11/02/2026

Maximilian Hornung: Concierto para chelo, en Mi m. Op. 85, con la OSG

 Palacio de la Ópera, A Coruña


Concierto en el Palacio de la Ópera de A Coruña dirigido por Case Scaglione en el que Maximilian Hornung será solista del Concierto para chelo en Mi m. Op. 85, de Sir Edward Elgar, completando programa con las Danzas sinfónicas de Sergei Rachmaninov- días 13 y 14, a las 20´00 h-, un chelista con base en el Stephan Gymnasium Augsburgo, y que tuvo como maestros a Eldar Issakadze, Thomas Grossenbacher y David Geringas, recibiendo galardones como el Concurso Alemán de Música y el ARD, con su trío, para proyectarse profesionalmente con la Bavarian Radio Symphony Orchestra (Munich) lo que se facilitó obtener un ECHO Klassics Prize y un Kunstförderpreis (2014), y colaborar con maestro como Bernard Haitink y Daniel Harding. Case Scaglione, el director, fue alumno de Gustav Meier en el Peabody Institut of Music, antes de recibir las consideraciones de la Young Musicians Foundation Debut Orchestra de Los Angeles, mereciendo las atenciones de James Conlon, mereciendo el Conducting Prize, de la American Association at Aspen y la consideración de la Solti Foundation U.S., en su calidad de director, su carrera se consolidó con formaciones como la NDR Elbphilharmonie, la Brusselas P.O.; la Szczcin P.O.; la Dallas Symphony O.; la Lucerner Sinfonikerorchester; la Württenbergerscher Kammerorchester Heilbronn,  además de realizar visitas a nuestro país con la Orquesta de Castilla y León y la O. de RTVE.

Elgar Elgar-Concierto para chelo y orquesta en Mi m. Op.85-, última de sus grandes obras que se dio a conocer en Londres el 26 de octubre de 1919, teniendo como solista a Félix Saldmon, bajo la tutela  del autor, probando con una plantilla más reducida y ligera, para esta composición que se resuelve en cuatro tiempos. Félix Saldmon (1888/1952), fue un chelista inglés con estudios en el Royal College of Music, teniendo como preceptor a Edouard Jacobs, probando ya desde joven como miembro del Cuarteto de Cuerda de Londres, con el que estrenará el Cuarteto en Mi m. y el Quinteto, de Sir Edward Elgar, una prueba de aptitudes técnicas para abordar una obra como el concierto que tendremos en esta ocasión, con una diferencia de fechas relativamente estrechas, antes de trasladarse a los Estados Unidos en donde realizará lo más fructífero de su carrera, en calidad de solista, fundado entonces en 1937, el conocido New York Trio, con  Carl Friedberg y Daniil Karpilovski, al tiempo que será un prestigiado profesor en el Curtis Institute (1925/42) y en la histórica Juilliard School neoyorquina (1924/52). Estamos con este concierto que pertenece a los años en los que culmina la serie del ciclo de songs Sea Pictures o lo más atractivo de sus trabajos camerísticos. Abre el concierto un Adagio en el que la palabra pertenece al solista en forma de recitativo extenso para entregarse a un pasaje en Moderato, que permite el discurso de una idea resuelta expresada en 9/8, en manos de las violas con respuesta del chelo, un a modo de lied ABA, en el que el detalle intermedio se propone en 12/8, gracias a la participación del clarinete en Sol M. , preparando la entrada del solista con efectos en glissandi, y que permite el paso al Allegro molto, también en forma libre sobre una orquestación puntillista en acentuaciones precisas sobre un detalle de cuerdas divididas y respuesta de los metales. Un Adagio en Si b M., muestra un amplio desarrollo que termina descansando en la dominante, con un final de extenso melodismo. El Allegro ma non troppo, extenso Rondó distendido, modula sobre un detalle en Mi m., que facilita una nueva idea de escala ascendente, que evoca un claro sentido del humor, preparando el final en un sencillo episodio que nos traslada a la segunda frase del Adagio, para exaltar el diálogo entre el solista y la orquesta.

Sergei Rachnaninov- Danzas sinfónicas, Op. 45-, obra con estreno neoyorquino (1941) bajo la dirección de Eugène Ormandy, también obra postrera del ruso, y compuesta tres años antes de su muerte, y que en previsión, otro sería el título que habría de llevar, tan sencillo como Danzas fantásticas resolviéndose en los tiempos: El Día; El Crepúsculo y Medianoche, pero el autor apostará por suprimirlos. Parte de esa música, acabará integrándose en un ballet incompleto, Los Escitas, que se había iniciado en 1915. Las danzas que nos afectan, muestran un lenguaje relativamente modernista, a tono con las estéticas de moda en aquel período, marcado por la expansión lírica permanentemente presente en el desarrollo de las obras que entonces firmaba, es decir, una orquestación notablemente nutrida, en la que sobresalen instrumentos que ayudan a realzar el colorido sonoro impregnado por aspectos tímbricos, con efectos relumbrantes de campanillas y campanas, clarinete bajo, saxofón contralto, contrafagot, complejas percusiones, dos arpas y piano, una paleta de compleja disposición. Eugène Ormandy (Jeno Blau) (1927/1985), en aquellos años ponía en atriles estrenos como Diversions on a theme, de Benjamin Britten; la Sinfonía nº 4, de B. Martinu o el Concierto para piano nº 3 , de Béla Bartók. Había sustituido en 1931, a Toscanini en sus responsabilidades de música de radio, improvisando trabajos con la Philhadelphia Orchestra y la Minneapolis Symphonia. Rachmaninov, vivirían en período afortunado entonces, mientras completaba las Danzas sinfónicas Op. 45, ya que también culminaba las Sinfonías Segunda y Tercera; la Rapsodia sobre un tema de Paganini, para piano y orquesta, consiguiendo una brillante síntesis de su talento sinfónico y el enfoque de la vivacidad rítmica, dentro del colorismo conjunto en un perfecto  equilibrio en su evolución que alcanzará puntos de encuentro con el Bartók, que asoma en la cercanía. El maestro Rachmaninov, coincidirá con Igor Stravinski, en Berverly Hills, aunque el entendimiento entre ambos no consiga frutos positivos, por lo que cualquier entendimiento quedará en entredicho. Morton Felman y John Cage, tras asistir a la presentación de la Sinfonía de Anton Webern  con la New York Philharmonic, escucharon también las Danzas sinfónicas de Sergei Rachmaninov, en el Carnegie Hall, que completaban el programa con otras obras y de esa experiencia, coincidirán en la opinión propuesta por Feldman: Ha sido maravilloso ¿no?. Había comenzado una amistad que duraría de por vida. El sinfonismo reencontrado del compositor ruso, deja registros como el que incluye la Sinfonía nº 3, junto a las Danzas sinfónicas, con la Royal Philharmonic, bajo la dirección de Andrew Litton, para la Virgin Classics y que también conocería la versión para dos pianos de Brigitte Engerer y Oleg Maisenberg, que editaría Harmonía Mundi.

Ramón García Balado

Philip Glass, por el Cuarteto Kebyart

 Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela


Actividad de (En) Foco dedicada a una integral de Philip Glass- día 13, a las 20´30 h-, en el Auditorio de Galicia, con la RFG dirigida por Sebastian Zinka, en la que tendremos  en programa las obras Company; el Concerto grosso- estreno en España-y el Concierto para saxofones. El Cuarteto Kebyart, está integrado por Pere Méndez Marsal, saxo soprano; Victor Serra Noguera, saxo alto; Roberto Seara Mora, saxo tenor y Daniel Miguel Guerrero, saxo barítono, grupo nacido en el entorno de la ESMUC, y que recibió el Premio BBVA  de Música Montserrat Alavedra, y el Premi Palau (2016); Juventudes de España (2015); Orpheus Swiss; el International Franz Cibulka Comptetition (2019). Colaboraron con artistas como Nicolas Alstaedt, Xabier Sábata, Denies Varjon, Albert Guinovart, Joan Magrañé o Bernat Vivancos, contando con tres registros reseñables: Accents; Lectures diferents y un especial dedicado a obras de Peter Eötvös. El curso pasado se presentó en los proyectos de la Fundación Juan March, con Fantasía, que incluía obras de H.Purcell, Miquel Urquiza, Clara Schumann, William Albright y Joan Pérez Villegas. También fue frecuente su presencia el coliseos como el Concertgebouw (Amstertam); Musikverein Wien, Barbican Center, Festspielhaus Baden-Baden, la Schubertiada de Vilabertran y otros centros de importante relevancia. Su especial dedicado al 150 aniversario de Ravel, nos dejó un trabajo que incluía Le tombeau de Couperin, y la Pavane pour une enfante defunte, con arreglos barrocos de  J. P. Rameau.

Philip Glass, a la búsqueda de un cielo siempre transparente, probaría todo tipo de modelos y actitudes en su evolución creativa tras seguir los senderos de Louis Cheslock, en técnicas seriales; Nadia Boulanger, Darius Milhaud, William Bergsma, Vincent Persichetti y un largo ideario de referencias, aunque tardará en encontrar su línea de evolución que le llevará a encontrarse con sus compañeros  de travesía dentro del llamado minimalismo, la vía que defenderán La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y otros que se apuntarán a esas dependencias estilísticas un tanto a su sombra, en las cercanías de los estilos más convencionales de semejante aceptación. El énfasis de tal minimalismo, se manifiesta en los bucles y capas que han hecho posible la imitación de otras corrientes en sus lindes. Un movimiento que distó mucho de ser unitario por las claras diferencias de planteamientos y posicionamientos en evolución de los que no estarán ausentes las formas enfocadas al gran público como es el caso de Einstein on the beach, del propio Philip Glass, obra pareja a la idea creativa de Robert Wilson, en su diálogo entre el mundo onírico y lo real, una suerte de iniciación a un lenguaje por su pretensión de crear una obra de no-acción, de no-decir, una fusión entre la exactitud y el ritmo calmo marcado por la puesta en escena. El diseño formal, puesto aquí en práctica, se basa en la repetición de pequeñas secuencias que varían gradualmente por medio de un sistema aditivo que tiene su origen en la música de la India. El material vocal que sostiene las secuencias, consiste solamente en el recitado de notas musicales y en la enumeración de una serie de cifras, con un proceso fácilmente discernible que sugiere ante el receptor como especie de juegos sin resolver. Un minimalismo el suyo, que cubre con creces su idea en el Cuarteto Segundo  (Company), de 1983, en sus breves cuatro tiempos que se resuelven sin solución de continuidad, clave perfecta para comprender lo que desarrollarán en la serie de sus cuartetos como obras primordiales.

Se plantea a la par una versión escénica sobre la poética de Samuel Beckett, y ya en su Primer Cuarteto (1966), anunciará una predisposición creativa en sus años de estudio e indagación en su etapa parisina, mientras seguía las atenciones de Nadia Boulanger en esta etapa de transición probando con una expansión del cromatismo  la expansión de las disonancias como era previsible a la espera del mundo que le esperaba. Aparecerán así, una clara tendencia a esas músicas repetitivas, emparentadas con otras corrientes procedentes de mundos alejados y distantes, aunque previsibles, lo mismo que sucederá a otros compañeros de travesía, que por obvias razones seguirán trayectorias necesariamente encontradas, para beneficio de todos. Otra de sus aventuras en este espacio de las formas d cuarteto, será el Tercero, conocido como Mishima (1985), tomado de un filme realizado por Paul Schrader, en el que los movimientos se despliegan en breves tiempos y que ilustran la vida en sus diferentes aspectos, del escritor japonés, por lo que supone una respuesta de rechazo a formas tradicionales. Un paso inmediato, lo recibimos por su Cuarteto nº 4, Buczack (1989), un tríptico conmemorativo de gran amplitud y que supera en posibilidades a los precedentes por la utilización de recursos expresivos en la gama de ambiciones que se ratificarán en el Quinto Cuarteto (1991), un eslabón que  vendrá a confirmar las ambiciones evolutivas dentro del género camerístico. El Concierto para Cuarteto de saxofones, supone el grado de sofisticación previsible en su carrera  a la que se añade la obra en estreno, el Concerto grosso, compuesto en Berlín en 1992, con la figura de Ludwig van Beethoven, como necesaria inspiración, en el que  cada tiempo está pensado para una familia orquestal diferente. El minimalismo surgido en la década de los sesenta, incluía a un grupo de creadores americanos que comenzaron a explorar las posibilidades de indagar sobre medios reducidos, limitándose a los elementos musicales más básicos, aunque todos ellos estuvieron influenciados por John Cage, en mayor o menor medida y para quedarnos con los personajes primordiales, habremos de fijarnos en La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y nuestro Philip Glass, siempre a la búsqueda de someterse al sobrepeso de John Cage. En aquellos inicios de este llamado minimalismo, el personaje más importante había sido La Monte Young, un creador que se había forjado en la Escuela de la Segunda Escuela Vienesa, dentro de las propuestas del Serialismo de aquel momento y particularmente bajo la influencia de Anton Webern, por la economía de texturas y la cualidad esencialmente estática del planteamiento de su obra. En su criterio estético, confesará que utilizaba la misma información, repitiéndola una y otra vez, aceptando que admiraba la música occidental anterior al Renacimiento y que usaba el éxtasis como un punto estructural básico en mayor medida que los sistemas musicales anteriores.

Ramón García Balado

Silvia Rozas Ramallal: entresijos sonoros de la flauta en Mozart

Santiago de Compostela - 5/2/2026. Ourense - 6/2/2026


Concierto dirigido por Agata Zajac, con el encargo de la serie Cometa, de Helena Cánovas Parès, ofreciendo en programa el Concierto para flauta nº 1, en Sol M. K. 313, de W. Mozart interpretado por Silvia Rozas Ramallal y la Sinfonietta, de Francis Poulenc. Helena Cánovas Parès conoció estrenos suyos con el Ensemble 2021 (Forum Neue Musik), autora también de la ópera Das Mädchen- All days for future, siendo premiada en el certamen Carmen Mateu, de la Fundación Castell Young Artists European Award de Perelada, ampliando su experiencia en trabajos como la ópera Don Juan no existe- producida por el Teatre del Liceu, el Teatro Real y el Teatro de la Maestranza de Sevilla, sobre libreto de Alberto Iglesias, destacando como cantantes la soprano Natalia Labourdette; el tenor Pablo García López y el barítono David Oller , compartiendo labores de asesoramiento con Beat Furrer, Chaya Czernovic, Tristan Murail, Sofía Gubaidulina, Ivan Fedele y Alberto Posadas. Se perfeccionó en Colonia con Markus Hechtle y en medios electroacústicos con Michael Bein. Su obra Time Painting, acude a elementos contenidos en Grapefruit, de Yoko Ono, artista conceptual que compuso una serie de piezas musicales en forma de performance cuya realidad no existe, sino que está captada sobre un texto que se transfigura en la mente del lector y del oyente, en una caída hacia tendencia de una pintura en la que el color, aparece bajo una luz que se afirma en ciertos momentos del día.

Silvia Rozas Ramallal, flautista solista de la NDR Radiophilharmonie, colaboró en curso pasado en las Xornadas de Frauta de Galicia promovidas por André Cebrián junto a Luís Soto, y realizó masters en la Universität der Kunste Berlin, con Christian Fassbaender y un curso de perfeccionamiento del Bachelor Hochschule für Musik Hans Eisler, además de estudiar en la Deutsche Oper Berlin, la Hamburger Symphonyker y en la European Union Youth. Colaboró con la orquesta de la Ópera de Hannover, la NDR Radiophilharmonie; la Badischer Staatskapelle Karlsruhe; la Komische Oper Berlin, y en su primera experiencia con la Joven de la OSG, mientras se formaba en la EAEM, con Laurent Blaiteaux, recibiendo reconocimientos como el Deutche Musikwetbewerb, el Flûte Maxence Larrieu, de Niza o el Severino Gazzelloni. La directora Agata Zajac, se formó como violinista antes de probar en la batuta en la Poznan Academie of Music, de Polonia (2020), y en el Mills William Junior Fellow; el Royal Northern College of Music de Manchester y fue asistente de Ludovic Morlot, en la Orquesta de Barcelona i Nacional de Catalunya, también en la Elbphilharmonie Orchestra, de Hamburgo, para seguir con la Britten Sinfonietta, la Orquesta del Teatro de Hallé; la Grazer Philharmoniker; la Orchestre de La Picardie. Siguió cursos de Paavo Jarvi, Jorma Panula, J. Schlaefli, Mark Heron. A. Hernus, Marin Alsop, Peter Eövöts, siendo asesorada e invitada por Andris Nelson.

W. A.Mozart- Concierto para flauta nº 1, en Sol K.313-, obra de juventud procedente de sus primeros años en Mannheim adonde había ido acompañado por su madre el 30 de octubre de de 1777, asunto del que queda constancia por su correspondencia mantenida con su amigo y colega el flautista J.B. Wendling dejando con ello jugosas noticias entre consejos y otra serie de intimidades dentro de su estilo ciertamente chocante, habiendo establecido entonces un curioso contrato con el magnate holandés De Jean, una especie de musicólogo y apasionado por los oficios musicales, propios de un entusiasta entregado y generoso. Estamos en un período en el que abundaban obras de este estilo, como los cuartetos para este instrumento, en concreto los K. 285, K. 285a y 285b, en claro destino al estimado De Jean y que hallaría continuidad en el K.313, precisamente en el espacio de esta modesta producción en forma de entrañable compromiso directo, resultando una página cuidadosa y perfectamente resuelta, tanto por la solista, Silvia Rozas Ramallal, como el diálogo mantenido con la orquesta, gracias a esa flauta que abunda en ideas sobradas y detallismos de notable virtuosismo, en un logrado equilibrio entre la flauta y el conjunto orquestal. En su esencia, mantiene los hábitos cultivados en Salzburgo y para Paumgarten, la serie de conciertos para este instrumento, revelan las perfectas aptitudes del compositor, para buscar los entresijos sonoros de la flauta, instrumento con el que por veces parecía tener una relación un tanto incómoda.

Para Alfred Einstein, su trato con los instrumentos de viento respondería en general a una serie de trabajos ciertamente ocasionales, en el sentido más genuino del término, compuesto con la única finalidad de dejar la impresión más acorde con el gusto de los destinatarios y las preferencias de los aficionados, teniendo en cuenta que esos instrumentos de viento exigirían a sus intérpretes una actitud claramente indulgente, dejando como resultado una escritura simple pero también atractiva en su desarrollo, con un notable ingenio melódico, siempre a tenor del espacio en el que propone la composición. Obra en sus tiempos: Allegro maestoso; Adagio ma non troppo y Rondó (Tempo di minuetto), de la que nos quedará como confesión: Aquí no tengo ni una hora de tranquilidad. Sólo puedo escribir de noche, de lo que se deduce que no puedo levantarme temprano. Y además, no siempre se está en un estado propicio para el trabajo. Naturalmente, con prisas podría escribir en cualquier momento; pero se trata de una obra que va a ser conocida en todo el mundo y concedo mucha importancia a que no se me avergüencen, pues llevará mi nombre…Una misiva dirigida a su propio padre, Leopold. Para el bis, el Debussy de Prélude à l´ aprés- midi d´un faune, un apetecible obsequio por su sencillo tratamiento expresivo.

Francis Poulenc- Sinfonietta-, un impecable planteamiento por parte de Agata Zajac, en el discurso de los cuadro tiempos, composición escrita mientras se enzarza con la serie de mélodies escritas sobre poemas de Apollinaire, la recopilación de los Calligrammes, la obra partía en sus esbozos de un posible trabajo camerístico para el Quatour Calvet, pero que definitivamente se quedará en un ansiado intento sin mejores resultados, los editores Chester, atraídos por el aprecio al músico, tomarán como revancha el estímulo para probar en el intento de un nuevo compromiso y por esta vía vendrá una aventura creativa por encargo de los BBC en el espacio de sus Thrid Programm, de 1947, dejando como resultado precisamente una verdadera sinfonía, ayudado para la ocasión por Auric, colega del Grupo de Los Seis, como resultado definitivo no faltan rescates de piezas suyas, incorporadas de forma libre, además de reconocibles autocitas. Aubade; detalles de Sextuor; la Figure humaine, en su Toi ma patiente, que acabará desechando, en lo que supondrá su única obra sinfónica y que recibirá un menor reconocimiento con respeto a otras obras concertantes, como el Concierto para piano, en el que se vislumbra su absoluta madurez. Cuatro son los tiempos de la Sinfonietta: Un Allegro inicial de un trazado elegante expresado en su forma tradicional de sonata; un Scherzo, para el segundo tiempo, en la típica alternancia ABA para ceder entrada a un Andante cantabile lírico marcado por un melodismo bemolizado camino del Final, un claro ejemplo de autocomplacencia resolutiva otorgando un mayor colorido

Ramón García Balado

Silvia Rozas Ramallal

Real Filharmonía de Galicia / Agata Zajac

Obras de Helena Cánovas Parès, W. A. Mozart y F. Poulenc

Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela / Auditorio de Ourense

https://www.ritmo.es/auditorio/critica-silvia-rozas-ramallal-entresijos-sonoros-de-la-flauta-en-mozart-por-ramon-garcia-balado 

10/02/2026

Nelson Goerner, consideraciones del Chopin menos apreciado

 A Coruña - 06/02/2026


Concierto del argentino Nelson Goerner que nos ofreció el Concierto para piano nº 2, en Fa m. Op 21, de F.Chopin dirigido por Hankyeol Yoon en sesión que incluía la obertura Manfred Op. 115, de Robert Schumann y la Sinfonía nº 4, en Mi m. Op. 98, de Johannes Brahms. Goerner tuvo como maestros a Jorge Garruba, J.C. Arabian y Carmen Scalcionne, alumnos de Vicente Scaramuzza, y debutó en el Teatro Colón, de Buenos Aires, con el Concierto nº 1, de Franz Liszt, recibiendo una beca CIMAE Argentina, para estudiar en Europa, con María Tipo, recibiendo el Primer Premio del Concurso Internacional de Ginebra. Asistió a citas en certámenes como los convocados en Schleswig-Holstein, Verbier, Frankfurt, Lucena, Le Roque d´Antheron o Jacobins (Toulousse). Fue dirigido por Armin Jordan, Neeme Jarvi, Vassily Sinaiski, Fabio Luisi o Frübeck de Burgos, además de colaborar en repertorios camerísticos con el Cuarteto Takács, Gery Hoffmann, Misa Maisky, Natalia Gutman, Janine Jansen o Renard Capuçon. Recibió un Diapason d´Or, por su registro con obras de Chopin, confirmación de su magisterio confirmado sobre el repertorio del polaco.

Hankyeol Yoo fue ganador del Herbert von Karajan Young Conductors Award del Festival de Salzburgo y dirigió formaciones como el Maggio Musicale Fiornetino, la Münchner Philhamoniker o la National de Belgique, además de la ORF Radio-Symphonieorchester Wien, participando en Festivales como el Int. George Enescu, y presentó recientemente su obra Grium, en el Festival de Salzburgo.

Para abrir sesión, Robert Schumann, con la obertura Manfred Op. 115, obra posterior a la composición de su ópera Genoveva, de la que también se tomará su obertura como pieza de concierto, usando pasajes escogidos de la misma para configurar una especie de poema dramático, a partir de la poética de Lord Byron, siempre sujeta a la pasión al borde de la locura y los estados de desequilibrio, tomando una serie de diez números y cuya primera audición se dará el 14 de marzo de 1852, esperando un período hasta la realización de la ópera bajo la dirección de F. Liszt, que se ofrecerá en Weimar y que cara a la posteridad, sólo la obertura sobrevivirá como pieza de interés. Goza de un estilo de forma sonata partiendo de un Allegro, tras una introducción lenta con detalles cromáticos, que facilitan un tema vehemente, que nos presenta a Manfred con un ataque en el que el tempo se precipita, hasta un segundo tema que anunciaba la entrada de la continuación- la llamada de Astarté-, en su carrera ascendente. Un amplio desarrollo, se tradujo en una seductora frase descriptiva, preparando una coda apacible en un diminuendo colectivo dolorosos con ritmos sincopados de descriptivos cambios dinámicos. Una orquestación sombría recreaba una atmósfera febril y angustiosa, en modo menor y talante fatalista, que describía a nuestro héroe Manfred, hacia una breve y contundente explosión obsesiva para preparar ánimos frente al programa que vendría de inmediato.

Chopin-Concierto para piano nº 2, en Fa m. Op. 21-, estrenado en Varsovia por el propio autor, el 10 de diciembre de 1823, en el Teatro Nacional bajo la dirección de Karol Kurpinski, fue dedicado a la condesa Delfina Potocka, aunque puede tratarse de un canto de amor a la joven cantante Konstancja Gladkowska, compañera suya en el Conservatorio, con la que mantenía una profunda relación afectiva, en una de aquellas búsquedas pasionales mantenidas en secreto, y en la que nacería la composición del Adagio. Tres tiempos en canónica disposición concediendo al teclado el protagonismo absoluto, en beneficio del oyente gracias al magisterio y profundo conocimiento de Nelson Goerner- obligado a buscar el urgente punto de encuentro con el director que sustituía al anunciado- inmersos como estábamos en sus dominios conceptuales, se distanciaba del modelo establecido por el clasicismo típico mozartiano, manteniendo la forma establecida por músicos como Hummel, J.Field, Kalkbrenner o Moscheles, aunque para Alfred Cortot, Chopin nunca llegó a recibir clases de piano, aceptando que le bastaba un único contacto con Kalkbrenner, ya desde sus primeros de su llegada a París.

La orquesta proponía en la obra los dos temas principales- más lírico el segundo- avanzando el Maestoso, de entrada, preparando la concesión absoluta al piano como solista. El Larghetto, se preparó con una delicada entrada orquestal, dejando el espacio para el piano, entre efectos de un florido estilo ornamental, propio de su discurso sonoro, en este ensoñador tiempo, que nos llevó desde lo imaginativo a lo típicamente improvisado. Será Liszt quien comente que el autor tenía una marcada predilección por este movimiento, llevando a interpretarlo de forma independiente en muchas de sus veladas en privado. Destacó por la alternancia con un pasaje en tono menor que tratado una idea de perfección subjetiva, entre radiante y plena. El Allegro Vivace, resultó en su esencia un genuino estudio chopiniano, enmarcado en un aire de mazurka, cercana al vecino vals, una especie de danza campesina polaca con su característica alternancia de acentos en el segundo y en el tercer tiempo del compás. Una métrica que se recreará de forma evidente en obras posteriores bajo el reclamo de scherzando siempre remarcado por el detalle de rubato. Para el bis, el Preludio nº 4, Op. 23 de S. Rachmaninov.

Johannes Brahms- Sinfonía nº 4, en Ni m. Op. 98- compuesta en Mürzzuschlag (Estiria) entre 1884/ 5, en su madurez sublime, formando cuerpo del legado sinfónico repartido en grupos de dos, en este caso tras su regreso de una gira breve, acompañado por Hermine Spies, una apreciada cantante de Lieder y mientras abordaba precisamente el corpus de obras de este estilo. Asistimos por otra parte, a la agotadora comparación con el sinfonismo de Beethoven, en tan curiosa dupla, carnaza de curiosos y aficionados, por esa extraña asimilación de vinculaciones. Hankyeol Yoon, llegado como se dijo por vía de urgencia para suplir al anunciado Fabien Gabel, se ganó el respeto de los aficionados por la aproximación a obra que cerraba un largo período creativo del hamburgués por la densidad de su estructura. El Allegro non troppo, repartió dos temas principales y cuatro ideas secundarias, derivadas del tema principal, siendo célebre el tema doliente y anhelante basado en un lejano tema de chacona que dominaba todo el movimiento, confiriendo una necesaria tensión grave y latente con su inmensa riqueza de recursos, añadiendo una tercera idea aportada por su espíritu de fanfarria, a cargo de la sección de vientos, para este desarrollo riguroso logrando la unidad requerida para su conformación de trazo.

El Andante moderato, se elaboró sobre dos temas que se alternaban separados por un intermezzo y teniendo al corno inglés como instrumento primordial, precisamente por su colorido expresivo, para entrar en diálogo con las maderas, siendo el primer tema de singular nobleza y rigidez, en una estructura sobre modulaciones arcaicas en modo frigio y un segundo tema vital con una bella cantinela lírica y solemne confiada al chelo, con respuesta de fagotes y violas, un conjunto melancólico, tierno y misterioso hábilmente elaborado. El Allegro giocoso, se encuadró en la forma de scherzo por su desenvoltura y su forma. Una entusiasta alegría desde un Do M. enérgico absoluto, remarcado por la propia orquestación robusta, preparando un pasaje lírico que reclamaba un episodio de continuación más frágil y gracioso, afirmado por una coda que hacía valer una irresistible fantasía. El Allegro energico e apasionato propuso una profundidad acentuada de personal estilo expresivo, anunciado por acordes graves de la sección de vientos, en los que nos encontramos con la conocida chacona, elaborada sobre un tema de ocho compases, una idea similar a la conocida de Johann Sebastian Bach, en su cantata Meine Tage in den Leiden, el tema comenzaría a circular por los diversos registros de toda la orquesta, creando un cuerpo de treinta y cinco variaciones, que ayudarían a todo el potencial rítmico, melódico y armónico, del conjunto orquestal.

Ramón García Balado

 

Nelson Goerner

Orquesta Sinfónica de Galicia / Hankyeol Yoon

Obras de R. Schumann, F. Chopin y J. Brahms

Palacio de la Ópera, A Coruña

 https://www.ritmo.es/auditorio/critica-nelson-goerner-consideraciones-del-chopin-menos-apreciado-por-ramon-g-balado

06/02/2026

Rosa Cedrón: Seis baladas galegas de Juan Montes, con la Banda Municipal

 Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela


Programa de la Banda Municipal con dos artistas invitadas la cantante Rosa Cedrón y la artista plástica Noa López Calderón, que ofrece una exposición en el Auditorio de Galicia-día 8, a las 12´00 h-, para un programa dirigido por David Fiuza Souto, en el que se ofrecen bajo el título de Impetuosamente inspiradoras, un estreno de Carme Rodríguez, que estrena A cova sumerxida; el tratamiento para esta formación de Los cuadros para una exposición, de Modesto Mussorgski y las Seis baladas galegas, de Juan Montes. La monfortina Rosa Cedrón, colaboró con la O.C. Cidade da Coruña como chelista antes de centrarse en el canto, incorporándose durante nueve años al grupo Luar na lubre, mientras que probaba en otro grupo como La Barbería del Sur, también con Mike Olfield, en su Tubular bells III; la banda sonora de Blanca Madison, la Real Academia Galega das Belas Artes, destacando entre sus registros en cd, Entre dos mares; Soas Mulleres, con Cristina Pato; Cantando a Galicia, con Paco Lodeiro y Sito Sades para completar con Nada que perder, en solitario.

Carme Rodríguez, también ofreció en esta sala recientemente dos obras en estreno, Arborescente, encargo de la RFG, junto a obras de Arvo Pärt, Grazyna Bacewicz y Louise Farrenc, una obra que buscaba recrear musicalmente la expresión ramificada del crecimiento de la naturaleza desde una sutileza de un punto de partida común cara a una exposición brillante de cada miembro de la orquesta, dirigida por su titular Baldur Brönnimann. Se observaban influencias minimalistas, impresionistas y expresionistas, adecuándose a un momento de experimentación textual propuesto por ella que pretendía valerse de la fugacidad para condensar la expansión que ocurriría en un árbol a través de siglos de desarrollo. Una segunda obra, O alalá das Paixases Verticais había sido dedicada a la pianista Isabel Pérez Dobarro, en el ciclo Contemporáneas en el mes de noviembre, con un programa englobado en el título Kaleidoscope, un amplio panorama de compositoras actuales y entre las que su pieza anunciada de estilo programático describía la costa gallega, tierra natal de la propia compositora, que sabría enraizarse en sus tradiciones expresadas por el estilo del alalá, típico canto melismático gallego dentro de un rico tapiz de contrastes dinámicos, tanto formales o textuales que nos trasladaban a esas influencias autóctonas de las tradiciones gallegas.  Una panorámica de compositoras que nos llevaba a creadoras a nivel internacional, entre las que también tendrían cabida las españolas, Marisa Manchado o Consuelo Díaz.

Entre artes plásticas estamos y para confirmarlo, Los cuadros para una exposición de Modesto Mussorgski, composición que recurriría a la figura  de Victor Hartmann, arquitecto, pintor y amigo del músico que inspirará un ciclo pianístico y que con fortuna acabará recibiendo la orquestación de varios músicos siendo la más frecuente la de Maurice Ravel, frente a obras como las de Leonidas Leonardi (1924); la parcial de Touchmalov (1924), primera realizada; la de Serguei Gortchakov (1955) o la de Vladimir Ashkenazy (1983), al margen de las que vayan surgiendo a tenor de los tiempos, dentro de los tratamientos más diversos, en obra tan tentadora. Un elemento fundamental a modo de leit motiv, son los Paseos que van hilvanando este curioso encadenamiento, en una obra que sirvió también para los usos más insospechados. La puerta del viejo castillo, con el protagonismo del fagot; Las Tullerías, entre un juego de niños, definido por una figura sensual con armonías originales; Bydlo, carreta polaca arrastrada por los bueyes, con un fondo de cuerda grave y los fagotes remarcando el paso; el Ballet de Los polluelos en sus cascarones, un destilado de humorismo; Samuel Goldenberg y Schmuyle, retrato de judíos de distinta condición social; El mercado de Limoges, escena de gran animación; Catacumbas, reafirmada por instrumentos de metal; Cum mortuis in lingua, un nuevo paseo; La cabaña sobre patas de gallina, en donde vive la bruja Baba-Yaga y así hasta La Gran Puerta de Kiev, con su estilo épico y grandioso, un perfecto destilado del ingenio plástico de Mussorgski

Juan Montes-Seis baladas galegas, con la voz de Rosa Cedrón-As lixeiras anduriñas; Doce sono; Negra sombra; Lonxe da terriña; unha noite na eira do trigo y O pensar no labrego. Es de recordar que As lixeiras anduriñas, sobre texto del poeta coruñés Salvador Golpe Varela, fue premiada con el Primer Premio del Certame de A Coruña de 1890; O pensar do labrego, es un fragmento de la Sonata gallega descriptiva, ganadora del Primer Premio del mismo Certame, sobre un poema de Aureliano J.Pereira, compuesta a partir de 1890; Lonxe da terriña, igualmente del mismo poeta, nos lleva a 1888. Negra sombra es la más popular de todas ellas, una cantiga cuyo tema melódico está modificado según Mª Fernández Espinosa. Con Negra sombra y las cinco melodías de la colección de canto y piano, que circulan con inusitada profusión, Montes llevó a la canción gallega a los efluvios del lied y de la mélodie francesa, depositando en él cuanto tiene de alada, quintaesencia y donosura. Para especialistas como Manuel Fabeiro Gómez, en su ensayo La música en la poesía de Rosalía Castro, nos resumirá: En los versos maravillosos de la divina Rosalía, no es ella quien habla, quien nos cuenta sus penas, es la Matria que nos vio nacer, que se hace carne, verso, expresión sublime y penetra en nuestro corazón en tropel magnífico de sentimiento de inmortalidad. Es evidente que Juan Montes se excede ponderando la simbiosis efectivamente maravillosa, entre las poéticas y la música. Su personalidad siempre estuvo ligada íntimamente a las esencias populares. Conocía los trabajos sobre música popular de Inzenga y muy posiblemente los de Antonio Noguera, gran amigo y seguidor de las doctrinas de Pedrell. Posiblemente también conocía Los cantos españoles (1874) de Eduardo Ocón y los Cien cantos populares asturianos (1890), de José Hurtado. Sus conocimientos de la música popular,  había sido puesto de manifiesto por Rafael Mitjana, quien lo confirmará poco después de su fallecimiento en publicaciones como ¡Para música vamos!, Estudios sobre el arte musical contemporáneo, en los que da cabida a nuestro Juan Montes, por su conocimiento de la música folklórica y su labor en el oficio creador.

Ramón García Balado

Maximilian Hornung: Concierto para chelo, en Mi m. Op. 85, con la OSG

 Palacio de la Ópera, A Coruña Concierto en el Palacio de la Ópera de A Coruña dirigido por Case Scaglione en el que Maximilian Hornung se...