Teatro Afundación, Vigo
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
Concierto de la RFG dirigida por César Ramos con obras de Heitor Villa-Lobos, Maurice Ravel, Darius Milhaud, Henri Duparc y Georges Bizet- Teatro Afundación de Vigo, día 7 y el Auditorio de Galicia, para el día 8, con sesión previa de Conversando con…19´45 h., teniendo como protagonista a César Ramos-, comenzando con Heitor Villa-Lobos su Bachiana brasileira nº 9, del grupo de nueve suites compuestas entre 1930 y 1945, en un homenaje a J.S. Bach, a través de los movimientos que llevan títulos sugestivos como Preludio, Aria o Fantasía, y un subtítulo sugestivo dentro de una concepción barroca de formas populares autóctonas, choro, embolada o modinha, dualismo característico de elementos clásicos populares y barrocos, reflejando en todas las piezas el uso de libres técnicas de improvisación, comunes en tantos otros músicos, reflejando una ostensible inspiración folklórica, rica y profunda. Todas esas suites, constan de dos movimientos- en la quinta, sexta y novena-; tres movimientos, la primera y cuatro movimientos- la segunda, la tercera, la cuarta, la séptima y la octava-; los diversos medios musicales elegidos reflejan la naturaleza de los materiales musicales, antes de un intento de reproducir conjuntos que fueron comunes durante el período bachiano, el autor siguió la práctica barroca antes de acomodarse a los citados métodos bachianos, y la bachiana nº 9, compuesta para orquesta de cuerda o voces, enmarca su propio discurso de desarrollo, en una comparación con los choros, estas piezas reflejan un vocabulario armónico mucho más tradicional y totalmente orientado. El empleo de instrumentos aborígenes no está presente en estas piezas, los años de madurez del compositor, pertenecen a una época de reconocimiento internacional tras haber realizado su primer viaje a los Estados Unidos que le permitió ofrecer su primer concierto el 22 de febrero de 1945, como director de la Orquesta Sinfónica de Boston, en un concierto con obras propias, entre las que incluiría el Choro nº 7, la versión orquestal de Rudepoêma y la Bachiana brasileira nº 7.
Maurice Ravel- Le tombeau de Couperin-, pasa por un delicioso cuadro de caballete, ocupando un nivel de menor importancia dentro del legado de sus obras, sin dejar de ser un prodigio de orquestación, realizada durante un espacio de dos años, un compromiso para la serie de conciertos Pasdeloup, en un contexto de plantilla que cabrá en la idea de una obra del clasicismo, en el que no se encuentra ningún efecto que no esté deducido claramente de una necesidad ya que se plantea entre lo riguroso y lo simple, aceptando en la opinión del compositor, que el homenaje de esta curiosidad se reparte entre el homenajeado Couperin y los estilismos franceses del XVIII, un homenaje sin imitación que se ofrece como un ejercicio virtuosistico que se ejerce casi a capricho, en sus piezas, quedan expuestas las razones de la obra: Prélude, Fugue, Forlane, Rigaudon, Menuet y Toccata, que responden sin la menor duda a esa forma merced a las exigencias de los títulos, el único maestro antiguo que evocan a partir de la Forlane, podría ser Domenico Scarlatti.
Darius Milhaud- Le Boeuf sur le toit- obra sustancial en el aspecto de su personalidad por su agudo sentido armónico que le lleva a la intuitiva práctica de la politonalidad, como es el caso de Saudades do Brazil, o la vocación mediterránea perceptible en muchas obras. Ese hallazgo de la politonalidad, supone parte fundamental de su aportación, dentro de la sensibilidad de la música de su tiempo, en un estilo abierto y con un instinto agudo, con exento de un acercamiento a las modas emergentes del momento, con el jazz llamando a las puertas, y cuyo resultado de mayor rango serán obras como Le Boeuf sur le toit, un trabajo en colaboración con el dramaturgo Jean Cocteau (1923), obra que podrá encuadrarse con otra tan significativa como La Creation du Monde, de ese mismo año, que incluiría 26 instrumentos de jazz, cargados de inflexiones melódicas procedentes del jazz o sus coqueteos con Igor Stravinski, la abundancia de géneros tratados, será ejemplo de la amplitud de las características del autor, que le convertirá en paradigma de su generación.
Henri Duparc-Aux Étoiles- obra puesta en atriles en alguna que otra ocasión, una de ellas bajo la dirección de Paul Daniel, teniendo como solista al trombonista Peter Moore, para Stargazer (Astrónomo), de Jonatthan Dove (1959),o Starburts, de Jessie Montgomery y la Sexta Sinfonía, en Re M. de Antonin Dvorak. Henri Duparc, había sido autor de la Suite d´orchestre y el Poéme Nocturne, además de la ópera Roussalka, partiendo de un texto de Alexander Pushkin, un compositor que había tenido una excelente relación con Vincent D´Indy y César Franck, ayudando a dinamizar la Société Nationale de Musique a partir de 1871. Aux Étoiles, resulta una especie de nocturno que sería revisado posteriormente ante la insatisfacción del autor, obra nacida mientras vivía en Vervey (Suiza), y que podría haber caído en el olvido si no fuese el interés del director Ernest Ansermet, quien insistiría en las posibilidades por su clima sereno, etéreo, una meditación que parecía dilatarse hasta una conclusión radiante, antes de estrenarse Montreux.
Georges Bizet- Sinfonía en Do M., obra de juventud, redescubierta por Reynaldo Hahn, en el Conservatorio de París, en 1932, y que estrenaría Félix Weingartner, el 29 de mayo de 1936, convirtiéndose en una página apreciada desde entonces. Cuatro tiempos desde el Allegro vivo, en forma de sonata sobre temas característicos de notable frescura, trazada sobre un marcado apunte de acentuaciones rítmicas antes de continuar con un segundo tema también vivo, aunque expresado con valores más largos y de perfiles cantabile, gracias a la participación del oboe, camino de una claridad expositiva en el desarrollo a través de una habilidad en las transiciones propuesta por la cuerda en pizzicato y apoyos de los metales. El Adagio, en La m., resulta una tranquila introducción modulante sobre acordes tratada en el primer tema con cantinelas sinuosas de tono elegíaco a las que parece colorear un leve tono de exotismo que anuncia detalles de su ópera Los pescadores de perlas, una melodía en manos de los oboes que se repite entre variaciones. El Allegro Vivace, es un scherzo saltarín y desenvuelto con un ritmo firme de la cuerda grave, que simula una idea de danza rural. El Allegro vivace final muestra una fogosidad rítmica y un encanto melódico que resumen la pretensión de la sinfonía, entre elegante y ligera sobre armonías muy elaboradas y cuidadas modulaciones.
Ramón García Balado

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