31/07/2026

Falla imaginado en el XIII Festival Bay y Gay

 Castro de Ouro, Alfoz


Concierto en el Castelo do Castro de Ouro (Alfoz), de Lugo, del XIII Festival Bal y Gay,  con un trío formado por el compositor, arreglista y pianista Moises P.Sánchez, la violinista Ana María Valderrama y el contrabajista Pablo Martínez Caminero, para una sesión centrada en la figura de Manuel de Falla, en esa sesión que se ofrece el día 6,  a partir de las 20´30 h, el pianista aporta arreglos propios tomados del repertorio más conocido del gaditano, con algunas piezas que han tenido poca divulgación, nacidas en un entorno personal, por lo que quedaron un tanto relegadas, obras que nacieron en su tiempo como personales compromisos de circunstancias como la Mazurca o el Nocturno, en medio, la obra evocadora compuesta por Moisés P. Sánchez, la Suite imaginaria, estrenadas en Amberes y Berlín, en sus tiempos Andante, Allegro, Lento (canto) y Presto. Este compositor tuvo como maestros a Joaquín Achúcarro, en la especialidad de música clásica, John Taylor John Adams, Benny Golson y como referencias artísticas a Bill Evans, Keith Jarrett, Brad Meldau, dejándonos obras que nos dan una idea de su evolución, muchas veces en confluencia con las corrientes avanzadas del jazz, las formas de confluencia con las tendencias actuales, lo que le permite encontrar acomodo con artistas de reconocido renombre. En esa línea, aparecen trabajos como Querencia, en una forma de ballet; Guernika; Soliloquio; Beyond Beethoven, un trabajo de indagación sobre el autor, sirviéndose de algunas obras representativas; Adam the Carpenter; Metamorfosis; otra aproximación a La consagración de la primavera de Igor Stravinski, para un proyecto presentado en el Festival de Stresa; para los Veranos de la Corte, de Madrid, la obra dentro de su personal estilo, Bernstein is on Town, o su colaboración con la temporada del Teatro Titura, de Cádiz. Recibió una nominación a los Latin Grammy, por Unbalance, concerto for Ensemble.

Un programa que se sustenta en buena medida en las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla, piezas que tenían su origen, según Jaume Pahissa, en una cantante española que había trabajado en un  programa de La vida breve, quien le solicitó asesoramientos en la elección de las canciones que darán cuerpo a esta selección, para un recital de música española, una indagación sobre asuntos como la armonización, de otras canciones de arraigo tradicional. El estreno tendría lugar en el Ateneo de Madrid, el 14 de enero de 1915, en un homenaje de Falla a Turina, en el que sería protagonista Luisa Vela, acompañada al piano por el compositor en una dedicatoria a Madame Ida Godebska . El paño moruno, primera parada en este proyecto de Moisés P.Sánchez, una canción si cabe burlesca, con raíces en la provincia murciana y que servirá a temas de El molinero, en El sombrero de tres picos.  La Nana, una canción de cuna procedente de su querida Andalucía, donde este tipo de canciones gozaban de un profundo arraigo, de las que sabrá comprender esa irresistible sensibilidad, ya  desde sus años de juventud, canción que recibirá un absoluto reconocimiento en recitales de los cantantes más diversos. La Canción resulta una agridulce y resignada canción de amor, con un acompañamiento mecedor, cuya tonalidad en Sol m, suena fresca, después del ancestral, arrullador modo de la Nana. La Jota, resulta una alegre canción bailable de origen aragonés, en la que el piano provoca la tensión con un largo y rítmico preludio, en cada uno de los versos- en la versión original- tras la calma que nos lleva a una breve coda, en un recitado con la repetición de la línea Hasta mañana…La Asturiana, lamento procedente del norte, que en su transcurso, resulta un insistente pedal del piano en Do, que sirve como una falsa tónica, para pasar al Polo, un denso 3/8, ligeramente agresivo con un acento guitarrero, en las cercanías del cante jondo, entre el griterío colectivo que se acentúa entre desapacibles ayes.

El amor brujo presta las incandescencias de la Danza ritual del fuego, en su conjunto, sus melodías se han hecho populares por su fuerza rítmica que resultan encomiables por su profunda sabiduría polifónica que puede enmascararse para pasar desapercibida, aspecto que el estudioso Adolfo Salazar, advirtió en la ampliación orquestal de 1916, (lo que luego pasaría a ser con retoques, la versión definitiva). En nada modificará el carácter de la primera en cuanto a su peculiar colorido, consistente precisamente en que a ese colorido, contribuye con fuerza la armonía empleada, que no cambiará en las diferentes versiones. Para Rodolfo Halffter, Falla distribuye los sonidos que integran un conglomerado sonoro según le conviene al realizar sus intenciones y propósitos musicales, lo que es bien perceptible al analizar los distintos propósitos musicales. Otra de las características del El Amor Brujo, en cuanto a su lenguaje melódico, es la búsqueda de nuevos efectos haciendo giros inesperados para el oyente. Muchos de ellos tienen un marcado carácter modal, inspirándose para ello en el folklore español. Conscientes arcaísmos que dotan a su lenguaje de  una perspectiva de doble sentido, hacia el subsuelo de la intrahistoria como nuevos caminos del arte contemporáneo.

Ramón García Balado

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