Hostal de los RR.CC. Santiago de Compostela
Actividad del LXVIII Curso U.I. de Música en Compostela con la charla impartida por la pianista Isabel Pérez Dobarro, acompañada por el titular de la Cátedra del instrumento, Josep Colom- día 5 a las 19´00h.-, quien nos dejará un par de piezas para redondear el acto. Una velada auspiciada por la Sociedad San Vicente de Paul bajo el título El piano de Santiago de Masarnau. Isabel Pérez Dobarro, merecedora de un Grammy destinado a la música clásica, participó recientemente en el Ciclo Contemporáneas, una intérprete que actuó en el Carnegie Hall, el Palau de la Música Catalana, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Conservatorio Tchaikovski de Moscú, la O.F. de Braga, siendo dirigida por Michael Thomas, Claudia Dubé o Diego Masson. Se especializó en la divulgación de obras de compositoras como Clara Schumann, Consuelo Díaz, Diana Pérez Custodio, y proyectos como Women in Music, en homenaje a Paulina Viardot, galardonado con un Melómano de Oro. Otros artistas con los que compartió experiencias fueron Eduardo Soutullo, Juan Durán, Anna Tonna, Octavio Vázquez y Miguel Borrego (Premio Nacional de Música), estrenando obras suyas, en una visión transversal de sus proyectos artísticos de impacto social, manteniendo sus objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Es Doctora por la New York University y por la Mannhattan School of Music (Professional Studies Degree, completando en otros ámbitos en la UNED y cursos de Certificado en Business, por la HBX Business School y en la Cambridge University, y asesoría bilingüe de abogacía. Su trabajo para los Grammy Latinos, ofrecido en el Auditorio de Galicia, fue galardonado como mejor obra por su apuesta ecléctica de marcada diversidad cultural, un compendio de obras que incluía trabajos de compositora de rango internacional, en el que tenía cabida creadoras como Carme Rodríguez, Gabriela Ortiz, Consuelo Díez, Marisa Manchado o Claudia Montero, a partir de una candidata a los Grammy, como Dobrinka Tabakova, con su pieza Nocturne.
Santiago de Masarnau Fernández (1805/1882), había sido alumno de José Rouré, organista de la Catedral de Granada y de José Nonó y Ángel Inzenga, en piano y composición, llegando a interpretar un concierto de órgano en El Escorial, estrenando una misa en la Capilla Real de Palacio. Fue nombrado Gentilhombre de la Real Casa antes de ser cesado en circunstancias nunca resueltas lo que le llevó al exilio parisino en una especie de viaje iniciático mientras se dedicaba a la organización de conferencias dedicadas a San Vicente de Paul, su objetivo parisino, había estado enfocado a asistir a clases de Monsigni, famoso por su método, aunque no podría culminar sus pretensiones y en compensación, sería acogido por la condesa de Goyeneche, que disponía de un piano y que le daría acceso a músicos como C.Mª von Weber, Hummel, Haydn, Beethoven y Mozart. En esta evolución personal, el encuentro con Gomís, le facilitará el traslado a Londres, para tomar lecciones con Cramer, además de asistir a importantes salas de concierto, llegando a triunfar como pianista, contando con el mecenazgo del español Manota, y la adquisición de un piano Broadwood, dedicándose a una práctica intensiva de estudios, asistiendo a clases de Schlesinger, con el que mantendría una profunda amistad durante toda su vida. La llegada a la embajada española del Conde de la Alcudia, supuso una mejoría de su estatus profesional, recibiendo junto a Gomís el encargo de maestros de capilla y organistas de la embajada, cargos sin sueldo pero con importantes prerrogativas. Ambos, junto a Laborde, participaron en la dinamización de sociedades privadas, logrando con ello un mayor relieve social. Masarnau dejaría Inglaterra por razones de salud, trasladándose a París, en donde estuvo cuatro meses, volviendo a Madrid el 21 de agosto de 1829, aunque el resultado no resultase muy afortunado, apostando pues por una vuelta a París, tras asistir al Stabat Mater, de G. Rossini. Seguía el artista itinerante entre capitales europeas que duraría un año. Otra de sus facetas importantes, sería la dedicada a la crítica musical, con Gomis como compañero de viaje.
Volverá a España motivado por insinuaciones familiares, las mismas que recibirían otros exiliados, siempre sujeto a un futuro profesional incierto y con la mente puesta en la composición mientras preparaba su ópera Francesca da Rimini, aventura que abandonaría por tener noticia de otra de Donizetti, entregándose con entusiasmo a obras de inspiración española, especialmente las dedicadas para baile o piezas de salón, sobre aires característicos. Acudía con frecuencia a las actividades promovidas por los círculos sociales, en especial los que encabezaban Federico y Pedro de Madrazo, Eugenio de Ochoa, su casa se había convertido en un lugar de acogida para realizar veladas, al igual que las ofrecidas en París. Francia y España, focalizarán el futuro de sus actividades, espacio que culminará su evolución artística. A partir de 1842, su hermano Vicente le comunicó la idea de establecer un colegio de segunda enseñanza agregado a la Universidad de la que él era catedrático, sin embargo, esos planes incluía la incorporación al centro al proyecto y abandonar París. Masarnau atravesaba uno de los mejores momentos parisinos por lo que resultaba difícil su vuelta a España, a pesar de la oferta del director del Conservatorio. Volvería a Madrid el 9 de mayo de 1843, en su regreso definitivo para dedicarse a la composición y la docencia instalándose en una habitación en la que recibía a sus amigos y a las visitas más apreciadas, consagrándose a una vida retirada y meditativa, ocupándose de la Vicerrectoría del Colegio y las clases de composición y solfeo. En 1844 con la mayoría de edad de la Reina, logró incluirse en la promoción de gentileshombres de la Real Casa, restableciendo un título de 1823, y con una antigüedad que nos traslada a 1819. Para la enseñanza, había escrito obras didácticas como El Nuevo método de solfeo y La llave de la ejecución. Masarnau abandonará su plaza en aquel año, con una dotación de mil escudos, por ser uno de los seis más antiguos, las razones primordiales de esa renuncia se debían a las incompatibilidades con las obras de la Sociedad de San Vicente, uno de los períodos más apacibles de su trashumante intensa vida, mantenida con artistas como Pedro de Madrazo, Ochoa, Guelbenzu, Esaín y Mariano Pedroeza, con los que tocaba el piano rememorando las reuniones parisinas. Desde que en 1849 fundase la filial madrileña de las Conferencias de San Vicente de Paul, Masarnau, dejó en un segundo plano sus actividades musicales dedicándose a la vida espiritual y al servicio de los desamparados. Con motivo del 150 Aniversario de la Sociedad de San Vicente de Paul, en 1999, se constituyó en el Consejo Nacional de España, una comisión histórica cuyo principal objetivo, era iniciar el proceso de beatificación de Santiago de Masarnau y realizar la historia de las Conferencias desde su fundación en España.
Ramón García Balado

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