07/10/2026

Nicolas Altstaedt, director y solista con la Orquesta Sinfónica de Galicia

 Palacio de la Ópera, A Coruña


Nicolas Altstaedt
será director y solista del Concierto para chelo en La m. Op. 129, de Robert Schumann, completando programa con la Sinfonía nº 7, en Re m. Op. 70, de Antonin Dvorak, en el Palacio de la Ópera de A Coruña- días 9 y 10, a las 20´00 h., artista que ya nos ofreció Tout un monde lontaine, de Henri Dutilleux, y que recibió un premio Credit Suisse Young Artist Award, y que tuvo como maestros a Marcio Carneiro, en la Hochschule Detmold, a Ivan Monighetti, en la Academia de Música de Basilea, siendo uno de los últimos en seguir las docencias de Boris Pergamenschikov, en la Hochschule Hanns Eisler de Berlín, llegó a estrenar obras en el ámbito contemporáneo de David Geringas, Eberhard Feltz, Wolfgang Rihm, Fazil Say, Sofía Gubaidulina, Jörg Widman, Thomas Adès, presentándose en los certámenes de mayor rango desde el Festival de Salzburgo, al de Verbier, Schleswig- Holstein, siendo reclamado por Gidon Kremer para continuar su labor de director en el Festival Lockenhaus, también tuvo como directores a Roger Norrington, Essa  Pekka Salonen,Vladimir Ashkenazy, Andrew Davis, Vladimir Fedosev o E. Krivine, dispone de un G.B. Guadagnini, de 1799. El concierto de Schumann que se nos ofrece, lo interpretó bajo la dirección de Gustav Dudamel, con la Wien Philharmonie O., en Lucerna.

Robert Schumann-Concierto para chelo y orquesta en La m. Op. 129-, obra de mediados de la década de los cincuenta cuanto Robert y Clara recibían como protegido a Johannes Brahms y que supondrá una experiencia compartida durante toda su vida, desde el momento en que Clara será consciente de lo que supondrá el futuro, aceptando la situación que le depararán los años venideros, con amargas experiencias como el intento de Robert de suicidarse arrojándose al Rin. Una edad, la del compositor, llena de fantasmas que darán cauce a todo tipo de literatura que culminará con esa biografía plagada de ciertas incoherencias que redundarán en perjuicio de una realidad escasamente fiable. La obra que nos atañe, es pareja a la escritura de la conocida Sinfonía Renana, la Tercera, en Mi b M. Op. 97, escrita en Düsseldorf y que el autor estrenaría con el personal título previsto de Episodio de una vida en la orilla de Rin, quizás un fatídico presagio saturado por las vivencias de un momento poco halagüeño poco la realidad hacía presagiar. Una obra en tres partes debidamente planeadas desde el primer tiempo Allegro (bajo la indicación Nicht zu shnell), una perfecta idea dentro del contexto de forma sonata marcada por extenso acordes propuestos por las maderas para ceder paso al instrumento solista que prepara el intercambio de dos temas con un entrante rítmicamente sincopado y un desarrollo que ayuda a crear una gran tensión por los apresurados tresillos  que acentúan el dramatismo, que nos acerca al siguiente movimiento.  Un Adagio que para mayor certidumbre, resulta un estilo de Langsam, efectivamente un Lied oculto, que insinúa la confirmación de un necesario detalle  meditativo que se expone en estilo cantabile, en manos del chelo que se dilata entre semicorcheas.  El Vivace (Sher lebhaft), dentro de esa necesidad de perfilar las actitudes estilísticas, queda iniciado por una rápida escala del chelo, desde el Re m. hacia un pasaje claro y brillante en La  M., que se ve desplazado por una cadenza con respuesta en la propia orquesta que pone en entredicho al solista agotando sus posibilidades, en cuanto a la realidad de su virtuosismo, encumbrando su clima poético.

Antonin Dvorak-Sinfonía nº 7, en Re m. Op. 70- que tuvo su première en Londres el 22 de abril de 1885, recibiendo las más grandes consideraciones, en oposición, por ejemplo, a la Cuarta, en Re M. op. 15, que se dio a conocer en Praga, bajo la dirección del autor, una etapa fructífera, en la que pondría en atriles obras que preparen importantes acontecimientos de una madurez que confirmará la promesa realizada a la Real Sociedad Filarmónica de Londres, de  la que fue nombrado Socio de Honor, un trabajo resuelto en el breve espacio de cuatro meses, con grandes esfuerzo para el músico, obsesionado con la reescritura de la introducción en tres ocasiones. Un estímulo aceptado, será la observación de los resultados hallados en la Tercera Sinfonía, de Johannes Brahms, en su vertiente nacionalista tras la dedicatoria a Hans von Bülow, que había recurrido a ella como bandera. Quedará en medio una airada disputa con el editor Simrock, sin llegar a un acuerdo por los emolumentos a recibir, pese a la excelente recepción entre los aficionados.  El Allegro maestoso, resulta sorprendente por su gravedad con un tema ofrecido dentro de un ámbito muy reducido a cargo de los chelos y los contrabajos, en frases austeras que invitan a sentirnos comprometidos con la obra en su ascensión hacia una fuga que se traduce en el préstamo de una tonada popular de la obertura Husitska, en un enfrentamiento con otro tema secundario que se reparten trompas y maderas. Una nueva melodía, sencilla y seductora, es tratada por flautas y clarinetes, en respuesta a los violines y algo queda en ella de motivos brahmsianos, tomados de la cantinela del chelo en el Andante, del Segundo concierto para piano. El desarrollo resulta variado y profusamente contrastado, con predominio de metales, pasando a la gravedad del comienzo.    El Poco adagio, sería modificado antes de su impresión, apreciándose la importancia de su inspiración gracias al protagonismo de los violines y una especie de coral ejecutado por las maderas, un tiempo en el que destacan flautas y oboes antes de alcanzar un crescendo que emula de nuevo a Brahms, en una escritura de condensación dinámica entre fórmulas repetitivas.  El Scherzo-Vivace, una recuperación de aires bohemios, especialmente en el Scherzo en el fagot, y en los violines, curiosamente complementarios y con un trío expresivo y melódico frente a los grupos instrumentales. La repetición y la coda, se ubican en un pasaje enigmático que nos acercan a estilismos de otras tradiciones poco eslavas.  El Allegro final, de arrebato rapsódico propone nuevos acentos a  partir de un diálogo entre clarinetes y trompas en su grado sublime que insinuará aires zíngaros de profundidad rítmica con temas en fortissimo, definidos por presumibles acentuaciones exóticas que proponen las maderas. Un final en el dominio marcado por un ritmo de marcha que concluye con un optimismo majestuoso.

Ramón García Balado

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