acción y entre diferentes escenas paralelas se necesitan numerosos efectos de transición rápida, se visualizan efectos de barrido de pantalla, de derecha a izquierda o de arriba abajo, para sustituir una imagen por otra, muy de moda en los años treinta y que se recuperan en esta ocasión. Estas transiciones muy en la idea de la forma dramática en liza, se duplican mediante numerosas puntuaciones sonoras que nos trasladan rápidamente a la recreación de un nuevo universo, a un nuevo planeta o a bordo de una nueva astronave. Aunque la música sinfónica de John Williams  vuelve a poner de relieve una narrativa épica abandonada desde hacía mucho tiempo, más de veinte años, incluso en los grandes filmes, el resultado no es equiparable en su resolución a las bandas firmadas por aquellos grandes maestros que fueron Max Steiner, Rozsa o Korngold, en sus trabajos que realizaron para el cine, y que se conserva en nuestra memoria con una frescura indeleble, bajo la influencia de Ennio Morricone, su música no dejará de crear nuevas señas de identidad, en un compositor al que comprendemos como a pocos, que en el caso de la banda de La guerra de las galaxias, sabría hacer culminar determinados pasajes sonoros respecto a la escritura de la partitura, que con todo no pudo evitar ciertas críticas como las procedentes de quienes le reprocharon la renuncia al uso de los recursos electrónicos. Para esta banda sonora, el metal y los timbales, adquieren una gran resonancia gracias al uso en la franja ampliada por los efectos del Dolby, una eficacia acústica directa, con unos resultados que para sí, no pudieron tener músicos como Max Steiner y sus compañeros de generación.

Ramón García Balado

24/02/2026

Thibaut García: Concierto de Aranjuez, un singular Real Sitio, de Joaquín Rodrigo

A Coruña, 20/02/2026


Concierto en el que destacó Thibaut García, interpretando el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, con la Segunda suite de El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla y La Mer, de Claude Debussy. Thibaut García recibió consideraciones de la Guitar Foundation of America, la BBC Generation Artits y la Révelation Instrumentale, de la Victoires de la Musique Classic (2019), fue alumno de Paul Ferrat, en el Conservatoire de Musique et Dance, en París, y en su trayectoria recibió invitaciones para actuar en el Wigmore Hall (Londres), el Konzerhaus Wien, el Théâtre des Champs Elysées, el Tchaikovski Hall, de Moscú. Colaboró con artistas como Philippe Jarousky- con el que grabó À sa guitarre- Edgar Moreau, Raphaél, Sévère. Marianna Crebassa, Anastasia Kabakina o el Cuarteto Arod. Graba con el sello Warner/ Classics-Erato y realizó registros como Bach inpirations; Aranjuez (2020), con el que ganaría el Choc Classics, el Diapasson D´Or, y el Grammophon Editors. Estará de gira por Inglaterra que realizará con nuestra orquesta, en el mes que viene.

El Concierto de Aranjuez, para guitarra y orquesta, de Joaquín Rodrigo, es obra de finales de los años treinta, perteneciente a su último año parisino y que estrenaría el insigne Regino Sainz de la Maza, una rememoración con temples ancestrales que recuerda a la nobleza de tan singular palacio del XVIII, tres tiempos desde el Allegro con spirito, con acordes de guitarra rasgueados en su entrada en forma repetitiva y en compás 6/8, para ceder protagonismo a la orquesta, a lo largo de todo su recorrido entre pasajes virtuosos y vitalidad rítmica. El Adagio, nostálgico y evocador,  guardaba un aire hispanizante entre arpegios del solista, que se  repetían entre ornamentaciones, antes de alcanzar el tutti final, a través de una coda apacible. En el Allegro gentile, la propia guitarra apuntaba a una temática popular, alternando compases sumamente expresivos, como el central con tresillos de guitarra, recargados de arpegios en semicorcheas. La lectura de Thibaut García, resultó un homenaje detallista a la figura del maestro Sainz  de la Maza. En la Historia de de nuestras vida, memoria de Joaquín Rodrigo y Victoria Kamhi, recordaban precisamente la realidad evolutiva de la obra: El Concierto de Aranjuez, toma su título del famoso Sitio Real, situado a cincuenta quilómetros de Madrid, camino de Andalucía, particularmente favorecido por los Borbones. Aunque este concierto es un trozo de música pura, sin programa alguno, su autor, al situarlo en un lugar, Aranjuez, ha querido señalarle un tiempo: finales de siglo XVIII y comienzo del XIX, cortes de Carlos IV y Fernando VII, ambiente sutilmente estilizado de majas y toreros, de sones españoles de vuelta de América. El estreno mundial tuvo lugar el 9 de noviembre de 1940, en Barcelona por Regino Sainz de la Maza y la Orquesta Filarmónica de Barcelona, bajo la dirección de César Mendoza Lasalle. La guitarra, con una audacia sin precedentes, se opone a una orquesta formada por flautín, flauta, oboe, corno inglés, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y el cuarteto. En todo momento la guitarra es solista, pero la orquesta supone una verdadera delicia, siendo trasparente, pero centelleante, en constante chisporroteo. Para el bis, Alfonsina y el mar, un reparto entre Ariel Ramírez y Mercedes Sosa.

La segunda suite de El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, para entrar en sesión, en principio un ballet en dos cuadros tomado sobre un libreto de María Lejarraga - la mujer en la sombra-  y que nos traslada a un relato de Alarcón. Como Tricorne, estaría dedicado a los Ballets Rusos de Diaghilev, en el Alhambra Theatre (Londres), dirigidos por Ernest Ansermet, para un reparto de personajes que tendrá como protagonistas al Molinero, la Molinera, el Corregidor, la mujer del corregidor, el Petimetre, rodeados de una corte de vecinos y paseantes. Falla y Diaghilev se habían conocido durante la primera visita del segundo a nuestro país, llegando de inmediato la posibilidad de una segura colaboración. Previamente, Diaghilev había rechazado el uso de la música de Noches en los Jardines de España, proponiendo así un nuevo proyecto. Al igual que El Amor brujo, este segundo ballet queda ubicado en Andalucía, pero sin mayores afinidades, siendo diferentes la atmósfera y el contenido. Falla-Massine-Picasso, habían dejado sello en  el Tricorne o El Sombrero de tres picos- ambos títulos equiparables-, una fusión de danza, música y diseño, danzando Massine el rol principal del Molinero. Tambores, trompetas y trompas en la orquesta, palmas en el escenario, castañuelas, gritos de olé, y una voz en la distancia que anticipa los acontecimientos que van a ocurrir, preceden al alzado del telón – al menos sobre el programa-, añadiendo el decorado de un terraza, de un molino, con una parra, un pozo y una jaula con un pájaro, para recrear el espacio escénico. Los dos protagonistas principales aparecen recreando labores cotidianas. Un aspecto del El Sombrero de Tres Picos que, a otro nivel, aportan dos suites orquestales, una Segunda, repartida entre la danza de los vecinos (Seguidillas); la Danza del molinero (Farruca) y la danza final (Jota), elección de los números más importantes, para una orquestación repartida entre dos flautas, piccolo, 2 oboes, corno inglés, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, tímpano, percusión (tambor, tamboril, triángulo), piano e instrumentos de cuerda. Diaghilev y Massine habían tenido conocimiento del Primer cuadro de El Corregidor y La Molinera (título escogido para la pantomima), casi al mismo tiempo que el borrador de la partitura, fechada el 8 de agosto de 1916, y el borrador del segundo cuadro, no fue terminado hasta el mes de diciembre, pero no contenido debía haber sido interpretado o mostrado a Diaghilev o Massine, pues al parecer el bailarín daría razones de las alteraciones que deseaba durante el año 1916. Cuando El Corregidor y la Molinera se estrenó en Madrid, Diaghilev se encontraba en Roma, aunque podría verlo poco después, acompañado por Massine, en Barcelona. Falla entonces tendría relaciones poco gratas con él, por la ausencia de seriedad en sus métodos cotidianos. Un concierto en su conjunto muy a la medida de Roberto González Monjas 

La Mer, de Claude Debussy, obra que en su relación personal, nada tendrá que ver  con la de Turner o Monet,  para quienes el mar, en todas sus manifestaciones  era un aspecto crucial de su pensamiento sobre la luz y el movimiento, de todas las grandes obras del autor, es la que muestra con mayor claridad los beneficios de su acercamiento inflexiblemente meticuloso e hiperperfeccionista a la composición, la importancia de su orquestación resultaba manifiesta si la escuchamos con atención, especialmente en el primer movimiento, donde la articulación del diseño formal viene determinada por la orquestación, es como si el autor hubiera zarpado sin un claro itinerario en la mente. De l´aube sur la mer-  título original Mar tranquila en las islas Sanguinarias-, sugería un progresión hacia la luz del mediodía a  través de un desglose temático en dos grandes partes centrales con una coda; un tema cíclico apareció medio esbozado por la trompeta entre diversas transformaciones. Cada parte suscitaría apuntes melódicos entre arabescos de flauta y oboe, en gradaciones sombreadas que desembocaban en un crescendo, evocación y reflejo de las olas y que se recuperaba al final con un aire solemne a cargo de fagotes, trompas y trombones, con un final imponente por su pleno melodismo. Jeux de vagues se superponía al tiempo precedente de forma casi imperceptible por su fluidez resuelta en sus límites extremos, merced a una pluralidad de episodios y secciones un tanto sorprendentes, por su aire bastante animado, lánguido y caprichos en manos del clarinete, comenzando un desarrollo tomado de ideas anteriores, para entregarse a la trompeta con un protagonismo fundamental, que marcó el momento de absoluta luminosidad intensa e forma de reexposición  hacia la coda que se fue diluyendo. Dialogue du vent et de la mer, danza en conversación dentro de un cambio de enfoque, cerraba en esta especie de tríptico, pudiendo asimilarse a la forma Rondó, con tres estribillos y dos estrofas encuadradas entre introducción y coda, especie de visión de un caos que presumía furiosas fuerzas antagónicas impregnadas por el ímpetu del viento, para un tema cíclico que se manifiesta in crescendo, con una cascada de saltos cromáticos que insinuaban esa tempestad, destacando un trino exultante de los instrumentos de metal que se cerraban con un golpe seco del timbal. Obra de larga gestación, había sido en sus bocetos una propuesta a Colonne, ofreciéndole la orquestación sobre la que estaba trabajando y a Durand, poco después con el título de los tres primeros movimientos: Mer belle aux îles Sanguinaires; Jeux de vagues y Le vent fait danser la Mer.

Ramón García Balado

Thibaut García

Orquesta Sinfónica de Galicia/ Roberto González- Monjas

Obras de M. de Falla, J. Rodrigo y C. Debussy

Palacio de la Ópera, A Coruña


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