Palacio de la Ópera, A Coruña
Concierto en homenaje al cineasta John Williams, con la OSG, dirigida por José Trigueros en el Palacio de la Ópera-día 27, a las 20´00 h-, y que contará con la colaboración de actor Salvador Vidal, que seguirá los dictados propuestos por el guión de Jordi Cos, a través de un entramado de piezas orquestales tomadas de la principales bandas sonoras del citado Williams. Salvador Vidal, se forjó en el mundo escénico en medio de artistas señeros como Agustín González, Concha Velasco o Emilio Gutiérrez Caba, probando oficios en el Teatro Nacional a través de su compañero Pep Torrens, quien le animó a probar con el espacio del doblaje por las cualidades de sus recursos vocales que facilitarán sus posibilidades en ese espacio, y así llegarán trabajos como la participación en Voz de España, de Barcelona (1976), en Verano del 42, que preparará inmediatas experiencias que se mantienen hasta la actualidad. Doblajes de actores como John Voight- Midnight Cowboy-; Ed Harris, William Hurt, Richard Gere, Mel Gibson, Kurt Russell, Christipher Lambert, Liam Neeson, George Cloony, Timothy Bottons, John Malkovitch, Jeremy Irons y tantos otros, en filmes que van desde Summons the Heroes, Tiburón, a Jurassic Park, Harry Potter, El patriota, Encuentros en la tercera fase, Stars Wars, La lista de Schindler, Tiburón o el corto de animación Ulises 31.
John Williams, a escoger desde filmes como Harry Potter, a Encuentros en la tercera fase, Tiburón, La lista de Shindler, Indiana Jones, Jurassic Park, The Patriot, Star Wars, Summon the Heroes o E.T. The Extra Territorial y Solo en casa, desde la Costa Oeste se había trasladado a la UCLA University, para profundizar estudios con el maestro Mario Castelnuovo Tedesco, probando primeras experiencias en arreglos para bandas militares, preparando su traslado a Nueva York para integrarse en la prestigiosa Juilliard School, epicentro de notables especialistas en los géneros más diversos, pudiendo trabajar en ese período de formación con Mme Rosina Lhevinne, una ocasión también para acercarse al mundo del jazz, en aquellos garitos en los que se concitaban músicos de reconocido prestigio, no será ese el espacio que atraerá sus intereses ya que a la par, surgirá la tentación de optar por las posibilidades que le ofrecían los estudios de la Columbia, con sus orquestas estables y el acercamiento a personalidades veneradas como fueron los míticos Bernard Hermann, Alfred Newman o Franz Waxman, en paso hacia las orquestas de André Previn y Henri Mancini, de las que saldrán importantes grabaciones en los estilos del jazz, como Peter Gunn, The Blues and the Best o Combo!
La firma con cadenas televisivas, traerá trabajos como los filmes de catástrofes en la línea de La aventura del Poseidón, Terremoto o El coloso en llamas, antes de llegar a 1977 para marcar un período de referencia con La guerra de Las Galaxias, recuperando orquestaciones y melodías prototípicas del Hollywood clásico, convirtiéndose en un músico de absoluta aceptación popular, llegando a ser nombrado director de la Boston Pops Orchestra, formación que hunde sus raíces en el año 1885. Podrá hablarse vagamente de las influencias que sobre nuestro músico ejercieron tendencias de las procedencias más diversas, desde Béla Bartók, a Richard Wagner, maestros de un entorno más cercano como William Walton, Aaron Copland, Sergei Prokofiev o Vaughan Williams, compaginable con otras aportaciones al medio escénico como Thomas and the King, de James Harbert, con texto de James Harbert y compromisos con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, Seúl Atlanta, celebrados en distintas convocatorias.
Una película como La guerra de las galaxias, se beneficiará de medios de reciente aparición, suponiendo un hito en la historia de la música cinematográfica que tendrá inmediato reflejo en la música popular, un gigantesco trabajo integrable en un ciclo heroico, que habría de contar en su versión final con nueve episodios de los que solo se rodaron tres. El papel narrativo de la banda sonora, que consiste en designar mediante leitmotive, a los personajes y entresijos de la historia, los ideales y los símbolos así como los espacios de lucha, no se realiza de forma discreta y subyacente, como había sido tendencia en los años precedentes. No solo se instaura de nuevo ese papel narrativo sino que además se magnifica y se pone de relieve como nunca hasta entonces había ocurrido. Mientras la concepción narrativa del filme se basa en constantes cambios de los escenarios de la acción y entre diferentes escenas paralelas se necesitan numerosos efectos de transición rápida, se visualizan efectos de barrido de pantalla, de derecha a izquierda o de arriba abajo, para sustituir una imagen por otra, muy de moda en los años treinta y que se recuperan en esta ocasión. Estas transiciones muy en la idea de la forma dramática en liza, se duplican mediante numerosas puntuaciones sonoras que nos trasladan rápidamente a la recreación de un nuevo universo, a un nuevo planeta o a bordo de una nueva astronave. Aunque la música sinfónica de John Williams vuelve a poner de relieve una narrativa épica abandonada desde hacía mucho tiempo, más de veinte años, incluso en los grandes filmes, el resultado no es equiparable en su resolución a las bandas firmadas por aquellos grandes maestros que fueron Max Steiner, Rozsa o Korngold, en sus trabajos que realizaron para el cine, y que se conserva en nuestra memoria con una frescura indeleble, bajo la influencia de Ennio Morricone, su música no dejará de crear nuevas señas de identidad, en un compositor al que comprendemos como a pocos, que en el caso de la banda de La guerra de las galaxias, sabría hacer culminar determinados pasajes sonoros respecto a la escritura de la partitura, que con todo no pudo evitar ciertas críticas como las procedentes de quienes le reprocharon la renuncia al uso de los recursos electrónicos. Para esta banda sonora, el metal y los timbales, adquieren una gran resonancia gracias al uso en la franja ampliada por los efectos del Dolby, una eficacia acústica directa, con unos resultados que para sí, no pudieron tener músicos como Max Steiner y sus compañeros de generación.
Ramón García Balado


