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02/11/2026

Una Tosca sin resquemores

 A Coruña - 22/10/2026


Tosca
de Puccini volvía esta vez tras la producción ofrecida en la temporada del año 2000, en ese mismo lugar y en la que destacaron como solistas Margarita Lister (Tosca), Francisco Casanova (Mario Cavaradossi), Joan Pons (Barón Scarpia), con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Kamal Khan, en una producción del propio festival.

Para esta cita, con una producción de la Opéra del Théâtre Métropole, de Metz, contamos con Miren Urbieta-Vega (Tosca), presencia esperada de esta cantante y reconocida por su asunción del personaje, gracias a su dominio de este rol, dentro un equilibrado tratamiento de acentos intensos y su mordente expresivo en beneficio de las agilidades requeridas; Ragga Eldin (Cavaradossi), tenor con centro amplio que sugería los dominios propios de un tenor di forza, Carlos Álvarez (Scarpia), la veteranía de este cantante que siempre supo encarnar los dramatismos exigidos por repertorios veristas, repartidos entre óperas como la ofrecida, cercana si cabe a cargados de dramatismo penumbroso y Javier Agudo (Angelotti), completando los roles señeros, un bajo de rocosas aristas para encumbrar las agudas exigencias, a los que se añadían Valeriano Lanchas (Sacristán), Enrique Martínez (Spoletta), Pedro Martínez Tapia (Sciarrone), Daniela Quiza (pastor), Antonio Facal (Carcelero), junto al Coro Gaos, de Fernando Briones y el Coro Cantabile de Pablo Carballido y la OSG, dirigida por Paul Êmile Fourny, conocedor por lo seguido del enfoque otorgado a esta Tosca, y una puesta escénica de Patric Méeüs, una ambientación que se movía en tiempos del Art Déco, ciertamente intemporal, próxima al Estilo Imperio, el vestuario de Giovanna Fiorentini, entremezclados con un complemento figurativo de la Escuela de danza Druida.

Puccini tuvo conocimiento de la Tosca teatral de Victoriene Sardou a comienzos de 1889, en los Filodramáticos de Milán, en interpretación de la mítica Sara Bernhardth, que daría pie a incontables especulaciones, calando profundamente en su interés, lo que motivo la tentación de convertirla en ópera, probando a ponerse en contacto con Giulio Ricordi y con quienes serían sus libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Otra experiencia anterior sobre esta obra nos llevaría a un trabajo de Alberto Franchetti, compositor unido a esa causa tras haber realizado dos óperas de cierto éxito: Asrael y Cristoforo Colombo, quien definitivamente claudicaría y la première pucciniana se ofrecería en el Teatro Constanzi (Roma), en enero de 1900, con las voces de Hariclée Darclé y los italianos Emilio de Marchi y Eugenio Giraldoni, con dirección de Leopoldo Mugnone, con un éxito dudoso antes de recibir la consiguiente aceptación en producciones posteriores.

Luigi Illica (1857/1911), que había formado grupo con Arrigo Boito, llegó a escribir casi un centenar de libretos, cuatro para Puccini, entre los que se encuentran La Bohème, Mme Butterflfy o Tosca, mano a mano con Giuseppe Giacosa (1847/ 1906). Sardou acabaría alabando sus trabajos, gracias al tratamiento que sabría darle, con la reducción de los cinco actos a tres, logrando la unidad de un texto bien tramado y condénsalos en los acontecimientos de un solo día, luchas de conflictos sociales y amorosos. El mundo del momento no sonaba tan armónicamente como le hubiese gustado al compositor, para quien el trabajo no podía demorarse: Veo en esta Tosca una ópera que parece escrita especialmente para mí; no es excesivamente larga y es dramáticamente eficaz, permitiendo una música plena, escribió a Giulio Ricordi.

El ambiente de su Tosca, no es ni romántico ni lírico, sino apasionado, penoso y oscuro. Aquí no se trata de buenos hombres amables, sino de miserables y mezquinos personajes como Scarpia y Spoletta. Cavaradossi, el fugitivo, está enamorado de la bella Tosca, y Scarpia le hará torturar en presencia de la Diva. Puccini no dudó en reducir los cinco actos a tres. En lugar de 23, fueron reducidos a nueve los personajes. Los tres famosos: Tosca, Cavaradossi y Scarpia, entre los que culmina el drama y junto a ellos, el estudio del grotesco-cómico Mesner y el desdibujado Angelotti, al que se olvida después del Primer acto. Se afirma insistentemente que Tosca supone una aceptación secreta del verismo, un compromiso con el estilo de Cavalleria o Andrea Chénier, una concesión posible. Música teatral en grado sumo, la impresionante tragedia amorosa se desenvuelve entre los pliegues de una pompa sombría y solemne de un floreciente sonido melodioso, de pulso ardiente y fuerza diabólica. Pero junto a lo estridente y sórdido, se acompaña la belleza de una religiosidad totalmente ingenua que recorre la ópera. El antagonismo entre una acción que sobresalta el estado hipersensible, ofrece una música que se extasía entre melodías subyugantes, contando con la presencia del elemento femenino que posee, y que recuerda el lirismo de otras óperas suyas.

Tres actos, primero en la Iglesia de Sant’Andrea della Valle, que nos presenta al pintor Cavaradossi, que descubre oculto a Cesare Angelotti, cónsul de la República de Roma, perseguido por razones políticas tras evadirse de presidio, recibiendo la promesa del pintor de ayudarle, antes de aparecer Tosca, amante de Mario, y acordar ambos una cita para la noche. El anuncio de una victoria sobre Napoleón, atrae a los paisanos mientras en el templo se canta un Te Deum. Surge Scarpia, el pérfido policía que está obsesionado con Tosca. Según acto, en el despacho de Scarpia, en el Palacio Farnesio, pertenece a la tortura a la que es sometido Cavaradossi, tras su detención, siendo Tosca, forzada a presencia la amarga sesión de tortura, situación que no podrá  resistir, por lo que jura salvarle, aceptando las humillantes tentaciones de Scarpia. El Tercer acto- Castillo San’t Angelo-, Cavaradossi escribe una carta de despedida a Tosca, que aparece confesándole que la anuncia ejecución será simulada, lo que les permitirá huir. Los acontecimientos se precipitan ya que el fusilamiento será real, y cuando Tosca se acerca comprende que fue engañada. La diva se acerca a Scarpia, para vengarse con el asesinato del causante de tanta desgracia, supuestamente secundado por sus esbirros, y definitivamente Tosca se arroja al foso desde lo alto del parapeto.

Scarpia, quien desencadena la mayoría de los acontecimientos, se mueve como el amo absoluto, es un despiadado perseguidor de oponentes políticos liberales, al que se describe con los peores rasgos, tanto por Sardou como por propio Puccini. Su turbia personalidad queda esbozada desde el comienzo de la ópera. Tosca, es mujer apasionada, celosa, de carácter delicado que ya descubrimos en otras óperas, una figura desmedida que reclama un auténtico papelón. Frente a ellos, Cavaradossi, una pobre víctima que su único y aparente delito, será el de querer ayudar al fugitivo Angelotti, un juguete entre el amor de ella y la perversión libidinosa de Scarpia. El tratamiento orquestal y armónico de Puccini, queda incorporado a la acción, otorgándole un tejido cromático y una indefinición tonal, que busca y logra con singular pericia.

Entre los números- Recordita armonía, del Primer acto-, un estilo de romanza, tras un breve diálogo Cavaradossi, compara la figura que aparece, que le recuerda a la marquesa Attavant, hermana de Angelotti. Un canto lánguidamente sutil con un aria que concluía en un tenso Si b. Vissi d´ arte- Segundo acto-, súplica de Tosca, sobre una actitud de reproche contra sí misma, una especie de recitativo con una línea melódica acompañada a contratiempo, un desliz que se convierte en una súplica de exclamación con un hiriente Si b agudo. E lucevan le stelle- Acto tercero- lamento desesperado del que se siente condenado cuando más le aprieta el deseo; un recitativo secundado por el clarinete que nos traslada a una época pasada, con Oh, dolci baci! mágica melodía que abre y cierra el acto, evocando en la repetición un lamento y el grito contra la propia suerte: ¡Muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!, una ascensión entre sollozos.  El fluir continuo se reafirma en el dúo inicial Quale occhio al mondo può star di paro- Cavaradossi suavizando los celos de Tosca, una entrega absoluta de los amantes. El Te Deum, fin del Primer acto, un apunte efectista en la voz de los presentes, con el repicar de las campanas, en oposición al canto de Scarpia. Cavaradossi aportaba en el segundo acto un detalle de lucimiento en Vittoria!, pórtico de una cabaletta que reclamaba la libertad enfrentándose a Scarpia. El preludio del Tercer acto, nos descubría al Puccini paisajista y melodista, con un fondo de campanas, destacando en el Acto el dúo de los protagonistas que cantan antes de la escena de fusilamiento, con su dúo O dolci mani, mansuete e pure, el momento fatídico o quizás el canto triunfal que entonaban esperanzados, bien secundados por la orquesta.

Ramón García Balado

 

LXXIV Festival Amigos de la Ópera, de A Coruña

Puccini, Tosca

Mirem Urbieta-Vega, Raaga Eldin, Carlos Álvarez, Javier Agudo, Valeriano Lanchas, Daniela Quiza, Enrique Martínez, Pedro Martínez Tapia, Antonio Fatal.

Orquesta Sinfónica de Galicia / Oliver Díaz.

Coro Gaos / Fernando Briones. Coro Cantabile / Pablo Carballido.

Dirección escénica / Paul-Émile Fourny

Producción Opéra-Théâtre Métropole de Metz

 

Foto © Alfonso Rego

https://www.ritmo.es/auditorio/critica-una-tosca-sin-resquemores-por-ramon-garcia-balado 

19/10/2026

Puccini: Tosca para el LXXIV Festival de Amigos de la Ópera, de A Coruña

Palacio de la Ópera, A Coruña


Tosca
de Puccini vuelve esta vez al LXXIV de Amigos de la Ópera de A Coruña,- días 22 y 24 a las 19´ 00 h-, tras la producción ofrecida en la temporada del año 2000, en ese mismo lugar y en la que destacaron como solistas Margarita Lister (Tosca), Francisco Casanova (Mario Cavaradosi), Joan Pons (Barón Scarpia), con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por Kamal Khan, en una producción del propio festival. Para esta cita, con una producción de la Opéra del Théâtre Métropole, de Metz, contaremos con Miren Urbieta-Vega (Tosca); Ragga Eldin (Cavaradosi), Carlos Álvarez (Scarpia), Javier Agudo (Angelotti), Valeriano Lanchas (Sacristán), Enrique Martínez (Spoletta), Pedro Martínez Tapia (Sciarrone), Daniela Quiza (pastor), Antonio Facal (Carcelero), junto al Coro Gaos, de Fernando Briones y el Coro Cantabile de Pablo Carballido y la OSG, dirigida por Paul Êmile Fourny y una puesta escénica de Patric Méeüs y vestuario de Giovanna Fiorentini.

Puccini tuvo conocimiento de La Tosca teatral de Victoriene Sardou a comienzos de 1889, en los Filodramáticos de Milán,  en interpretación de la mítica Sara Bernhardth, que daría pie a incontables especulaciones calando profundamente en su interés,  lo que motivo la tentación de convertirla en ópera, probando a ponerse en contacto con Giulio Ricordi y con quienes  serían sus libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Otra experiencia anterior sobre esta  obra nos llevaría a un trabajo de Alberto Franchetti, compositor unido a esa causa tras haber realizado dos óperas de cierto éxito: Asrael y Cristoforo Colombo, quien definitivamente claudicaría y la première pucciniana se ofrecería en el Teatro Constanzi (Roma), en enero de 1900, con las voces de Hariclée Darclé y los italianos Emilio de Marchi y Eugenio Giraldoni, con dirección de Leopoldo Mugnone, con un éxito dudoso antes de recibir la consiguiente aceptación en producciones posteriores. Luigi Illica (1857/1911), que había formado grupo con Arrigo Boito, llegó a escribir casi un centenar de libretos, cuatro para Puccini, entre los que se encuentran La Bohème, Mme Butterflfy o Tosca, mano a mano con Giuseppe Giacosa (1847/ 1906). Sardou acabaría alabando sus trabajos, gracias al tratamiento que sabría darle, reduciendo los cinco actos a tres, manteniendo la unidad de un texto bien tramado y condénsalos en los acontecimientos de un solo día, luchas de conflictos sociales y amorosos. El mundo del momento  no sonaba tan armónicamente como le hubiese gustado al compositor, para quien el trabajo no podía demorarse: Veo en esta Tosca una ópera que parece escrita especialmente para mí; no es excesivamente larga y es dramáticamente eficaz, permitiendo una música plena, escribió a Giulio Ricordi. El ambiente de su Tosca, no es ni romántico ni lírico, sino apasionado, penoso y oscuro. Aquí no se trata de buenos hombres amables, sino de miserables y mezquinos personajes como  Scarpia y Spoletta. Cavaradossi, el fugitivo, está enamorado de la bella Tosca, y Scarpia le hace torturar en presencia de la Diva.  Puccini no dudó en reducir los cinco actos a tres. En lugar de 23, fueron reducidos a nueve los personajes. Los tres famosos: Tosca, Cavaradossi y Scarpia, entre los que culmina el drama y junto a ellos, el estudio del grotesco-cómico Mesner  y el desdibujado Angelotti, al que se olvida después del Primer acto. Se afirma insistentemente que Tosca supone una aceptación secreta del verismo, un compromiso con el estilo de Cavalleria; o Andrea Chénier, una concesión. Música teatral en grado sumo, la impresionante tragedia amorosa se desenvuelve entre los pliegues de una pompa sombrío- solemne de un floreciente sonido melodioso, de pulso ardiente y fuerza diabólica. Pero junto a lo estridente y sórdido, se acompaña la belleza de una religiosidad totalmente ingenua que recorre la ópera. El antagonismo entre una acción que sobresalta el estado hipersensible, la música se extasía entre melodías. La presencia del elemento femenino que posee, recuerda el lirismo de otras óperas suyas.

Tres actos, primero en la Iglesia de Sant´ Andrea della Valle, que nos presenta al pintor Cavaradossi y que  descubre oculto a Cesare Angelotti, cónsul de la República de Roma, perseguido por razones políticas  tras  evadirse de presidio, recibiendo la promesa del pintor de ayudarle, y poco después aparece Tosca, amante de Mario y ambos acuerdan una cita para la noche. El anuncio de una victoria sobre Napoleón, atrae a los paisanos mientras en el templo se canta un Te Deum. Surge Scarpia, el pérfido policía que está obsesionado con Tosca.  Según acto, en el despacho de Scarpia, en el Palacio Farnesio, acusado de esconder a Angelotti, Cavaradosi, es sometido a tortura, mientras que Tosca, invitada a la sesión de tortura, no puede resistir esa situación, jurándose salvarle, acepta las tentaciones de Scarpia. El Tercer acto- Castillo San´t Angelo, Cavaradosi escribe una carta de despedida a Tosca, quien aparece confesándole que la anuncia ejecución, será simulada, lo que les permitirá huir. Los acontecimientos se precipitan ya que el  fusilamiento será real, y cuando Tosca se acerca comprende que fue engañada. La diva se acerca  a Scarpia, para vengarse con el asesinato del causante de tanta desgracia, supuestamente secundado por sus esbirros, y definitivamente Tosca se arroja al foso desde lo alto del parapeto.

Scarpia, quien desencadena la mayoría de los acontecimientos, se mueve como el amo absoluto, es un despiadado perseguidor de oponentes políticos liberales, al que se describe con los peores rasgos, tanto por Sardou como por propio Puccini.  Su turbia personalidad queda esbozada desde el comienzo de la ópera.  Tosca, es mujer apasionada, celosa, de carácter delicado y que ya descubrimos en otras óperas, una figura desmedida que reclama un auténtico papelón. Frente a ellos, Cavaradossi, una pobre víctima que su único y aparente delito, será el de querer ayudar al fugitivo Angelotti, un juguete entre el amor de ella y la perversión libidinosa de Scarpia. El tratamiento orquestal y armónico de Puccini, queda incorporado a la acción, otorgándole un tejido cromático y una indefinición tonal, que busca y logra con singular pericia.

Entre los números- Recordita armonía, del Primer acto- tras un breve diálogo con Cararadossi, compara la figura que aparece que recuerda a la marquesa Attavant, hermana de Angelotti. Un canto lánguidamente sutil con un aria que concluye en un tenso Si b.  Vissi d´ arte- Segundo acto-, súplica de Tosca, sobre una actitud de reproche contra sí misma, una especie de recitativo con una línea melódica acompañada a  contratiempo, un desliz que se convierte en una súplica de exclamación con un hiriente Si b agudo.  E lucevan le stelle- Acto tercero- lamento desesperado del que se siente condenado cuando más le aprieta el deseo; un recitativo bajo secundado por el clarinete que nos traslada a una época pasada, un apasionado encuentro de amantes.  Oh, dolci baci! Mágica melodía que abre y cierra el acto, evocando en la repetición un lamento y el grito contra la propia suerte: ¡Muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!, una ascensión entre sollozos.   El fluir continuo se reafirma en el dúo  inicial Quale occhio al mondo- Cavaradossi suavizando los celos de Tosca, entrega absoluta de los amantes.  El Te Deum, fin del Primer acto, un apunte efectista en la voz de los presentes, con el repicar de las campanas, en oposición al canto de Scarpia. Cavaradossi aporta en el segundo acto un detalle de lucimiento en Vittoria!, pórtico de una cabaletta que reclama la libertad insultando a Scarpia.  El preludio del Tercer acto, descubre a un Puccini paisajista y melodista, con un fondo de campanas. Pueden destacarse en el Acto tercero el dúo de los protagonistas que cantan antes de la escena de fusilamiento el dúo de los protagonistas   O dolci mani, mansuete e pure, en un momento fatídico o el canto triunfal que entonan esperanzados, bien secundados por la orquesta.

Ramón García Balado

20/09/2026

 Jenufa en la América profunda 

A Coruña - 17/09/2026


Eslavismos de fuste para el LXXIV Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña, con Jenůfa de Leos Janacek, drama que el compositor había tomado de Gabriela Preissová, Jeji pastorkyna (Su hijastra), estrenado en el Teatro Nacional de Praga, en 1890, obra que mostraba un crudo realismo que rechazaba cualquier visión idílica de un ruralismo apacible, dramaturga que había servido a otro compositor Josef Bohuslav Foerster, para su ópera Eva, en este caso, sucesos de la vida real idealizados que para esta ópera, se expondrá a partir de un paz de trazos los cuatro personajes fundamentales ubicados en la Moravia rural- un traslado que para el director de escena, Emiliano Suárez, nos trasladaba a la América cercana que descubriríamos en filmes como Brockeback Mountain o The Last Picture Show, con un quinto personaje que se acepta como hilo común, la molinera Buryja- Cristina Faus- marcada por su callada presencia, un primer acto saturado de tensiones propias de los eventos que surgen obsesivamente, repartidos entre Kostelnicka- Eliksa Weisová de imponente presencia escénica-, Jenůfa- Vanessa Goikoetxea- apreciada por su asunción de tan intenso rol-; Steva- Joan Lainez-y Laca- Alejandro Roy- ambos viriles y obsesivos atentos a las demandas de esta forma del verismo que presumía la ópera-, con respuesta de Stárek- Gabriel Alonso- cargando tintes de desmesura,, entre un despliegue de personajes secundarios que se expresaban a través de danzas y cantos folklóricos- el Coro Gaos, en su posicionamiento distanciado-, con una Orquesta Sinfónica de Galicia, en un excelente nivel gracias a la dirección de J. Miguel Pérez Sierra a lo largo de sus tres actos.

Tras un lapsus de tiempo, en el que Jenůfa dio a luz un niño, provocará la actitud de Kostelnicka, quien decida buscarle pareja, topándose con el rechazo de Steva. Una confusa trama será la carnaza que alimente los detalles más escabrosos de los acontecimientos, para trasladarnos al Segundo acto, en el que Kostelnicka tomaría un rol primordial, al lado de otros personajes de ayudadaban a subir el grado de tensiones, desde Steva a Laca, y la figura fantasmal del niño que aparecerá muerto, convirtiéndose en el inesperado causante del conflicto, en el tercer acto que transcurre en primavera, Jenůfa y Laca, aceptan vivir en pareja mientras Steva y Karolka (hija del alcalde), disputan su compromiso tras esa aparición del bebé muerto tras fundirse el hielo. Una trama de culpas y reproches, de complejas justificaciones.

Janáceͮk, es producto en lo musical de las investigaciones y recopilaciones folklóricas realizadas por el compositor y su amigo Frantisek Bartos, mayor que él y que algo podremos encontrar en afinidades con Bartók y Zoltán Kodály, en la raíz, ese canto popular (el moravo, en especial), canto cotidiano anotado tomado de la tradición lírica y coral corregida, esos cantos que anotaba como canto-sonido, que tomaba del medio circundante. Las aventuras con Bartos, resultaron una culminación producto de antecedentes aprendidos en su juventud con Pavel Krizkovský, compositor y maestro de coro, quien fue su preceptor en el convento agustino de Brno. Para Janácͮek, todos los misterios melódicos y rítmicos de la música, se podían explicar por los motivos musicales del lenguaje hablado. La importancia del canto coral, constatable en los abundantes pasajes que nos encontraremos en Jenůfa, ayudan a que nos interesemos por la presencia de coros femeninos, pensando en su fuente en un maestro como había sido Jaroslav Vrchiliscký, autor de una obra primordial como Amarus (1897), para soprano, tenor, barítono, coro mixto y orquesta, decisiva en la elaboración de Jenůfa, un compositor y maestro de canto de la tradición checa, con acentos muy líricos.

Janácͮek no hace concesiones al canto bello sin más, como encontramos vagamente en los veristas hasta el final, con esta ópera se despedirá de un estilo que todavía estaba presente y que sentía como inconcluso, confirmado en el amplio arioso de Jenůfa en el segundo acto. La base es de un nuevo concepto de frase, un nuevo tipo de unidad sonora de gran brevedad, donde hay que hablar más bien de células temáticas que den motivos propiamente dichos. Un compositor que escribe trozo a trozo, que tiene dificultases para pensar de manera consecuente durante más de dos minutos. La investigación sobre el canto moravo, aportaba una perspectiva distinta mientras que la anotación de convenciones, nos descubre la musicalidad latente en cada discurso al traducir en sonidos la charla, el grito, el susurro, la palabra veraz, el verbo engañoso y otros detalles, siempre atento a la prosodia natural del checo, a la que se aproximarían tanto Smetana como Dvorak. Si Smetana había sido el fundador de la escuela, Dvorak, el gran continuador, Janácͮek, de tardía y fulgurante madurez, es el que consigue esa prosodia del idioma aplicado a la ópera, tal cual confirma Martin Bermúdez, rompiendo con el romanticismo tardío de sus antecesores, dando paso a un vuelco considerable en el lenguaje musical de su tiempo.

Estrenará Jenůfa en 1904, en la cincuentena cuando se le acepte como un compositor verista, calificado en lo sustancial por la forma de recitativo cantabile, y que será un preludio de la perfección final lograda con De la casa de los muertos, Kat´a Kabanobá o El caso Makropoulos, en los que los personajes canten a partir de la prosa, arrancando una canción intensa, doliente y exaltada, procedente del abismo, sin alcanzar la cantinela deliberadamente monótona de Pelléas et Mélisande. Su canto se aparta de las advertencias del francés, considerando que hay intensidades casi a cada momento. Jenůfa, lejos del disfraz tardorromántico con ropas ajadas adoptadas del verismo, pasó curiosamente como ópera verista a consecuencia de su difícil, tratamiento que no afectaría a los personajes, situaciones o la mentada línea vocal, remarcando un abierto intento de darle la vuelta a esa temática nacional. Hay algo desgarrador cuando no trágico, en el hecho de que el músico concentrase la mayor parte de sus fuerzas renovadoras precisamente en la ópera, enfrentándose con ello al público más conservador que pudiésemos imaginar. Una innovación que radicaba en una revalorización jamás vista, la palabra cantada, lo cual quería decir la palabra checa, incomprendida en la mayoría de los teatros de cualquier ámbito. Difícil imaginar mayor cantidad de obstáculos.  

Janácͮek buscará en las palabras un canto escondido, pero esencial, teniendo cada personaje una verdad musical y cada discurso una melodía propia, compuesta por notas de valores muy diversos engarzados en una línea con mayor o menor suntuosidad, un dibujo con más o menos altibajos. Es otra cosa la armonía, ajena a la definición de las líneas y no por ello, menos necesario. Rompe el compositor con la tradición checa desde el momento en el que se enfrenta con esos textos en prosa, que además, contienen localismos y elementos dialectales moravo- eslovacos. La Ů de Jenůfa, por citar un ejemplo, nos lleva a una acentuación en la primera sílaba y el alargamiento del sonido marcado por el signo diacrítico [  ̊], desconocido para nosotros y que dificultó el logro de la prosodia para una ópera en checo. Para los lectores, verán los nombres con uno o más acentos agudos (tal cual los llamamos) cuyo cometido no es tónico, sino de extensión de la sílaba.

Jenůfa- la de dulces acentos, protagonista de la ópera, tiene un cometido de soprano ligera de acentos dulces y que trata de conseguir la felicidad en una familia y una aldea, en una sociedad opresiva, mujer de espíritu apacible sometida a las sevicias de una moral tiránica, para el compositor, un canto juvenil y adolescente para en personaje frágil, que ve como las cosas cambian en el segundo acto, en el dúo con Kostelnica, en un recitativo cantabile más consistente. Un primer acto con un despliegue conciso y abundante de acción, con un segundo entre cuatro protagonistas hasta el tercero que enlazaba con el primero, una tregua antes del dramático final. Doloroso aprendizaje de Jenůfa, entre la primavera en la que perdió su virginidad, conociendo el amor y el momento en el que descubre el cadáver del niño.

Kostelnicka, protagonista en el drama de Gabriela Preissová, muy recortado en esta ópera, es un rol para soprano dramática a la que no vienen mal determinados momentos dulces, líricos, como el del Segundo acto, cuando podemos escucharla cuando suplica a Steva, soprano con graves aunque no solo eso, ya que destaca por su tipo de timbre y una altura con exigencias para esa tesitura, equiparable a las exigencias demandas por el temor y la piedad, que otros cometidos no sabrían dar cabida, roles en la línea de Brünnihlde o Elektra. Personaje de una pieza que en el Segundo acto, revela una horrenda decisión que se despliega en el tercero, cuando descubre el crimen que mucho tiene de liberación personal. Cuida ella de su hijastra mientras la protege.

Laca, hermanastro de Steva, lírico- spinto, el relegado y cargado de resentimiento hacia su hermanastro al que en apariencia todo le sale de perlas, como el amor por Jenufa, y hasta su agresión contra ella, al final del Primer acto. Cuando la acepte al final de la obra, en un dúo imprescindible, breve y conciso, distante de extensos desarrollos amorosos y marcados por su sobriedad, resulta necesariamente expresivo, dejando en el aire el futuro de la pareja. Una línea vocal de notas picadas al comienzo de la escena que llevará a la agresión- acto primero-, y que poco tiene en común con un fraseo lírico tan habitual en la escuela de tenores líricos en la tradición checa e incluso rusa, desde Dalibor, a Lenski, Vilém Pribyl o Lemieshev. Voces procedentes del belcantismo de raíz italiana.

Steva, afortunado por casualidades de la vida y enamorado de Jenůfa, recibe el beneplácito de los amoríos surgidos en sus vivencias cotidianas, su línea vocal no se distancia de la de Laca, aunque ofreciendo un timbre distinto para su voz de tenor ligero, en defensa de su levedad psicológica capaz de mostrar temores, una voz que bascula entre susurros como cuando se enfrenta a Kostelnicka en su demanda de piedad otorgando razones a los argumentos que le califican como hombre de criterios de corta relevancia. En medio, las voces del coro, sostenidas sobre motivos breves, puro modelo estético del compositor que repetirá en otras de sus óperas, especialmente en los actos primero y tercero, cantos de raíz popular, un primero a varias voces y el otro al unísono y más breve, implicándose con claridad en determinados momentos de la acción- la fiesta con Kostelnika, del primer acto-, o el caos de la escena nupcial, por el hallazgo del cadáver del niño, con la irrupción de voces masculinas enfebrecidas. La tradición popular checa en un sentido tradicional. Buryja (La Abuela), rol para una mezzo de tintes oscuros sin llegar a tener en la obra, una importancia destacada, quedándose como un símbolo de autoridad moral. Para los personajes secundarios, completaríamos cartel con el capataz del molino-barítono- y el Alcalde-bajo-, casi de nula prestancia y su hija Karolka, breve aparición para una mezzo que se decide por una drástica decisión en un pasaje amargo de la tragedia y casi de soslayo, Jano (El pastor), rol travestido para soprano o Rychtaka (mujer del Alcalde), una aparición fugaz. Jenůfa, ópera pues, de ostensibles y claros elementos folklóricos, tanto auténticos como imaginarios, una afirmación nacional-regional, en el que entran en liza lo moravo y lo bohemio, en el propio territorio checo, destacando la importancia de la prosodia musical, en sus dialectos que responden a los de cariz distinto que ofrece Smetana, sabrá con ello, prescindir de temas folklóricos o argumentos lugareños tan determinantes.

Ramón García Balado

 

Janacek, Jenůfa

Vanessa Goikoetxea, Elisͮka Weissová, Alejandro Roy, Joan Laínez, Cristina Faus, Gabriel Alonso, Javier Agudo, Andrea Varela, Belén Vaquero, Ruth González.

 Orquesta Sinfónica de Galicia / J.Miguel Pérez Sierra.

Coro Gaos / Fernando Briones

Escena: Emiliano Suárez (dirección), Luís Perdiguero (iluminación), Ana Garay (vestuario), Alfons Florens (diseño de escenografía), Paula Castellano (asistente), Jaime Rodríguez Roa (maestro repetidor y regidor)

74º Temporada Lírica de Amigos de la Ópera y Ópera Garage Producciones

Palacio de la Ópera, A Coruña

Foto © Alfonso Rego

https://www.ritmo.es/auditorio/critica-jenufa-en-la-america-profunda-por-ramon-garcia-balado 

 

10/12/2025

Pelléas et Mélisande: ambigüedad del tiempo y del espacio

A Coruña - 5/12/2025


Clausura del LXXVIII Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña, con Pelléas et Mélisande, de Claude Debussy, en versión de concierto que tuvo como protagonistas en los principales roles a Sabrina Gárdez, Edward Nelson, Jean-Fernand Setti, Igor Durlovski, Mónica Redondo, Belén Vaquero y Javier Agudo, bajo la dirección de Juan Miguel Pérez-Sierra, con la O. Sinfónica de Galicia y el Coro Gaos, de Fernando Briones. René Leibowitz sostendría que Pelléas et Melisande es una ópera murmurada o cuchicheada y se cuenta que Richard Strauss comentaría a la salida de una representación de la obra, que había tenido la sensación de asistir a un ensayo en el que los cantantes se estaban reservando la voz, sin mayores pretensiones. Evidentemente este aspecto de la obra, es decir la contención constante, la total discreción o la ausencia de todo tipo de concesiones al tradicional bel canto, es lo que más ha sorprendido a los primeros espectadores, siendo también la causa de que no haya llegando incluso a producir tedio a muchos amantes de la ópera. Sin embargo, también es este aspecto de la obra lo que constituye- a pesar de las diferentes particularidades-no solo su carácter propio, y global, sino también una de las expresiones más innovadoras y más osadas del canto lírico. El esfuerzo de Debussy se sitúa en otro plano: la negación tradicional de todos los grandes compositores dramáticos, se convierte aquí en la negación de toda tradición, de manera que la única ópera de nuestro compositor, parece estar escrita para demostrar la imposibilidad misma de escribir una ópera. No es difícil encontrar los ejemplos más variados de esta extraña ambigüedad. Empieza a manifestarse en la misma elección del libreto de Maurice Maeterlinck, del que lo menos que se puede decir es que no es más que una pura ambigüedad de tiempo y espacio, ambigüedad de personajes (no se sabe de dónde viene Mélisande y no se comprenden los móviles de la mayor parte de los personajes), ambigüedad del texto mismo (en el que muchas cosas que se dan por supuestas pueden interpretarse de muy diversos modos, etc…) Todo ello se ve traducido al lenguaje musical con una genialidad poco común, ya que la ambigüedad musical es tan pronunciada como la del libreto.

Ópera escrita para exaltar lo inexpresable, con un libreto marcadamente simbolista de Maurice Maeterlinck, que no obliga a Debussy a fijar una música de acción, por lo que supondría un gran trabajo ante un libreto enmarañado. La armonía se hace voluntariamente difusa, fugitiva e imprecisa, al menos con las reglas vigentes, una armonía sutil y matizada, que nos trasmite mediante el clima psicológico, ciertos aspectos de un ambiente ensoñador y difuso, resultan proclives a puestas escénicas vaporosas y embriagadoras. Libretista y compositor había nacido el mismo año y el drama en concreto calaría en el compositor casi en un gesto a vuela pluma, una impregnación que vendría tal cual destino fatídico, propiciando en lo relativo a la página orquestal por su repetición y variación de armonía, un estilo conversacional opuesto al modelo melódico italiano, jugando un papel acentuador al que se añade la expresión dramática como en Mélisande cuando nos dice Non, non, mais il ne m´aime plus…Je ne suis pas hereuse. Las secuencias de bloques de acordes, ajenas a las usuales relaciones armónicas, se acercan al Boris Godunov, de Mussorsgky, partitura que Debussy conoció en París en 1893. Quedan en entredicho sospechosas reminiscencias wagnerianas, que muy poco aportan al contexto de esta ópera simbolista, salvando cualquier similitud que creamos encontrar, quizás un acercamiento a Parsifal, en esa búsqueda de imposibles, para este estilo musical de canto, que remite a las cadencias del habla, y a la efectiva consecución del tratamiento de la prosodia francesa, la que hallamos en la tradición de la mélodie, de larga herencia consumada desde Debussy a Fauré, Ravel, Berlioz, Hahn o Massenet.

Pelléas et Mélisande, calidad de drama-lírico en cinco actos con sus breves cuadros intercalados, tendrá estreno parisino bajo la dirección del autor (1902), sobre el citado libreto de Maurice Maeterlinck, con protagonistas que recrean ese relato profundamente simbolista: Arkel- rey de Allemonde, para voz de bajo- Igor Durlovski, una voz de carácter con recursos dramáticos y excelente presencia física dentro de un hieratismo robusto de recia exigencia por su apariencia escénica; Geneviève, Mónica Redondo , madre de Pelléas y Goulant, mezzosoprano, una voz amplia y segura con destacada proyección para el rol que debía defender; Goulaud- nieto de Arkel, barítono/bajo-, Jean-Fernand Setti, bajo/barítono no menos audaz por su obligada exigencia en cuanto a su papel de Goulaud, en el fiel de las controversias protagonísticas, lindando lo dramático en su profundidad manifiesta en ese personaje primordial en el equilibrio de los litigantes;  Mèlisande- soprano lírica o mezzo-Sabrina Gárdez, dolida soprano de recursos vibrantes y voz extensa a la par que amplia y excelentemente proyectaba, que redundaría en beneficio de las urgencias exigidas en cada acto y escena que reclamarían su absoluta entrega con un squillo firme y consistente.  Yniold- hijo de Goulaud, soprano lírica o ligera-Belén Vaquero, admirable ejerció de travestismo presencial a sabiendas de que se trata de un infante en sus dudas y concesiones; Médecin-Javier Agudo, breve papel casi irrelevante para completa el cuadro de solistas, destinados a recrear en su grado máximo lugares imaginarios y épocas legendarias. Las voces en sí mismas no dejarán de provocar alguna perplejidad y para ello recordemos a Pelléas, difícil de comprender como el resto, podrá ser voz para tenor, pero no se puede negar que la concepción que refleja cierta ambigüedad para una partitura que parece indicar que se trata más bien de un barítono, pero las notas extremadamente agudas de algunos pasajes constituyen obstáculos casi insuperables. El coro Gaos de Fernando Briones, se limitaría a una aparición casi testimonial y fuera de escena. Soberbia con todo la dirección de José Miguel Pérez Sierra, con la O. Sinfónica de Galicia, muy en especial en cuanto al tramado de los Interludios que enmarcaban las secuencias de cuadros, dentro de cada uno de los cinco actos, un apunte del que en todo su transcurso, los asistente a esta clausura de la LXIII Temporada Lírica de Amigos de la Ópera de A Coruña, y que recibirían los parabienes de la Revista RITMO, conmemorando sus primer 1000 números.

Versión de concierto con las consabidas limitaciones de posibles recursos comparativos con respecto a un planteamiento escénico, una opción que más de un aficionado habrá echado de menos, recursos no faltarían, optando por la participación de un director de escena, posibilidades habría al margen de las obligadas exigencias de limitaciones presupuestarias, salvadas por una excelente respuesta de intérpretes y orquesta, con un director atento y preciso al menor detalle. Para el director artístico del Festival Aquiles Machado Galíndez, el resto será imaginar por parte de los entusiastas al simbolismo, otros aspectos y detalles en los que los propios recursos imaginativos puedan recrearse con ingenio y fantasía. Una ambientación de una época de libre discurso imaginativo siempre confiado al mentado director de escena; un atrezzo no menos libérrimo fuera de épocas historias localizables; el colorido de una recreación ambiental no menos concreta y la recurrencia en generosa confianza a la estética escénica de Maurice Maeterlinck, con la que brota en sus fundamentos uno de los pilares de la ópera moderna. Una exaltación de lo inexpresable sobre ese libreto intencionadamente simbolista como prescriben sus cánones sin la menor exigencia hacia sus resultados musicales que con creces redundan en la que fue la única ópera de Claude Debussy, entre la localización y la intemporalidad.

Ramón García Balado

 

LXXIII Festival de Amigos de la Ópera, de A Coruña

Pelléas et Mélisande (Versión de concierto). Claude Debussy

Sabrina Gárdez, Edward Nelson, Jean-Fernand Setti, Igor Durlosvki, Mónica Redondo, Belén Vaquero y Javier Agudo.

 Orquesta Sinfónica de Galicia, José Miguel Pérez Sierra/Coro Gaos (Fernando Briones)

Teatro Colón, A Coruña

 Foto © Alfonso Rego

https://www.ritmo.es/auditorio/critica-pelleas-et-melisande-ambiguedad-del-tiempo-y-del-espacio-por-ramon-garcia-balado 

03/12/2025

Pelléas et Mélisande, de Debussy, clausura el LXXVIII Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña

Teatro Colón, A Coruña


Clausura del LXXVIII Festival de Amigos de la Ópera de A Coruña, con Pelléas et Mélisande, de Claude Debussy, en  el Teatro Colón- día 5, a las 19´00 h-, y en versión de concierto que tendrá como protagonistas en los principales roles a Sabrina Gárdez, Edward Nelson, Yakov Strizhak, Igor Durlovski, Mónica Redondo, Belén Vaquero y Javier Agudo,  bajo la dirección de Juan Miguel Pérez-Sierra, con la O. Sinfónica de Galicia y el Coro Gaos, de Fernando Briones.  René Leibowitz sostendrá que  Pelléas et Melisande es una ópera murmurada o cuchicheada y se cuenta que Richard Strauss comentó, a la salida de una representación de la obra, que había tenido la sensación de asistir a un ensayo en el que los cantantes se estaban reservando la voz. Evidentemente este aspecto de la obra, es decir la contención constante, la total discreción, la ausencia de todo tipo de concesiones al tradicional bel canto,  es lo que más ha sorprendido a los primeros espectadores, y es también la causa de que no se haya sorprendido y que llegue incluso a aburrir a muchos amantes de la ópera. Sin  embargo, también es este aspecto de la obra lo que constituye- a pesar de las diferentes particularidades-no solo su carácter propio, y global, sino también una de las expresiones más innovadoras y más osadas del canto lírico. El esfuerzo de Debussy se sitúa en otro plano: la negación tradicional de todos los grandes compositores dramáticos, se convierte aquí, en la negación de toda tradición, de manera que la única ópera de nuestro compositor, parece estar escrita para demostrar la imposibilidad misma de escribir una ópera. No es difícil encontrar los ejemplos más variados de esta extraña ambigüedad. Empieza a manifestarse en la misma elección del libreto, del que lo menos que se puede decir es que no es más que una pura ambigüedad de tiempo y espacio, ambigüedad de personajes (no se sale de dónde viene Mélisande y no se comprenden los móviles de la mayor parte de los personajes), ambigüedad del texto mismo (en el que muchas cosas que se dan por supuestas pueden interpretarse de muy diversos modos, etc…) Todo ello se ve traducido al lenguaje musical con una genialidad poco común, ya que la ambigüedad musical es tan pronunciada como la del libreto.

Ópera escrita para exaltar lo inexpresable, con un libreto marcadamente simbolista de Maurice Maeterlinck, que no obliga a Debussy a  fijar una música de acción, por lo que supondrá un gran trabajo. La armonía se hace voluntariamente difusa, fugitiva e imprecisa, al menos con las reglas vigentes, una armonía sutil, matizada que nos trasmite mediante el clima  psicológico,  ciertos aspectos de un ambiente ensoñador y difuso, proclive a puestas escénicas vaporosas y embriagadoras. Libretista y compositor había nacido el mismo año y el drama en concreto calaría en el compositor casi en un gesto de vuela pluma, una impregnación que vendría tal cual destino fatídico  propiciado en lo relativo a la página orquestal por su repetición y variación de armonía, esa utilización de frases cortas, estilo conversacional y antítesis del modelo melódico italiano, juega un papel acentuador al que se añade la expresión dramática como en Mèlisande cuando nos dice Non, non, mais il ne m´aime plus…Je ne suis pas hereuse. Las secuencias de bloques de acordes, ajenas a las usuales relaciones armónicas, se acercan al Boris Godunov, de Mussorsgky, partitura que Debussy conoció en París en 1893. Quedan en entredicho sospechosas reminiscencias wagnerianas, que muy poco aportan al contexto de esta ópera simbolista, si cabe el propio concepto de tal término, salvando cualquier similitud que creamos encontrar, quizás un acercamiento a Parsifal, en esa búsqueda de imposibles, para este estilo musical de canto, que remite a las cadencias del habla, y a la efectiva consecución del tratamiento de la prosodia francesa, la que hallamos en la tradición de la mélodie, de larga herencia consumada desde Debussy a Fauré, Ravel, Berlioz, Hahn o Massenet.  

Pelléas et Mélisande, calidad de drama-lírico en cinco actos con sus breves cuadros intercalados, tendrá estreno parisino bajo la dirección del autor (1902), sobre el citado libreto de Maurice Maeterlinck, con protagonistas que recrean ese relato profundamente simbolista: Arkel- rey de Allemonde, para voz de bajo-; Genevieve, madre de Pelléas y Goulant, contralto-; Goulaud- nieto de Arkel, barítono/bajo-; Mèlisande- soprano lírica o mezzo-; Yniold- hijo de Goulaud, soprano lírica o ligera-; destinados a recrear en su grado máximo lugares imaginarios y épocas legendarias.  Las voces en sí mismas no dejará de provocar alguna perplejidad y para ello recordemos a Pelléas, difícil de comprender como el resto, podrá ser voz para tenor, como muestra su entrada en Sol, pero no se puede negar que la concepción refleja cierta ambigüedad para una partitura que parece indicar que se trata más bien de un barítono, pero las notas extremadamente agudas de algunos pasajes constituyen obstáculos casi insuperables. El Cuadro I, del Primer Acto, muestra un bosque en el que Goulaud se ha perdido cazando,  mientras surge la aparición de Mélisande que lamenta  la escapada de una cierva: Je ne pourrais plus sortir, encadenando con el primer intermezzo.    El Cuadro segundo, en el salón de Arkel, Genevive-madre de Pelléas  y Goulaud-, le lee una carta de Goulaud a su hermano en la que confiesa llevar casado seis meses con Mélisande, aunque apenas carece de noticias suyas, rogando que le dé alguna señal para  que su abuelo la reciba con los brazos abiertos. En caso contrario no volverá jamás al reino. Arkel ordena a Pelléas que le remita la señal convenida, aunque el joven pretenda marcharse para visitar a  un amigo moribundo, Arkel le dice que su deber es permanecer no solo para recibir a su hermano sino también cuidar de su padre enfermo Voici ce qui´l ecrit. Nuevo Intermezzo.   El Tercer cuadro, frente al castillo, Genevieve trata de calmar a Mélisande, mientras Pelléas y su cuidadora, ven cómo un barco se aleja Il fait sombre.

Acto II, Primer cuadro, Una fuente del parque Mélisande juega con el agua junto a Pelléas , de pronto se le cae el anillo que Goulaud le dio, Vous ne savez pas. Intermezzo.   Segundo cuadro, habitación de Mélisande se recupera en reposo, confesando aterrorizada y plena  de presentimientos los temores que la amenazan.  Gaulaud pretende calmarla cuando ella confiesa la pérdida del anillo en la gruta y cuando la manda a buscarle en la noche acompañada por Pelléas, entona Ah! Ah tout va bien. Intermezzo.  Tercer cuadro, ante la gruta, trata de que la mentira de su cuñada  parezca verosímil describiendo un espectral lugar en el que tres ancianos dormitan acurrucados en la cueva Oui, c´est ici.

Tercer acto, Primer cuadro, una torre del castillo, Mélisande se peina: canción Mes longes cheveux. Aparece Pelléas y viene a despedirse porque se marcha al día siguiente, los cabellos de ella, al inclinarse caen sobre el hombre y lo envuelven. Este se siente arrebatado, mientras se acerca Goulaud,  y les dice que dejen de jugar  como infantes Holà! Holà!  a la espera de un nuevo y predecible Intermezzo.   Cuadro segundo, subterráneo del castillo, Goulaud entra con su hermano, a quien domina un extraño temor siniestro Pronez garde. Súbita aparición de nuevo Intermezzo acentuado de dudas,  hacia el tercer cuadro, con salida del subterráneo, mientras Goulaud previene a su hermano y  deje de ver a Mélisande ya que podría terminar enamorándose de ella Ah je respire enfin!    Intermezzo obsesivo y tenso, hacia el Cuarto cuadro ante el castillo con Goulaud  preguntando a su hijo Yniold, si vio algo extraño en Mélisande y Pelléas, quien le  responderá que no, mientras su padre le alza hasta una ventana para que espíe, y el chico vuelve a confirmase, Viens, nous allons

Acto IV, Salon del castillo, Pelléas ruega a la joven que no vaya esa noche a la fuente ya que será la última que se vean Où vas  tu? Al salir el joven, aparece Arkel, quien quiere a Mélisande como a una hija, y le cuenta que su suegro está mejor. Goulaud, al verla, no puede contenerse y los celos que siente le llevan a maltratarla Maintenant le père…Una grande innocence.   Nuevo Intermezzo.   Segundo cuadro, fuente del parque, Yniold juega Oh, cet Pierre est lourde Cae la noche; aparecen Pelléas y Mélisande quienes comprenden que se aman, aunque solo la muerte les unirá. Aparece Goulaud y mata a su hermano. Luego sale tras su esposa C´est le dernier soir.

Acto V. Habitación del castillo, Mélisande yace en el lecho mientras el médico asegura a Arkel  y Goulaud, que la joven no morirá de las heridas asestadas por su esposo, éste tiene remordimientos por haber matado a su hermano ya que Pelléas y su esposa no hacían nada malo cuando los encontró en el jardín C´est ne pas de cette petite blesure. Despierta Mélisande y su pareja le pide perdón rogándole que confiese si la engañó con su hermano aunque ella lo niegue rotundamente, Mélisande as-tu pitié de moi? y el peso de la insistencia cae un estado de sopor insoportable. Arkel enseña a la joven moribunda la hija que ha tenido. Despedida con amables palabras para su retoño mientras se entrega a la situación que supone la muerte Qu´avez-vous fait?

Ramón García Balado

20/11/2025

El sopranista Samuel Mariño, gala en la LXXIII Temporada de Amigos de la Ópera de A Coruña

 Teatro Colón, A Coruña


Concierto en el Teatro Colón, dentro de las actividades de la LXXIII, de Amigos de la Ópera de A Coruña- día 24, a las 20´00 h-, con el sopranista Samuel Mariño, acompañado al piano por Jonathan Ware, una voz de especiales características, en la cuerda de contratenores, y que cobran un claro protagonismo por la evidencia de sus recursos. Para Samuel Mariño, una de las virtudes de esos  estilos, es la aproximación a la estética queer, por sus modismos y actitudes tanto escénicas como canoras, convirtiendo sus galas en un auténtico show, de travestismo y virtuosismo, que conceden a su espectáculo renovados planteamientos. Nacido en Caracas (1993), comenzó sus estudios de voz, danza y piano en el Conservatorio de París, tras haber desarrollado durante su adolescencia una mutación en la que sabría cuidar el timbre agudo, que mantendrá ya desde entonces. No hace tanto le tuvimos dentro de las propuestas del Teatro del Canal (Madrid), con la orquesta de la Ópera de Versalles, compaginando una ópera escenificada en el Festival de Glyndebourne, presentando su primer registro en cd para el sello DECCA. El cantante afirma que la diferencia entre un sopranista y un contratenor, se expresa en las cualidades del segundo por su cercanía a la voz de mezzo, mientras que la de sopranista se acerca a la de soprano. Las posibilidades de registro, le permitieron en cuanto a volumen y proyección, a probar con roles como Sophie (Rosenkavalier, de Richard Strauss) o Sussana (Le Nozze di Figaro). Colegas suyos probaron en este repertorio de sopranista, pero su voz natural es la de tenor o barítono. En su caso, no tiene muchas opciones, ya que por su condición biológica, su laringe no baja más y su registro ese el que muestra. Cantar repertorio castrati, sin el legado heredado por el cambio hormonal de la ancestral castración, requiere dificultades  imposibles de plantear. Esa estética queer, de renovadas perspectivas, ayuda a recrear personajes dentro de la disidencia sexual, prescindiendo de acostumbrados cánones al uso. Pueden resultar sus espectáculos auténticas performances para seducir al aficionado. En su horizonte, The Baroque Project (Sony), Ensemble Teseo; las colaboraciones con el CNDM: Concerto d´ cavalieri Marcello di Lisa. Galardones como el Barbara Bonney, Premio Neue Stimmer; Care Pupille o el DECCA, classics, de sopranistas. Fue artista invitado por el Concertgebouw (Amsterdam); la Elbphilharminie; el Theater an der Wien; o el Festspiel d´Ambronay; la Casa da Cultura Belén (Lisboa) o el Musikfeast Bremen. Entre sus roles: obras de Monteverdi y A. Vivaldi; Oscar (Un ballo in maschera, de Verdi); Romeo (I Capuleti e I Montescchi) o Arsace  (Aureliano in Palmira).
En las últimas temporadas de este certamen, y en el registro de esta cuerda vocal, asistimos en 2018, al protagonismo de Alberto Miguélez-Rouco, en el ciclo de Novas Voces Galegas, a su sesión en Afundación, cantante ya consolidado y que procedía del Coro Cantabile, para formarse en Basilea, llegando a cantar bajo la dirección de Christophe Rousset, presentándose esta vez con acompañamiento orquesta, para legar obras de W.A. Mozart, Monteverdi o Henry Purcell, entre otros. En la misma temporada, y en el Palacio de la Ópera de A Coruña, Serse, de G. Friedrich Händel, con la orquesta Il Pomo D´Oro, de Maxim Emelyanychev, destacando como solista el contratenor Franco Fangioli, compartiendo escena con Inga Kalna, Vivica Genoux, Ana Quintans, Andrea Wolf y Biagio Pizutti, una lectura en versión de concierto. La temporada 2022, nos descubrió en el Teatro Colón, uno de esos títulos que comienzan a mostrar su excelente salud, Vendado es amor, no es ciego, de José de Nebra, uno de los proyectos bandera de la Orquesta Los Elementos, que dirige Pablo Miguélez Rouco, una de esas recuperaciones que ha logrado abrirse espacio en las propuestas de proyectos barrocos, de impronta ibérica. La cita 2021, y también de G.F. Händel, en versión semiescinificada, Parténope, en una ostentosa visita del siempre magistral William Christie, con Les Arts Florissants, con tratamiento escénico de Sophie Daneman, para lucimiento de dos contratenores: Alberto Miguélez Rouco y Hugh Cuttings, arropados por Ana Vieira Leite, Helen Charlston, Jacob Lawrence y Matthieu Walendzik. La temporada 2022, en el Teatro Colón, un nuevo Händel, con Ariodante, ofrecido por Il Pomo D´Oro, dirigido por George Petrou, en la que volvía el contratenor Franco Fagioli, velada de éxito seguro por los protagonistas en escena, Melissa Petit, Sarah Gilford, Luciana Mancini, Nicholas Phan y Alex Rosen. Entre otros barroquismos, Il ritorno d´Ulisse in Patria, de Claudio Monteverdi, del Ensemble I Gemelli, de Emiliano González Toro, casi en la clausura de 2023, en la que el propio director, Emiliano Gómez Toro, asumió el rol de Ulysse, frente a la Penelope de Fleur Barron.
En la disputa inevitable para decidirse por las condiciones de este tipo de voces, los contratenores son las voces más agudas con una extensión semejante a la de una soprano o una mezzosoprano que en apreciación de Stinchelli, se distancia del arquetipo imaginario de los castrati. Un contratenor es en general el falsetista artificial que aprovecha sobre todo la resonancia de la cabeza, es decir, la octava aguda de la voz masculina; en cuanto al registro medio y grave, no tiene la consistencia y la homogeneidad propia de los castrati, además el timbre resulta con frecuencia áspero, carente del terciopelo y la dulzura de los imaginable antiguos rivales. Son voces menos dúctiles y no podrían jamás igualar las proezas de sus rivales.  Poseen características propias de color e intensidad. Además, lo que ganan en agudos, lo pierden el volumen, por lo que hacen comparar vagamente ambos recursos vocales. Conviene diferenciar a los verdaderos contratenores de los falsetistas. Un buen contratenor e igualmente un sopranista, obtendrán las notas más agudas combinando los registros de cabeza y la técnica del falsete (consistente en emitir el sonido utilizando también el registro de pecho, utilizando solo la parte de las cuerdas vocales), disimulando este último recurso también en el registro de pecho. Un falsetista puro, solo cantaría utilizando la técnica del falsete. El timbre del contratenor, resulta puro, incisivo y sutil, mientras que el falsetista, muestra una voz penetrante y aguda, dulce y quizás emitida con resuelta proyección de tintes estridentes. 
Para su programa, barrocos de plenitud como Marc A. Charpentier, con Feuillage Vert de Les Arts Florissants, creador del oratorio barroco moderno en Francia y que tendrá como herederos a Campra y Bernier logrando con la armonía una técnica y una habilidad sorprendente, enlace directo con Jean P. Rameau a través de Les Indes Galantes-Viens, Hymen, recurriendo a escenas pastoriles, puede que el aspecto menos conocido en lo relativo a la personalidad de su obra, pero que la posteridad sabrá aceptar entre su legado más sobresaliente. Händel con una aria espectacular de todos conocida y que ha servido como pieza de complemento en recitales de voces entregadas a los estilos más distantes, se trata de Lascia ch´io pianga, utilizada en su ópera Rinaldo y en su oratorio Il trionfo dil mundo e dil desengano, aria baúl que tendrá aparición también en Almirena, por su suntuosidad y contagio. Del propio Händel, la voluptuosa Piangero la sorte mia, de la especie de péplum Julio Cesare. 
En cambios de estilo, Mozart, Voi avete un cor fidele K. 217, aria en principio para soprano en Sol M. y compuesta en un período de retiro salzburgués, para Abert esta pieza nos cautiva por su sonido íntimo y apasionado que en las partes más lentas se aproxima sensiblemente al Lied alemán, un detalle de un joven adolescente y que coincide con la representación de La giadinera fingida K. 196. Una segunda pieza mozartiana por Voi che sapete,  aria de Cherubino en Les Nozze di  Figaro  pura ternura. De  G. Rossini en su inmenso esplendor por las peculiares exigencias del de esplendor de medios de interpretación en la muy exigente Bel raggio lusinghier de la apoteosis de Semiramide. Puestos en belcantismos, no faltará un V. Bellini con una aria de I Capuletti e I Montecchi, otro alarde gracias a Tu sola, o mia Gulietta/ De! Tu, bell´ anima
Para regusto, la mélodie, la chanson y un aria eterna por La canción de la Luna de Rusalka de A. Dvorak,  Tierna Luna, en la que confía la noche su amor.  Ferenz Liszt, con su canción Oh! Quand je dors, sobre la poética de Víctor Hugo del grupo de ocho melodías compuestas entre 1842/44, en este caso a partir de unos sonetos de Los tres sonetos que evocaban la relación de Petrarca y Laura. El mundo de Víctor Hugo, la había sido tratado tan acertadamente esta entonces.  Reynaldo Hahn, con su apreciada A Chloris, pieza que se integraba en la serie de sus arreglos como los realizados a partir de obras en la tradición francesa como Rameau, o barrocos alemanes. Hahn, recurre a un poema tomado de Theophile de Viaux (1590/ 1616), quien destacaría como escritor y por su convulsa vida. Pauline Viardot, nos obsequiará con dos perlas de su estilo: Hai Luli y Havanaise, parisina y de ascendencia española por su padre, el tenor Manuel García, creador del rol de Almaviva en El barbero de Sevilla, estrenando ella misma títulos como El Orfeo de Gluck, en la versión francesa, en versión de Héctor Berlioz. En el capítulo de obras propia de carácter cameristico destaca romanzas y mélodies, y otras delicadezas que han contribuido a mantener en la memoria su recuerdo: Solitude; La Petite Chevrière; Villanelle; En mer; L´absence; la Terentelle o Chanson de Loïc.


Ramón García Balado

F. J. Haydn, Misa Nelson Hob.XXII: 11, por la OSG, dirigida por Richard Egarr

  Concierto de la OSG en el Palacio de la   Ópera de A Coruña con obras de W.A. Mozart y F. J. Haydn , dirigidas por Richard Egarr -día...