03/11/2026

F. J. Haydn, Misa Nelson Hob.XXII: 11, por la OSG, dirigida por Richard Egarr

 

Concierto de la OSG en el Palacio de la  Ópera de A Coruña con obras de W.A. Mozart y F. J. Haydn, dirigidas por Richard Egarr-días 6 y 7, a las 20´00 h-, contando para la obra de Haydn con las voces de Elionor Martínez (soprano), Helena Resurreiçao (mezzo), Vicent Romero (tenor), Sebastiá Peris  (barítono), el coro de la OSG, dirigido por Javier Fajardo y la dirección colectiva de Richard Egarr. W. A. Mozart-Sinfonía Schwannegesang  (Canto del cisne), Mi b. M. K. 543, obra con ciertas afinidades con la Sinfonía nº 84, de su maestro Haydn, una perfecta fusión entre los estilos galante y docto, la efusión de lo propiamente melódico y el rigor de la construcción musical, sus propios cuartetos lo que no sorprende que le fuesen dedicados, igualmente en el espacio expresivo, en el que observamos el juego entre luces y sombras, la serenidad y la melancolía, en un fluido encuentro de emociones enfrentadas. Estamos ante un tríptico de tres sinfonías, que destacan por su perfección equilibrada en el estado de ánimo. El Adagio/Allegro, se anuncia con una solemnidad acentuada por los ecos de trompetas en escalas descendentes y ascendentes hasta un pasaje de apaciguamiento en un ritornello hacia un segundo tema repartido entre los violines e instrumentos de viento, sostenidos en parte por los pizzicato de los bajos para remitir al ritornello, que culmina la coda con un aire esplendoroso.   El Andante con moto, ofrece dos partes entre una serena y la otra más animada, con perfiles de marcha, destacando una modulación que anuncia la repetición de detalles que preparan la conclusión de este tiempo.  El Minuetto confiado exalta la gracia de su disposición expresiva que nos sugiere un lance de Laender de matices populares y que para curiosos se acerca a modismos típicos de los músicos románticos.  El Finale: Allegro, queda en manos de los violines  primeros con notable vivacidad que se resuelve en una cadencia que modula sucesivamente, junto a la respuesta de instrumentos de viento, en un salto de irónicas imitaciones que se convierten en nuevas audacias repartidas entre instrumentos de la propia orquesta antes de completar con la coda final. El empleo del clarinete, de implicaciones masónicas ha llegado a calificar la sinfonía como Sinfonía masónica, por su ideal espiritual.

Nelsonmesse In angustiis, en Re m. Hob. XXII. 11, de Franz Joseph Haydn, compuesta entre agosto y octubre de 1798, en Eisenstadt y fue su primera obra entregada después de su Oratorio La Creación (Die Schöpfung) Hob. XXI. 2, obra que seguía un patrón que apenas había cultivado a consecuencia de un estilismo que perdía interés y apoyo. En su caso, sería la solicitud del organista y compositor Johann Georg Albtrechtsberger, para abordar un oratorio que se asociaba a los de G.Friedrich Händel en una relación seguida durante un Festival Händel, en la Abadía de Westminster en 1791, durante su primer viaje a Inglaterra, que le dejaría profundamente impresionado. Missa in angustiis, nos traslada a las expediciones Bonapartistas en las que Nelson destruiría la flota francesa en Aboukir,  mientras Haydn trabajaba en esta obra, Nelson y Lady Hamilton, pasaron un período en Eisenstadt, Lady Hamilton,  apreciada como cantante, había dejado muestras de sus dotes interpretando la canzonetta inglesa The spirit´s song , la cantata Ariadna auf Naxos, del propio Haydn, quien también les obsequiaría con la obra  Lines from Battle of the Nile Hob. XXVIb. 4, y el maestro Haydn, dirigiría la Missa in angusiis en su presencia en 1798, convirtiéndose en la más popular de sus obras sacras, que la dejará asociada con Nelson, aunque para el autor no tendría nada de sorprendente, animada sencillamente por un aliento dramático a golpe de breves intervalos, producidos por efectos inesperados.   El Kyrie, resulta sombrío y amenazante, dentro de una escritura en un bloque único, un Allegro moderato, que persigue una cascada de notas sucesivas  con respuesta de trompetas y timbales y ácidas sonoridades preparadas por el coro. Será la soprano quien intervenga en el Christe eleison hacia un fugato agitado en forma desarrollada, gracias a las sutiles contrastes de la orquestación  que recupera una adaptación de la forma sonata en el estilo vocal, típica de la herencia vienesa.   El Gloria, aporta un diálogo en Et in terra pax confiado al cuarteto de solistas hacia el Glorificamus  reapareciendo la soprano en el solo Gratias agimur. El Qui tollis (adagio) central manifiesta el comienzo de un pasaje que recuerda el Tuba mirum, del Requiem de Mozart, llamativas resultan las intervenciones salmódicas  del coro en el Miserere nobis y la nobleza de registros graves sobre un fugato del Kyrie, enunciando el Quoniam del inicio del Gloria en sus primeras palabras In Gloria Dei Patris.    El Credo, en forma tripartita, destaca momentos como Lumen de Lumine; Deum verum de Deo Vero; L´incarnatus- que podrá recordarnos al de Mozart-, y el coro en el Crucifixus, con trompetas y timbales. La soprano toma protagonismo en Et vitam venturi saeculi, amen.   El Sanctus (Adagio), un misterioso momento expresado sin reposo entre tenues detalles piano- forte- piano, del coro acompañado por las cuerdas con respuesta de trompetas y timbales sobre un enunciado en staccato, con arpegios del órgano a los que sigue un breve Pleni sunt coeli y un Osanna, en fugato (Allegro ¾).  El célebre Benedictus Allegretto, destaca por su ritornello orquestal en un destacado dramatismo acentuado por las trompetas animadas por motivos rítmicos, de nuevo con la aparición de la soprano a solo antes del protagonismo del coro con la orquesta en medio de una progresión polifónica que nos ofrece el grupo de los cuatro solistas. Un repentino silencio, insinúa la llegada de fanfarrias osadas y vigorosas características de finales del siglo XVIII, pasajes antológicos que desbordan la extensión de doce compases y que conducen a la coda pujante ante la llegada del Osanna en estilo fugato (Allegro), en Re M. ¾ .  El Agnus Dei, (Adagio), en Sol M., reclama de nuevo el protagonismo de los cuatro solistas, asistidos por la sección de cuerdas. Un encadenamiento que enlaza a la mezzosoprano con la soprano, en una relación ostensiblemente enriquecedora para dejar espacio a la intervención de los cuatro solistas en conjunto que enuncian las palabras Donna nobis pacem, el Donna nobis resulta acentuadamente vivace, en Re M. , resultando una fuga que se interrumpe varias veces gracias a la entrada súbita de los violines concluyendo entre dobles corcheas que nos trasladan a la conclusión de aire triunfal.

Ramón García Balado

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