20/08/2026

El barítono Samuel Hasselhorn y el pianista Daniel Heide en el XII Festival Bal y Gay

 Basílica de San Martiño, de Foz


Gala schubertiana con Die schöne Müllerin en la voz del barítono Samuel Hasselhorn acompañado por el pianista Daniel Heide, que estarán en la Igrexa de San Martiño (Foz)-día 21, a las 20´30 h-, un cantante que estuvo en proyecto de importancia en nuestro país como la Schubertiada de Vilabertrán, en más de una ocasión, tras una importante carrera consolidada junto a otros compañeros como el pianista Konstantin Krimmel  y haber recibido el reconocimiento de Thomas Quastoff, en una de sus convocatorias de actividades, compagina con conocimiento de estilo tanto el Lied, como la ópera, tras colaborar con la Wiener  Staats Oper, la Ópera  de Hamburgo, la Ópera de Frankfurt, la Deutsche Oper  Berlin, La Scala de Milán, Baden-Baden- Lohengrin (Herruter)-; la Staatsoper Unter den Linden o el estreno de Das Kalte Herz, de Matthias Pintscher; óperas de Richard Strauss, como Die Scheigsame Frau y con trabajos en registro que dejan constancia de su evolución artística como Licht und Schatten (Luz y sombra), Hoffnung (Esperanza) o Urlich, una apuesta por la confluencia entre el Lied y la ópera; también su presencia en Die Tote Stadt, de Korngold o Pélleas et Mélisande, de Claude Debussy.

Die shöne Müllerin (la bella molinera) D. 295, de F.Schubert, grupo de 20 lieder, en los que por vez primera se encuentra con Wilhelm Müller, el tercero en importancia numérica de los lieder, después de Göethe y Mayhofer, antes que Schiller y el único que le proporciona en dos ocasiones grupos coherentes de una veintena de lieder en torno de una tema (La bella molinera y El viaje de invierno). Wilhelm Müller, participó activamente en la Befreiungskrieg, que unía a un grupo de artistas berlineses combatientes por la libertad, puro espíritu romántico en la reivindicación de la histórica germánica del Volkslied, además de tomar partido por la independencia griega, escribiendo sus Grieche Lieder (Canciones griegas) y realizar una traducción a partir de textos isabelinos, del Fausto de Marlowe. Un entorno cultivado en el que se movían artistas como el Consejero von Stägmann, los poetas Achim von Armin y Ludwig Rellstab, el pintor Wilhelm Hensel, y otras  tantas luminarias. Un juego de sociedad que concitará a estos artistas, en que brillará de forma especial Die schöne Müllerin, desde  el primer Lied Das Wandern, hasta el de conclusión Des baches Wiegenlied, para el poeta, era la intención recrear con el ciclo el espíritu del Volklied germánico, tanto por lo sencillo del tema, como por la forma o la métrica de los poemas, aspecto que el poeta dejará memoria en su diario.

La admiración que demostraron por la obras de Müller, dos de los apreciado contemporáneos, como Heinrich Heine y Franz Schubert, habrá de hacer reflexionar bastante sobre la valía de su alcance para una obra de dimensiones semejantes. El encuentro de ambos, sobrepasarán sobradamente lo anecdótico situándose en lo más profundo de la psicología de músico. Esos temas de Müller, resultan claves en el compositor desde hacía mucho tiempo: el caminar, el viaje, la ambigüedad amor- dolor, el amor rechazado, el recurso a la naturaleza benéfica y sobre todo, lo que sin ninguna pudo llegar al corazón y al alma de Schubert, en La bella molinera, es la romántica subjetividad de los poemas, un YO fuertemente expresado, se manifiesta en preparación de El viaje de inverno. El ciclo que nos afecta, destaca por la sencillez elegida, en su conjunto sorprende la unidad y la sencillez, dejando ante nosotros la impresión de distanciamiento de los lieder de Collins o de Rückert.

El hecho de que los haya compuesto para voz de tenor-su propia voz-, aunque en dedicatoria a la voz de barítono, su  amigo el barón Schönstein, era una prueba de la personal emoción del compositor, ante el texto. El ciclo cantado por un tenor, desprende una dimensión de conjunto más bien vulnerable, más sensitiva que por un barítono. La inocencia resulta más dolorosamente traicionada, la ternura más trágicamente rechazada, porque están más cerca de la infancia. Más allá de la extraordinaria del clima de la obra, no parece un verdadero plan arquitectónico, tanto formal como tonal, para los veinte Lieder, pero la solidez de la construcción de la construcción aparece en otros planos. El primer Lied Das Wandern (El viaje), llevaba impreso el título de Wanderschaft, y fue añadido posteriormente por Müller, debido a que  en el juego de sociedad primitivo comenzaba con el segundo de los Lieder del ciclo. El último de ellos, Das Baches Wiegenlied (Canción de cuna en el arrollo), es el arrollo al que corresponde la conclusión. A las cinco estrofas iguales del primer Lied del ciclo, responden las cinco últimas iguales del último. Uno y otro rivalizan en su voluntad de sencillez; sus líneas melódicas y la estructura de sus temas están bastante próximas. Se trata realmente de una conclusión, pero el viaje comenzado tan alegremente termina con la muerte, ya que la canción de cuna es un canto fúnebre. Trockne Blumen (Flores secas), antepenúltimo de la serie, la muerte ya está presente y sobre una marcha fúnebre empieza este Lied, elaborado en dos partes, una en MI m., otra en Mayor, en una oposición modal cercana al Lied anterior, un vínculo entre el talante de esos los dos Lieder Die böse Farbe (Odiado color) y Trockne Blumen (Flores secas), que explica tal vez por qué Schubert deja a un lado Blümlein Vergissmein  que proponía Wilhelm Müller, entre los dos poemas.

Ramón García Balado

Clausura del XIV Festival Groba de Ponteareas, con la O. de Cámara Galega

 


Concierto de clausura del XIV Festival Groba de Ponteareas en el Auditorio Reveriano Soutullo de la ciudad-día 22, a las 21´00 h-, con la Orquestra de Cámara Galega, que dirige Rogelio Groba Otero, con obras del maestro Rogelio Groba, Enrique Granados y Manuel de Falla, contando con la participación del pianista Pablo Diago Busto, formación en residencia del certamen, fundada en 1995, ya con una larga trayectoria por la abundancia de sus colaboraciones entre las que destacan Ara Malikian, Guy Braunstein, André Cebrián, Oyvid Gimse, J.L. Estellés, Teresa Berganza, Clara Yumi Kang, David Figueroa, Anastasia Kobekina, Esteban Batallán, Adriana Ferreira, Federico Colli, Kyril Zlotnikov, Sunwook Kim, Jin Joo Le, Juan de Udaeta, Pacho Flores y tantos otros. Rogelio Groba Otero, dinamizador del festival, mantiene en vigencia esta cita estival, contando con una serie de publicaciones que conceden la necesaria dimensión de su proyección artística, con ejemplo como la edición de la ópera Don Chisciotte, de Manuel García, patriarca de una célebre saga de cantantes que han dejado huella en la historia, en un registro realizado en el Teatro de la Maestranza, de Sevilla, al tiempo que colabora con la Radio Galega, la TV3, RNE, y una importante actividad de giras por Europa y Latinoamérica, titulado Superior en la especialidad de violín, entre A Coruña y Oviedo, amplió su preparación en Londres, con Detlev Hann, profesor de la Guildhall School of Music and Drama, llegando a actuar en el Spanish Modern Festival Wien, el Merkin Concert Hall, de la Fundación Kaufman o en el Museo Reina Sofía, el Palau   de Música  de Barcelona  y  el Palacio Ducal, de Génova.

Para comenzar la sesión, dos obras  del maestro Rogelio Groba Groba, el Concerto de arcos, en sus tres tiempos, Allegro impetuoso; Andante- scherzo- andante; Presto, y la Sonatina, en la versión de 2026, en sus tiempos Allegretto; Moderato; Allegro vivace y Allegro, para el autor, el hecho de componer en sí mismo es una necesidad biológica, la esencia de su existencia y una prueba de la naturalidad de que esto sucede, son las más de quinientas obras compuestas en todos los géneros. Si le echamos una ojeada a su trabajo creativo desde una perspectiva cronológica, será fácil descubrir un eje que va desde las estructuras sencillas a las más complejas. Una evolución en la que queda adherida la huella del momento psicológico del autor, estimulado por el tiempo histórico que le ha tocado vivir, pero también un enraizamiento profundamente gallego que aflora en la totalidad de su trabajo, y no sólo por el frecuente recurso al dato etnográfico, sino también porque sus obras están empapadas de un galleguismo surgido de forma espontánea, de la experiencia del autor, encuadrable para estudiosos con criterio dentro de la llamada Generación del 51. Una serie de apreciaciones que tendrán reflejo en las opiniones de músicos como fueron Joaquín  Turina, o Leopoldo Hontañón. Mención especial para sus óperas, todavía pendientes de recibir la consideración merecida, hablaríamos de Camiños de Rosalía, de 1994, coordinada por Maruxa Villanueva, con la presencia de un coro amplio; Divinas palabras, texto de R. Mª del Valle- Inclán (1986/7), en cuatro actos, anterior a la de Antón García Abril, destinada a la reapertura del Teatro Real; Floralba, sobre la poética de Manrique Fernández, destinada al Castelo de Vilasobroso; María Pita, con texto del compositor, en el planteamiento  de tres actos, para orquesta y un nutrido coro de ochenta voces. En el apartado de coro y orquesta, buena impresión dejaron Anxos  de Compostela (Cantata in modo antico), con texto de Filgueira Valverde, que tendrá una revisión en 2004; Cantata de Maio (In modo antico); Cantigas do mar, sobre texto del mismo Filgueira Valverde o en la serie para solistas y orquesta, In Memoriam Manuel de Falla, obra en tres tiempos: Cantus primus: Mors; Cantus secundus: Ferthur  infortunium y Cantus tertius: Insepultus.

Enrique Granados- Quinteto, Op. 49, en sus tiempos: Allegro; Allegreto, quasi andantino; Lento- una etapa de transición mientras atendía a otros compromisos, como el de presentarse a una cátedra, y responder a actividades concertísticas en el Salón Romero, de Madrid, un músico realmente agitado por la importancia de acontecimientos que urgían su realidad cotidiana, como el estreno de este Quinteto Op. 49, o una obra de no menor relieve como el Trío Op. 50, a los que se añadirán los tan apreciados Valses poéticos, también las tentaciones parisinas habían condicionado su realidad en aquel período, ayudado por la generosidad de Eduardo Conde, que sufragaría sus gastos, en lo concerniente a sus estudios, una etapa en la que podría disfrutar junto a Ricard Viñes, realizando conciertos en la prestigiosa Salle Érard, además de asistir a los Concerts Lamoureux. Mientras completa este Quinteto Op. 49, tendría la oportunidad de divulgar sus apreciado Valses poéticos, entre los que también aparecerían la Suite sobre cantos gallegos, estrenada en la Sociedad Musical de Barcelona, con Lamote de Grignone.

Pantomima y Danza ritual del fuego, de Manuel de Falla (El Amor Brujo), a cargo de la Orquestra de Cámara Galega, dirigida por Rogelio Groba Otero, con el pianista Pablo Diogo Busto, obra de compleja evolución escrita tras su vuelta parisina e impregnada de un espíritu jondo, ya desde su versión original, lo que permitió conceder razones para engrandecer esta composición mediando con creces la figura de la bailaora Pastora Imperio, a solicitud del propio compositor y la mediados de los Martínez Sierra- María Lejarraga, como la posteridad se encargará de poner en su justo lugar. La madre de Pastora Imperio, para mayor gloria, era Rosario la Mejorana, quien les cantaría canciones tradicionales cargadas de ese mentado sentir jondo, permitiendo la escritura  de un espectáculo destinado al estreno el 15 de abril, de 1915, en el Teatro Lara, de Madrid, con Pastora Imperio y su compañía, bajo la dirección de Moreno Ballesteros, con una orquestación integrada por flauta/piccolo; oboe; trompa; corneta; piano y quinteto de cuerda. Arthur Rubinstein, en su autobiografía My Young Years, Londres, 1973, remarcó que el espectáculo fue dado a última hora de la noche. La combinación de un tema crudo con una condensación de música folklórica, presentada en una forma en la cual el público de Madrid, no estaba acostumbrado, no fue bien acogida.

Ramón García Balado

Música en Compostela: Maestros de Capilla en su legado

Santiago de Compostela - 14/08/2026


Obras de Arvo Pärt -Fratres-; Sebastián Durón- Salve de ecos para doble coro a capella y continuo y Melchor López- Missa Solemne Unus Deus, para orquesta y doble coro con solistas dentro del LXVIII Curso de Música en Compostela.

El legado ortodoxo de los monjes junto a formas del Renacimiento, forjaron el estilo de Arvo Pärt (Estonia 1935), quien sería influido por la simplificación de los materiales sencillos, muy distantes de los practicados por Ustvoslkaya, una compositora que profundizada en la austeridad del sonido por profunda sensibilidad interior, observando en Pärt una asunción de un tono casi beatífico, influido por la línea melódica en la que indagará profundamente, un cualificado diletante más que un compositor riguroso que abunda en las técnicas repetitivas al servicio de una reflexión meditativa cuyo ejemplo podrá ser Fratres, con una ambientación que tiende hacia lo místico y lo recogido, sostenido por un leve tejido armónico que conduce al autor a la recreación de un lenguaje que se nutre de mínimos aportes.

De su producción global, resultan estimables la dramática Sinfonía nº 2, ostensiblemente deudora de Dmtri Shostakovich, obra con talante sombrío de aquel período final; Perpetuum mobile, una aproximación a formas de la estética de Ligeti, o quizás el tono elegíaco del Cantus, a la memoria de Benjamin Britten y el sentido intimismo del breve De profundis, para cuatro voces, órgano y percusión y el Te Deum, de 1989. Su obra tendrá elementos en común con el resto del programa.

Sebastian Durón (1660/ 1716)- una Salve de ecos para doble coro a capella y continuo, obra breve que enlazaba directamente con la anterior, de un músico que permaneció en la Real Capilla de Carlos II, ocupando la plaza que quedaría vacante por jubilación, de Joseph Sanz, recibiendo la confianza del rey para nuevos oficios tras la Guerra de Sucesión, participando en espectáculos teatrales en el Buen Retiro y en Aranjuez, durante su etapa madrileña fue el máximo representante de la música española en aquellos géneros, con trabajos al servicio de las bodas de de Marina de Neoburgo en 1689, representando la ópera de J. F. Lully, Armida, aunque especial sentido cobra su obra religiosa, en una impregnación que alcanzará a todos los géneros sobre los que trabajó, representando uno de los ejemplos del arte genuinamente ibérico, apareciendo obras suyas manuscritas en los archivos de Aránzazu, Burgos, Granada, Guadalupe, Guatemala, Jaque, Montserrat, Cuenca, Pamplona, Salamanca, Santo Domingo de La Calzada, Toledo, Valencia, Gran Canaria o Valladolid.

Compuso gran cantidad de obras en estilo contrapuntístico hispano, mostrándose muy apegado a la tradición y a la música popular española con innovaciones italianizantes, culmen de los siglos XVI, XVII y XVIII. Mitjana afirmará que el rasgo característico de la música de Sebastián Durón, muestra un ritmo atormentado, muy influido por la rítmica de las canciones populares; frecuentemente emplea síncopas y prefiere los aires vivos y animados. Un temperamento nervioso lleno de fogosidad y pasión. Fue un compositor prolífico tanto en el campo de la música sacra como en los villancicos, a medio camino entre los sagrado y la música tradicional, produciendo con esmero estilos de confluencia con los llamados tonos humanos, que se aproximan decididamente a nuevos estilos italianos en estilo de cantatas y óperas barrocas.

En sus comienzos había sido ayudante de Andrés de Sola y llegó a ocupar la plaza de Sevilla, obteniendo en 1686, la plaza en Palencia, como organista, en donde tendría responsabilidades pedagógicas, con los niños del coro, recibiendo la consideración de Martín Moreno, por las actas capitulares conservadas, que dejan entrever la evidencia de un hombre ecuánime, más bien tímido y regularmente con problemas económicos, todavía en 1702, firmará la aprobación de las Reglas Generales de acompañar, de José de Torres y Martínez Bravo, como maestro de la Real Capilla y Rector del Colegio de su Majestad, pero los acontecimientos de la Guerra de Sucesión, que le afectarán de lleno, tuvieron constancia en su vida profesional. Sebastian Durón fue sin duda un músico sumamente aceptado por la sociedad española, por la clara raíz hispana de su arte, como lo muestra la divulgación de sus obras y durante su estancia en Pau, siguió componiendo para le reina viuda.

Melchor López (1759/1822) -Missa Solemne Unus Deus, para orquesta y doble canto con solistas-, el maestro de capilla había sido elegido por el Cabildo compostelano el 23 de marzo de 1784, quien le apresuraría a incorporarse de inmediato a través de la disposición del Patriarca quien le participó su protección, aunque demorase en tiempo mediatizado por el largo viaje y las indisposiciones. Su apocamiento y timidez, le obligaron a tomar posesión el 18 de junio de 1784, y tras los estudios de López Calo, se asegura la exquisita fidelidad durante casi cuarenta años de magisterio excepto en contadas excepciones que se vio obligado a ejercer labores en algunas oposiciones de catedrales vecinas o en tribunales de oposiciones, como en Madrid y Huelva, en 1794, con motivo de haberse muerto su padre  y un familiar suyo.

Se dedicó también a la docencia de los niños del coro y otras ocupaciones solemnes como la composición de música para el culto de la Catedral y la dirección de la Capilla, además de la correspondiente orquesta, idea que se refleja en su bellísima caligrafía resaltando su atención a los aspectos melódicos, partituras que encuadernaba después de copiar en limpio.

Tras el viaje a Madrid, de 1794, por aquellos motivos estrictamente familiares, tuvo una impresión decisiva en su evolución artística a consecuencia de su puesta en contacto con el mundo del clasicismo, después de su evidente formación en el espacio tardo-barroco, recibiendo las influencias de músicos como Haydn y Mozart, quedando impresionado por las nuevas tendencias con obras de una factura elegante y magníficamente construidas, cuyo ejemplo podrá ser la Gran Misa de Requiem, que compuso en 1799, que impresionó al Cabildo quien dispondrá que quedase destinada para los funerales de los canónigos, de su obra se encuentran copias en las Catedrales de Tui y Mondoñedo. También sus villancicos merecen importante consideración destacando los dos tipos en reparto: los que tienen forma de sencillas arias para solista o los destinados a coro con acompañamiento orquestal.

Obras de mérito, serán el Libro de órgano; algunos salmos y el Magnificat, para coro y orquesta; el Libro de Polifonía Sacra Galega; el motete para contralto, trompa obligada (en realidad las dos trompas son obligadas), y orquesta; el Jubilate Deo especialmente querido por el autor y misas como Beati mortui qui in Domino morintur, a las que culmina esta Missa Solemnis Unus Deus, a ocho voces, con acompañamiento instrumental de 1798.

Para el programa del día, el protagonismo tanto del coro como en especial de los solistas en mayor grado: Nuria Leiro y Sofía Rodríguez (sopranos), Guillermina Gallardo y Adriana Varela (contraltos), los tenores Sergio Malvar y Carlos Mago, y los bajos Pablo Nieves y Lucas López, bajo la dirección de Javier Fajardo, para obras que ocupan un rango que preferentemente se concede a los coralismos sinfónicos que abarcan desde los tardobarrocos y los romanticismos de plenitud.

Ramón García Balado 

LXVIII Curso U.I. de Música en Compostela

Coro y Joven Orquesta de la Sinfónica de Galicia

Igrexa de San Martiño Pinario

Santiago de Compostela 

Foto © Xaime Cortizo

https://www.ritmo.es/auditorio/critica-musica-en-compostela-maestros-de-capilla-en-su-legado-por-ramon-garcia-balado 

16/08/2026

Darío Mariño, clarinetista en el XIV Festival Groba

 Auditorio Reveriano Soutullo, Ponteareas


Darío Mariño
será solista en obras de Rogelio Groba y D.Milhaud, en el Auditorio Municipal Reveriano Soutullo, de Ponteareas- día 20, a las 21´00 h-, dentro de las actividades del XIV Festival Groba, de Ponteareas, en una sesión en la que también tendremos el Cuarteto con piano nº 3, en Do m. Op. 60, de Johannes Brahms, un clarinetista con formación en la Hochschule Hanns Eisler (Berlin), y la Karajan As., con Walter Seyfart, completando en la Ac. Gustav Mahler de Italia y el Festival Int. de Santander, en el Zetmatt Fest (Suiza), y el Pacific Music Fest PMF, en donde amplió con Gerald Pachinger, Alexander Bader, Ricardo Morales y Peter Schmidl, trabajando con directores como Claudio Abbado, Simon Rattle, N. Jarvi, Gergiev, Barenboim, C. Thielemann, Blomstedt, Mehta, B. Haitink, P. Boulez, Leif Ove Andsen, el añorado Stephan Picard- titular de la Cátedra de violín, en el Curso de Música en Compostela-, Radovan Vlakovich, Amihai Grosz, Gay Braunstein, Paul Rivinius o Julia Okruashvili, fue miembro fundador del Natalia Ensemble, y colabora con la O.F. de Berlín, siendo solista en el Scharoun Ensemble, de la O.F. de Berlín, y otras formaciones como la Hamburger Symphonie, la NDR Elbphilharmonie, la WDR Sinfonieorchester Köln, o teatros como los de la Deutsche Oper, la Komische Oper Berlin, o el Nationaltheater Mannheim.

Rogelio Groba, maestro al que se dedica el certamen, tendrá en atriles la Sonata para clarinete y piano, (Reminiscencias), en manos de Darío Mariño y el pianista Vicent Tohler, género camerístico que fue suscitando el interés de compositores gallegos en sus distintas modalidades en este contexto, interesando a compositores como Jesús Bal y Gay, Carlos López García- Picos, Paulino Pereiro, Juan Durán, Margarita Viso, Octavio Vázquez, Fernando Buide, Juan Eiras, Eligio Vila, Luís Carro, Carlos Cambeiro, siempre a lo largo de sus correspondiente carreras, lo que facilita seguirles en las necesarias programaciones de temporada, auspiciadas por los entes de sobrada consideración y especial seguimiento en las de este Festival Groba. De Rogelio Groba Groba, nos quedan todavía un par de obras para culminar el certamen, en esta caso con la Orquestra de Cámara Galega, dirigida por su titular y fundador Rogelio Groba Otero, con la novedad  de la Soatiña, en versión de 2026.

 Darius Milhaud, tendrá la Suite para violín, clarinete y piano Op. 157 b, en la interpretación de Alexandra Tirsu (violín), Dario Mariño (clarinete) y Julien Quentin (piano), el capítulo de sus tríos de este marsellés integrante del prestioso Group de Les Six, dinamizador de las corrientes de vanguardia en la Francia de hace un siglo y que no dudaría en probar experiencias viajeras por Estados Unidos, llegando a instalarse en Oakland (California), en donde realizaría importantes iniciativas pedagógicas hasta 1974, antes de regresar a su París en donde mantendría labores de similar talante, compaginables con su trabajos creativos y de intérprete, destacando por su proverbial ingenio dentro de esos ámbitos que le convertirán en un verdadero bastión de la música de su tiempo, lo que podría a calificarle como un poeta musical de propuestas innovadores, sin necesidad de enmarcarse en una vanguardia de riesgos de exigencias llevadas a los límites absolutos, teniendo en cuenta que sus maestros habían sido Xavier Leroux (en armonía) y André Gédalge (en contrapunto). La Suite para violín, clarinete y piano Op. 157b, había sido editada por Salabert, siendo una composición que traslada sus orígenes a la música escénica, compuesta en el año 1936, en una solicitud de Serge Pitoeff, para la obra escénica de Jean Anoullh, El viajero sin equipaje, destinada para una forma en su planteamiento instrumental de parecida estructura que La historia del soldado, de Igor Stravinski, y que tendría su primera audición el 19 de enero de 1937, en París, con el concurso del pianista Jacques Fébrier, repartiéndose en los tiempos que parte de una Ouverture, de color luminoso y resplandeciente, un Divertissement, en el que dialogan el clarinete y el violín; un Jeux repartido entre el clarinete y el piano, en una actitud ardorosa, antes de abocarse a la Introduction et Finale que nos traslada a una especie de Ronda que cierra en forma de conclusión.ç

Johannes Brahms-Cuarteto con piano nº 3, en Do m. Op. 60- del que serán intérpretes Alena Baeva y Mathieu Herzog, violines; Kyril Zlatnikov, viola y Julien Quentin, piano. Obra en cuatro tiempos: Allegro non troppo; Scherzo: Allegro; Andante y Finale: Allegro comodo , obra que a primera vista puede parece un cuarteto tardío, esbozado en 1855 y que fue retomado más tarde, en 1861, época de los dos cuartetos con piano, para ser revisado detalladamente con perfiles detallistas en el periodo de 1875, estudiosos habrá que establezcan incluso el orden de sus movimientos, asignando al Scherzo, en año 1855 o el Andante al bienio de 1874/ 5; el Allegro Final, podría acercarse a 1875, y la versión definitiva pudo ser completada durante el período estival transcurrido en Ziegelhausen, un apacible pueblo cercano a Heidelberg, siendo este cuarteto con elementos en común con su apreciado Trío Op. 8, obra especialmente apreciada por los músicos especialistas en repertorios camerísticos, una obra, la de este cuarteto, que podrá sorprendernos por lo que tenga de confesión, teniendo en cuenta que el músico frisaba la cuarentena y que tendría entonces la confianza de Simrock para su publicación. Obra que sobresale por su libertad y su aparente capacidad de evadirse, en el trato de cada uno de los tiempos, por lo que su vigencia mantiene su frescura e imaginación, con una exuberancia tumultuosa gracias al dominio de su escritura, y la disciplina contrapuntística. Para el compañero Joseph Joachim, tras una meditada confesión, confesaría: He examinado el Cuarteto con renovada alegría. He apreciado la austera severidad del Allegro non troppo, tiempo inicial y la íntima profundidad del Andante, tercer tiempo, o la hiriente pasión del Allegro comodo…!Qué audacia, qué genialidad de combinaciones! Un cuarteto asombroso. Para Rostand, el Op. 60, ha sido muy discutido bajo el pretexto de que se apoya demasiado en los esquemas clásicos. La verdad es que esta partitura no es ni siquiera clásica ni tiene en cuenta las reglas tradicionales.

Ramón García Balado

El barítono Samuel Hasselhorn y el pianista Daniel Heide en el XII Festival Bal y Gay

  Basílica de San Martiño, de Foz Gala schubertiana con Die schöne Müllerin en la voz del barítono Samuel Hasselhorn acompañado por el pia...