03/11/2026

Roman Simovic: Concierto nº 1, para violin, de Magnus Lindberg

 Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

Teatro Afundación, Pontevedra


Magnus Lindberg
, compositor en residencia aporta su primera colaboración con la RFG con su titular Baldur Brönnimann, en el Auditorio de Galicia, en la primera experiencia que llegará hasta la participación con el Taller de composición en mayo, dentro de lo que será su presencia en el Resis.LabIV, festival que promueve Hugo Gómez- Chao, para las dos jornadas de esta cita-también la sesión de Conversando con…, disfrutando del protagonismo de Brönnimann- día 5 a las 19´15, previa al concierto que comenzará a las 20´00 h.- y una segunda sesión en el Teatro Afundación de Pontevedra, al día siguiente.   Magnus Linberg tendrá el Concierto nº 1, para violín y orquesta, teniendo como solista a Roman Simovic, en un programa que se completa con la Sinfonía nº 7, en Re m.Op. 70 B.141, de Antonin Dvorak.  Roman Simovic, recibió el ICMA Award, tras actuar en coliseos como el Carnegie Hall y el Teatro Mariinski, recibiendo premios como el Rodolfo Lipizer, el Sion-Valais, el Henri Wieniaski, el de la Royal Ac. of Music y llevó a registro obras como la integral de Paganini, la integral de sonatas para violín, de E. Ysaÿe,  el Concierto para violín, de Miklós Rozsa, dirigido por Simon Rattle y el Segundo de Béla Bartók, con Kevin Kohn Edusei, dispone de un Antonio Stradivarius, cedido por Jonathan Moulds.

Magnus Lindberg, tuvo como maestros a Einojuhani Rautavaara y Paavo Heininien, quienes le ayudaron en la ampliación de sus planteamientos, teniendo como resultados la colaboración con otros músicos fineses como Kaija Saariaho, Esa Pekka Salonen, Hämeeniemi, Kaipainen, antes de trasladarse a Paris, para ampliar con Franco Donatini, Vinko Globokar, Gérard Grisey, Brian Ferneyhough, Helmut Lachenmann y York Hölley. Pronto realizó obras de gran nivel como Action- Situation- Signification y Kraft, situadas en el entorno de Esa Pekka Salonen y del colectivo Toimii Ensemble, vendrán después el tríptico Kinetics (1988), Marea (1990), Joy, Aura o Arena y el Primer concierto para violín y orquesta (2002/3), la obra coral GRAFFITI, Tempus Fugit- conmemorativa de la independencia de su país- Seht die Sonne- dirigida por Simon Rattle, con la O.S. de San Francisco. El Concierto nº 1, fue estrenado por Lisa Batiashvili, intérprete formada en la Hochschule für Music and Theatre (Hamburgo), alumna  de Mark Lubotski y que siguió la escuela de David Oistrakh.   Lindberg (1958), fue en parte heredero de Dutilleux y Lutoslawski, teniéndoles como una genuina referencia, especialmente en el ámbito orquestal, en el espacio de la segunda mitad del siglo XX, por las estéticas que llegarán a la llamada Escuela de Darmstadt, que le influyó de manera determinante desde los comienzos que le acercarán a las tendencias espectrales, interesándose cada vez más por el planteamiento de identidades sonoras suficientemente claras y reconocibles, como para crear nuevos fenómenos de polaridad tonal. Destacan sus obras por una gran invención polifónica y polirritmica o la progresión de su discurso en una notable direccionalidad, basada en los registros extremos, de donde surge un sonido que parece ampliarse sin desmayo, en una especie de convulsión, acertando a unir con eficacia los legados de Edgar Varese, Olivier Messiaen o el puntillismo y el tratamiento granulado de la moderna escuela francesa- Hugues Dufourt. Michaël Levinas o el griego Iannis Xenakis- será a partir de los noventa cuando su lenguaje se expanda en nuevas perspectivas, como es el caso de Aura, una dedicatoria a W. Lutoslawsli; en Feria, el peso de la tradición y las renovadoras técnicas, aparecen transfiguradas por un impulso de luz y entusiasmos desbordantes; Corrente II, se supedita a un continuum de ritmos en permanente enfrentamiento, una idea que se aproxima a las tendencias minimalistas, con un manifiesto acercamiento a las variantes expresionistas ya tratadas en sus primeros años, tanteando con rigor en obras de escritura de un acceso más naturalista, despojándose de una sofisticación excesiva. Joy se convertiría en uno de sus primeros bastiones gracias al manejo de dos orquestas enfrentadas, plagadas de sobresaltos que transformarán su imaginable unidad en las largas secuencias tonales; Kinetics, o Marea, un tipo de magma sonoro, ayuda a crear una gran plasticidad que nos acerca a los modismos de las formas impresionistas, entre la tecnología y la corriente  espectral. Sus pasos le llevaron sucesivamente desde las discontinuidades que permitían las asunciones asumidas desde las brillantes propuestas recibidas de sus primeros maestros citados a las evidencias logradas dentro del serialismo y las tendencias espectrales, reflejadas en obra como las destinadas a instrumentistas solistas, como los dos conciertos para violín, los destinados al violonchelo, los conciertos para piano- el segundo, para Yefim Bronfman y el tercero, para Yuja Wand-, un músico con experiencia en participar en actividades en residencia- New York Philharmonic O. (2009/12)-, en donde presentó el trabajo orquestal Al largo o el realizado con la O.S. SWR (Stuttgart) y la London Philharmonie O., grabando para la Deutsche Grammophon, Sony o Da Capo, logrando el Prix Italia; el Nordic Music Prize, el Koussevitsy Price, el Royal Philharmonic Society Prize y el Wihuri Sibelius Prize (2003).

Antonin Dvorak- Sinfonía nº 7, en Re m. Op- 70-, un compromiso con la Real Sociedad Filarmónica de Londres y un agradecimiento a ser nombrado socio de honor, que le supondría una revisión de de sus resultados para  beneficiar los aspectos nacionalistas, marcados por sus simpatías hacia J.Brahms, en una dedicatoria a Hans von Bülow, el Allegro maestoso, sorprende por su gravedad sobre un tema reducido a cargo de los chelos y contrabajos en frases austeras y que insinúan una densa carga de energía que alcanzará una fuga de reconocibles trazos gracias a un melodía procedente de la obertura de su obra Husitska, preparando un tema repetido entre trompas y respuesta en las maderas, para aceptar otro tema con aires brahmsianos que asimilaremos a una cantilena de chelo tomado del Andante del segundo concierto para piano de su estimado Brahms, un material propicio para su desarrollo, que facilita una coda que nos ubica a los argumentos del comienzo.   El Poco adagio, fue un tiempo modificado antes de ser impreso, antes de resultar una página modélica, desde la entrada de violines con respuesta de flautas y oboes, que impregnan un tiempo que se cierra con arabescos de cuerdas y maderas, acentuado por las trompas y un crescendo con renovados perfiles brahmsianos ayudando a una condensación de la escritura.  El Scherzo-Vivace, típicamente eslavo, destaca por el protagonismo de dos temas complementarios hacia un diálogo con el grupo de otros instrumentos, llevándonos a una coda enigmática en la que se encuentran detalles de un posible germanismo.   El Allegro final, se resuelve con un planteamiento rapsódico ya desde su entrada gracias a sus aportaciones zíngaras de pura vitalidad y prestancia, con una parte central que divide el material temático acentuado los timbres orientalistas, el final del movimiento resulta majestuoso y optimista.

Ramón García Balado

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