Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
Primer concierto de la serie (En)Foco del Auditorio de Galicia con la RFG, dirigida por Matteo Dal Maso, en un monográfico dedicado a Astor Piazzolla, en la que la acordeonista Sofía Ros destacará como solista para un programa en el que también tendrá como a Óscar Cobos y Antía Barcia, en el cuadro de danza-día 16, a las 20´00 h-, Sofía Ros se maneja con un bayan Pigini Sirius fabricado en Castelgaldolfo y profesionalmente comenzó a consolidar su carrera con la BBC Radio Scotland Young Classical y con la BBC Scottish Symphony Orchestra, con Andrew Gourley, incluyendo en su estreno el Concierto Aconcagua, del propio Piazzolla, recibió becas de la Hatori Foundation y de la Countess of Munster Musical Trust y sus actividades la llevaron a participar con la Eutherpe Foundation, dando a conocerse artísticamente en el Carnegie Hall, la Konzerhaus Wien o en el Queen´s Hall, de Edimburgo, en su Festival Internacional.
Astor Piazzolla, quien afirmaría que el tango había tenido grandes bandoneonistas desde maestros como Maffia o Laurenze, notables estilistas; el gordo Troilo, quien no era especialmente deslumbrante pero sí un intérprete sublime y deslumbrante; Minotto, grande aunque ciertamente menos valorado por el gran público y que acabaría dejando el instrumento para pasarse al oboe, con la Orquesta del Teatro Colón; Roberto Di Fillipo y en la generación posterior, Leopoldo Federico, Dino Salucci y Néstor Marconi. Piazzolla se sentía distinto a todos, ya que su touch era especial. Troilo Gobbi, Ginastera, Boulanger, para nuestro artista la gran revolución desde los nuevos efectos sonoros y rítmicos, había tanta audacia en sus creaciones que Piazzolla escribiría un tema llamado Éxtasis, con un detalle final sobre un arreglo de un clásico de Horacio Salgán A fuego lento. En la geografía que vio nacer el histórico Quinteto de Piazzolla, el mundo vivía una revolución artística similar a la de Cien años de soledad (García Márquez) o el cine de Ingmar Bergman o los escenarios porteños a los que llegaban obras de Harold Pinter y hasta Vittorio Gassman. Se asistía pues a un enfrentamiento entre Piazzolla y Anibal Troilo.
Piazzolla camino de París para encontrarse con Nadia Boulanger, tras sus experiencias con Gardel para el filme El día que me quieras en una de sus aventuras neoyorquinas y sus estudios de bandoneón con Libero y Homero Paolini, en Mar del Plata, preparando una vuelta a Buenos Aires para formar uno de sus primeros octetos o lo que serían en Nueva York las formaciones de jazz- tango. Aquella fórmula octeto, le permitirá colaborar con Ernesto Sábato o el actor Alfredo Alcón, puerta de entrada para sus colaboraciones con Amelita Baltar y Héctor de Rosas- Balada para un loco-la fórmula del Noneto, cabrá en sus horizontes, llegando a dejarnos su primer registro con Libertango, con diversas agrupaciones. El Sexteto, finales de los ochenta, estaría integrado por dos bandoneones, violín, chelo, piano y contrabajo. En esencia, una actitud profusa y revolucionaria, compartida con colegas como Osvaldo Pugliese, Troilo y Horacio Salgán, Alfredo Gobbi, Julio De Caro o Vadaro,en un intercambio de pareceres estilísticos, que impregnarán su oficio como compositor y director. La mentada etapa parisina con Nadia Boulanger, ocupará la segunda etapa de su carrera, quien le animó a tomarse en serio el bandoneón y la orquesta de cuerdas, y que le impulsaría a componer para el cine: María Ferrari, Continente blanco o Los tallos amargos y Violencia en la ciudad.
También el Piazzolla de la orquesta típica, en la que tomarán relieve los arreglos que ayudarán al uso de variedad de recursos armónicos y melódicos, aplicados a la herencia de los tangos tradicionales que ayudarán a promocionar su figura, confirmada en la especie de operita María de Buenos Aires, entremezclada con la publicación de canciones de estilo: La última grela, El gordo triste, Chiquilín de Bachín, bastantes en asociación con Horacio Ferrer, estilos particularmente monocordes que contribuirán a distanciarse de un previsible melodrama, siendo primordial la elección de los cantantes. Para el Noneto, compondría obras netamente instrumentales, con aproximaciones al estilo de sus Quintetos o los Sextetos, lo que deja imagen de sus preferencias que mantendrá a lo largo de su vida creativa. Para el programa de esta sesión, nos encontraremos con el Piazzolla de la última etapa. El Concierto para bandoneón Aconcagua (en una selección), obra que toma préstamos en confianza del Flaco Aroldi, con estreno en el Teatro Colón, en 1983 y una versión posterior en Saint Louis, dirigida por Lalo Schiffrin, para ofrecer una posterior (1990), con el griego Manos Hadjidakis. De las Cuatro estaciones porteñas (una selección), obra de preferente aceptación, compuesta para quinteto de violín, piano, guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón, obra que acuñó las preferencias de un patrón afortunado; Five tango Sensations, nueva selección, casi un anuncio de una despedida a la vida: Asleep; Loving; Anxiety; Despertar; Fear, pensadas para bandoneón y cuarteto de cuerdas, que tendrá como destinatarios al Kronos Quartet, quienes llevarán la obra a registro con el título de Winter was hard, casi una premonición de acontecimientos, tras ofrecer su estreno en la Sala Alice Tully a finales de noviembre de 1989. Astor Piazzolla había disuelto su quinteto en 1988, antes de probar de nuevo con un sexteto, en el que se dieron cita Gerardo Gandini (piano), Daniel Binelli (bandoneón), José Bragato y después Carlos Nozzi (chelos), Héctor Console, alternativamente, contrabajos, y Horacio Malvicino, guitarra. Corta vida la de un Sexteto, aunque ocupará el espacio del Quinteto, manteniendo la colaboración de Gandini, especialmente enriquecedora, especialmente dentro de las técnicas de ejecución dentro de las urgencias renovadoras que sugería Astor Piazzolla, en obras cargadas de detallismo como Adios Nonino. A Nonino, su padre, supo entenderle mientras él actuaba en Puerto Rico en 1959, año en el que murió, un maestro que compuso algunos tangos muy precarios pero que presumían una trasmisión genética, en Nueva York, le había visto lagrimear junto a Julio de Caro y Carlos Gardel, o cuando tocaba las invenciones a dos voces de Johann Sebastian Bach, en el bandoneón. Tenía una buena cultura musical y era apreciado por su carácter, gracias a su buen humor permanente. En un gracejo chascarrillo, comentará: Mi papá era un tipo alto, de lindas facciones, en cambio yo, salí petisón y con la nariz de los Manetti.
Ramón García Balado

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