Palacio de la Ópera, A Coruña
Concierto del argentino Nelson Goerner interpretando el Concierto para piano nº 2, en Fa m. Op 21, de F.Chopin dirigido por Fabien Gabel, en el Palacio de la Ópera de A Coruña- día 6, a las 20´00 h-, en una sesión que incluye la obertura Manfred Op. 115, de Robert Schumanny la Sinfonía nº 4, en Mi m. Op. 98, de Johannes Brahms. Goerner tuvo como maestros a Jorge Garrubba J.C. Arabian y Carmen Scalcionne, alumnos de Vicente Scaramuzza, y debutó en el Teatro Colón, de Buenos Aires, con el Concierto nº 1, de Franz Liszt, recibiendo una beca CIMAE/Mozarteum Argentina, para estudiar en Europa, con María Tipo, recibiendo el Primer Premio del Concurso Internacional de Ginebra. Asistió a citas en certámenes como los convocados en Schleswig-Holstein; Verbier, Frankfurt, Lucena, L´Roque d´Antheron o Jacobins (Toulousse). Fue dirigido por Armin Jordan, Neeme Jarvi, Vassily Sinaiski, Fabio Luisi o Frübeck de Burgos, además de colaborar en repertorios camerísticos con el Cuarteto Takács, Gery Hoffmann, Misa Maisky, Natalia Gutman, Janine Jansen o Renard Capuçon. Recibió un Diapason d´Or, por su registro con obras de Chopin. Fabien Gabel, fue merecedor del prestigioso Donatella Flick, de dirección (2004), y en su trayectoria dirigió formaciones como la Orchestre Symphony Quebec (2001/4), la Orchestre François des Jeunnes y la O. Tonkustler, desde 2023.
Robert Schumann-obertura Manfred Op. 115-, obra posterior a la composición de su ópera Genoveva, de la que también se tomará su obertura como pieza de concierto, usa pasajes escogidos de la misma para configurar una especie de poema dramático, a partir de la poética de Lord Byron, siempre sujeta a la pasión al borde de la locura y los estados de desequilibrio, tomando una serie de diez números y cuya primera audición se dará el 14 de marzo de 1852, esperando un período hasta la realización de la ópera bajo la dirección de F. Liszt, que se ofrecerá en Weimar y que cara a la posteridad, sólo la obertura sobrevivirá como pieza de interés. Goza de un estilo de forma sonata partiendo de un Allegro, tras una introducción lenta con detalles cromáticos, que facilita un tema vehemente, que nos presenta a Manfred con un ataque en el que el tempo se precipita, hasta un segundo tema que anuncia la entrada de la continuación- la llamada de Astarté-, en su carrera ascendente. Un amplio desarrollo, que se traduce en una seductora frase descriptiva, preparando una coda apacible en un diminuendo colectivo dolorosos ritmos sincopados de descriptivos cambios dinámicos. Una orquestación sombría recrea una atmósfera febril y angustiosa, en modo menor, y talante fatalista, que describe a nuestro héroe Manfred.
Chopin-Concierto para piano nº 2, en Fa m. Op. 21-, estrenado en Varsovia por el propio autor, el 10 de diciembre de 1823, en el Teatro Nacional bajo la dirección de Karol Kurpinski, fue dedicado a la condesa Delfina Potocka, aunque puede tratarse de un canto de amor a la joven cantante Konstancja Gladkowska, compañera suya en el Conservatorio, con la que mantenía una profunda relación afectiva, en una de aquellas búsquedas pasionales mantenidas en secreto, y en la que nacería la composición del Adagio. Tres tiempos en canónica disposición concediendo al teclado un protagonismo absoluto, distanciándose del modelo establecido por el clasicismo típico mozartiano, manteniendo la forma establecida por músicos como Hummel, J.Field, Kalkbrenner o Moscheles, dentro de un criterio en el que la orquesta propone los dos temas principales- más lírico el segundo, en Maestoso-, preparando la concesión absoluta al piano como solista. El Adagio, se prepara con una delicada entrada orquestal, dejando el espacio para el piano, entre efectos de un florido estilo ornamental, propio de su discurso sonoro, en este ensoñador tiempo, que nos lleva desde lo imaginativo o lo típicamente improvisador. Será Liszt quien comente que el autor tenía una marcada predilección por este movimiento, llevando a interpretarlo de forma independiente en muchas de sus veladas en privado. Destaca por la alternancia con un recitativo en tono menor que resulta como una antiestrofa, una idea de perfección subjetiva, entre radiante y plena. El Rondó, resulta en su esencia un genuino estudio chopiniano, y que se enmarca con un aire de mazurka, cercana al vecino vals, una especie de danza campesina polaca con su característica alternancia de acentos en el segundo y en el tercer tiempo del compás. Una métrica que se recrea de forma evidente en obras posteriores bajo el reclamo de scherzando siempre remarcado por el detalle de rubato.
Johannes Brahms- Sinfonía nº 4, en Ni m. Op. 98- compuesta en Mürzzuschlag (Estiria) entre 1884/ 5, en su madurez sublime, formando cuerpo del legado sinfónico repartido en grupos de dos, en este caso tras su regreso de una gira breve, acompañado por Hermine Spies, una apreciada cantante de Lieder y mientras abordaba precisamente el corpus de obras de este estilo. Asistimos por otra parte, a la agotadora comparación con el sinfonismo de Beethoven, en tan curiosa dupla, carnaza de curiosos y aficionados, por esa extraña asimilación de vinculaciones. El Allegro non troppo, reparte dos temas principales y cuatro ideas secundarias, derivadas del tema principal, siendo célebre el tema doliente y anhelante basado en un lejano tema de chacona que domina todo el movimiento, confiriendo una necesaria tensión grave y latente con su inmensa riqueza de recursos, añadiendo una tercera idea aportada por su espíritu de fanfarria, a cargo de la sección de vientos, para este desarrollo riguroso logrando la unidad requerida para su conformación de trazo. El Andante, se elabora sobre dos temas que se alternan separados por un intermezzo y teniendo al corno como instrumento primordial, precisamente por su colorido expresivo, para entrar en diálogo con las maderas, siendo el primer tema de singular nobleza y rigidez, en una estructura sobre modulaciones arcaicas en modo frigio y un segundo tema vital con una bella cantinela lírica y solemne confiada al chelo, con respuesta de fagotes y violas, un conjunto melancólico, tierno y misterioso hábilmente elaborado. El Allegro giocoso, se encuadra en la forma de scherzo por su desenvoltura y su forma. Una entusiasta alegría desde un Do M. enérgico absoluto, se potencia por la propia orquestación robusta, preparando un pasaje lírico que reclama un episodio de continuación más frágil y gracioso, afirmado por una coda que hace valer una irresistible fantasía. El Finale propone una profundidad acentuada de personal estilo expresivo, anunciado por acordes graves de la sección de vientos, en los que nos encontramos con la conocida chacona, elaborada sobre un tema de ocho compases, una idea similar a la conocida de Johann Sebastian Bach, en su cantata Meine Tage in den Leiden, el tema comienza a circular por los diversos registros de toda la orquesta, creando un cuerpo de treinta y cinco variaciones, que ayudan a todo el potencial rítmico, melódico y armónico, del conjunto orquestal.
Ramón García Balado




