Conservatorio Profesional de Música, Santiago de Compostela
Concierto en el Conservatorio Profesional de Música con alumnos del LXVIII Curso U.I. de Música en Compostela, cuarto de la serie- día 12, a las 17´00-, jugando a la sombra del eclipse, y todo un entretenimiento para los protagonistas, velada que como las anteriores y en ese centro, han sido posibles gracias a la colaboración de José Manuel Dapena, tanto en actividades docentes como concertísticas. De las Cátedras de piano de Josep María Colom y Patrin Barredo, comenzando Daniel Carmona, con Evocación, de la Suite Iberia, de Isaac Albéniz, del Primer cuaderno, en una dedicatoria a Mme Jeanne Chausson, un detalle de puras esencias en forma de preludio que nos sugiere una estilo de copla lejana, con aspectos añadidos de jota. Pilar Marijuán, aporta la suite de danzas Op. 15, de Alberto Ginastera, una forma de danzas criollas dedicadas a Rudolf Firkusky, y que se reparte en cinco espacios, Adagietto pianissimo; Allegro rustico; Allegretto cantabile; Calmo e poetico; Scherzo y Coda (presto), suite que tendría una buena acogida por la crítica especializada, en la que también tendría consideración Xavier Montsalvatge, considerándolas piezas de notable carácter en el repertorio de sus trabajos para el instrumento. Frederic Mompou, tan querido en nuestro curso, reserva la Canción y danza, nº 6, en manos de Irene Pérez de Miguel, grupo de piezas cercanas las Impresiones íntimas o a las Fiestas lejanas, y Suburbis, en esta pieza un ejercicio del libre invención que se diferencia sustancialmente de la presente, todas ellas dotadas de un hálito de gracia irresistible, aspecto que redunda en beneficio de los intérpretes, de ahí su elección común en conciertos de solista, por sus perfiles impresionistas. Jorge Martínez, se decide por las Valses poéticos, de Enric Granados, el compositor en su etapa viajera que le ocupará los años que van desde 1892 y 1895, mientras se presentaba a la Cátedra del Conservatorio que desafortunadamente perdería, aprovecharía su estancia en Madrid, para buscarse un hueco en el Salón Romero y componer dos obras camerísticas nada desdeñables, el Quinteto Op. 49 y el Trío Op. 50, dejando a medio camino estos delicados Valses poéticos, antes de regresar a Barcelona, para participar en la Sociedad de Conciertos, en el Teatro Lírico, para interpretar la Symphonie espagnole sur un thème montagnard, de Isaac Albéniz, poco le faltaría para probar aventuras con Matthiu Crickboom, encumbrándose artísticamente en estos valses poéticos dándolos a conocer en la Sociedad Musical de Barcelona, por el ilustre Lamote de Grignone, compartiendo programa con otras obras suyas, entre las que figuraba la Suite sobre cantos gallegos y la Marcha de los vencidos. Daniel Carmona e Irene Pérez, no renunciarán a la Danza de la vida breve (versión a cuatro manos), obra que por sí misma da un gran juego en lo relativo a sus posibilidades y que Manuel de Falla no renunciaría a revisar, a la vista de sus posibilidades tras su puesta en escena como drama lírico ofrecido en Niza, el uno de Enero de 1913, en el Casino Municipal antes de presentarse en París poco después, hacia finales de aquel año, en L´Opèra Comique, dirigida por Franz Ruhlmann´
Del aula de chelo, de María de Macedo y de José Enrique Bouché, Laura Ríos Sanz, española de procedencia, que tomará la Romanza, de El Primer Amor, de Eduardo López Juarránez (1844/97), compositor y oboísta que había estudiado con Grossi, y armonía, con Galiana , para ampliar composición con Arrieta, llegando a ser profesor en la Sociedad de Conciertos, para la que compuso el Andante, para cuerdas y otras obras conservadas en la Biblioteca Nacional del Conservatorio de Madrid, obras como Concertante Instrumental a grande orquesta; la Melodía fúnebre; el Recuerdo de las víctimas del Ebro; Minerva, además de publicaciones de intención divulgativa. Del Aula de Guitarra, de José Mª Gallardo del Rey, Lucía Terán López, con las Tres Piezas Españolas, de Joaquín Rodrigo, el reconocido neocasticismo resuelto a partir de un Fandango y una Passacaglia, para que Marcos Álvarez González, nos entretenga con la Suite Compostelana, de Frederic Mompou- Preludio; Coral; Cuna y Muiñeira, obra de inspiración gallega dedicada a la guitarra y escrita en 1962, poco después de Carros de Galicia, en una dedicatoria a Andrés Segovia, quien a su vez, pertenecía al cuerpo docente del Curso de Música en Compostela, centro de reunión de grande artistas, como decía el biógrafo Roger Prevel.
Del Aula de Canto & Cátedra de Composición, María José Montiel y Fernando Buide, un ramillete de curiosidades en promicia por orden de interpretación: Marina Román- Noiturno do adoesente morto, de José Antonio Tolosa; Nuria Sánchez- Romaxe de Nosa Señora da Barca, de Millán Miguel Torre Castro-; Paula Zambrano- Madrigal a cibdá de Santiago, de Diego Arévalo Codeseira y José Antonio Tolosa- Danza da lúa de Santiago, de Nuria Sánchez. Del aula de Canto de María José Montiel, cuatro perlas de no menor interés. Marian Gómez, con Lágrimas mías, de la zarzuela de Pedro Miguel Marqués García (1843/1918), obra estrenada el 7 de noviembre de 1878, una especie de drama lírico que tendría gran éxito y cuya acción transcurría en Noruega, en un estilo de gran formato que incluso llegaría a conocer una parodia en el Teatro Recreo. Obra nacida a través de un libreto de Vázquez y Dupuis, llegando a ser representada más de setenta veces en el Teatro de La Zarzuela de Madrid , para saltar a Latinoamérica, con similar éxito. La presentación española, tendría como dedicatario a Rosendo Dalmau. Lara Hüsges, prueba con La Petenera, romanza de La Marchenera, de Federico Moreno Torroba, zarzuela en tres actos con libreto de Ricardo González de Toro y Fernando Luque, estrenada en el Teatro de La Zarzuela, el 7 de abril de 1928, aunque su libreto no lograse una altura deseada. José Estrada, nos brinda Guarda una flor, de Melesio Morales (1838/ 1908). Para el acompañamiento, los detalles siempre cuidadosos de Itziar Barredo, al piano.
Ramón García Balado


