18/10/2026

Stefano Russomano: Carlo Gesualdo, el encanto disonante, en Ateneo Barroco

 Sede de Afundación, Santiago de Compostela


Stefano Russomano
ofrece du charla dedicada a Carlo Gesualdo en la Sede de Afundación, dentro de las actividades de Ateneo Barroco- día 19, a las 19´30 h-, músico del que abundan biografías de quien fue en realidad Carlo Gesualdo Príncipe de Venosa y Conde de Conza, sobrino de los cardenales San Carlo, Alfonso, Arzobispo de Nápoles y Federico Borromeo, nieto del Papa Pío IV y marido y asesino de su prima María de Ávalos, que subirá a la gloria en tiempos presentes gracias a Stravinski, además de ser protagonista central de su ópera de Alfred Schnittke, que permanecía en penumbra, las perspectivas actuales le apreciarán por el uso de las alteraciones cromáticas, las disonancias y los extremos contrastantes expresivos,  además de la leyenda asimilada a su figura, auspiciada por las amarguras y dolores de mala conciencia producto de aquel asesinato de su compañera María d´Avalos y de su amante Fabrizio Carafa, Duque de Andria, con la duda expresa de la participación de miembros de su servidumbre. Gesualdo no hacía uso de las disonancias en sus creaciones, muy en la línea de Willaert, Cipriano de Rore, Palestrina, Porta, Gabrieli, Gastoldi, Nannino, Giovanelli y tantos otros como Orlando di Lasso, Filippo di Monte o Gaches Vuert, valiéndose de artilugios en la alteración cromática. Toda disonancia de una voz estaba justificada por su relación con otra voz, la de esta con una tercera y esta con una cuarta que, a su vez, guardaba correspondencia con la quinta. El resultado final, por supuesto, podía llegar a estar cargado de tensión armónica en tanto que cada voz, cumplía las reglas de concordancia con una sola de las otras, produciéndose disonancias con todas las demás. El músico, de aspecto imponente, meridionalmente indolente y lleno de afectaciones de grandeza y galantería, con un presumible gusto españolesco, según describía un diplomático de la Casa d´Este, no era ajeno al espíritu poético que compartían el ejerció de sus madrigales, o las obras de su contemporáneo madrileño Francisco de Quevedo. A partir de su estancia en la corte de Alfonso II, su carrera musical llegó a profesionalizarse, preparando el éxito de sus primeros libros de madrigales, publicados en Ferrara, por un impresor ducal Baldini, en donde se observa la influencia de Luzzaschi, tomando como modelo lo que sería su propia corte, en los años finales de su vida, entre el viaje de bodas a Venecia y el regreso a Ferrara. Hacia 1595, publicó los libros de madrigales tercero y cuarto, al tiempo que Luzzaschi le dedicaba su Cuarto libro, de madrigales. Numerosos músicos y teóricos estuvieron a su servicio, entre ellos Nenna, su antiguo maestro, Stella, di Paola o Effrem. Los documentos de la época, hablan de la profunda melancolía del príncipe, de su virtual retiro del mundo y de que según decía: No hay placer para él fuera de la música. El nombre de Gesualdo ocupó para quienes reivindicaron pensamientos vanguardistas a lo largo de los siglos XVIII al XX, el mismo lugar que Palestrina, para los defensores del contrapunto estricto, su música más que un conjunto imaginativo de madrigales y obras sacras de gran originalidad, lo que éste simbolizaba. La lectura del pasado sirve también para incluir a quien lee dentro de una cierta genealogía. Para legitimar la propia obra con una tradición prestigiosa, fue Igor Stravinski, quien en la década de los sesenta, aceptaría que el músico remplazaría los arquetipos que antes había previsto Pergolesi. Los estudiosos insistirán en que debemos salvar a Gesualdo de ciertos especialistas. Tarquinio Merula, amigo de Gesualdo, se le enfrentaría brutalmente tras haberse enterado que había festejado con varios sonetos el amor de su esposa asesinada con el infame Duque de Andria, poniendo en escena un pasaje de La Gerusalemme Liberata, que Claudio Monteverdi utilizó para Il commattimento di Tancredi e Clorinda. De Gesualdo quedó el mito por las menciones de la extrañeza de su música, acentuadas por el hecho de que ninguna de las obras de su época, ni la de compañeros de generación siguió interpretándose en Europa en los años posteriores. La idealización del asesinato de su esposa, y del amante, en su lecho nupcial, engrandecería el aire de un relato shakesperiano, su nombre suscitó por parte de quienes le reivindicaron, pensamientos vanguardistas en agudos especialistas en los géneros más encontrados.

Ramón García Balado 

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