24/09/2026

La OSG con su titular Roberto González-Monjas en el XV Festival de Música Sacra de Colombia

 Gira americana


Tres serán los conciertos que ofrecerá la OSG en su visita a Colombia los próximos entre el 2 y el 4, en la Iglesia de San Ignacio de Colombia acompañada por el Coro Nacional de Perú y el Nacional de Colombia, con un monográfico mozartiano que incluye sus conciertos para violín, de los que será solista el propio González-Monjas a los que se añade el Requiem, en Re m. K. 626 y la Krönungs Messe (Misa de la Coronación) K. 317. El día 2, primera sesión, reservará el Concierto para violín nº 1, en Si b M. 207, obra nacida tras su regreso su Salzburgo tras pasar meses en Munich y de haber compuesto su ópera La finta fingida  K. 196, dentro de sus pretensiones de obtener un puesto de músico en la corte y escapar de la tiranía de Colloredo. Un período que le permitirá componer la serie de conciertos para violín, entre los meses de abril y diciembre de 1775. Para estudiosos como Einstein, esta obra contiene claras reminiscencias del viejo ideal concertístico, gracias a las cuidadas inventivas decididamente no bufas y con figuraciones en la parte solista que se podrían encontrar en Corelli o en Antonio Vivaldi. Los temores a no terminar esta página  suficientemente efectista, impulsó al autor al año siguiente, a crear un nuevo final, en sustitución del presto original. En la misma fecha, también ofrecerán el Requiem K. 626, en el tratamiento de Robert Levin, que ya se había ofrecido aquí, esta vez con el Coro Nacional de Colombia, dirigido por Diana Cifuentes, el inicio de la composición del Requiem, resultaría como consecuencia de la visita de un inquietante emisario que resultaría más simple y prosaica, un tal A. Leitbeg que se le presentaría como por cuenta de un conocido vienés, el conde Franz von Walssegg, el cual deseaba esconderse como una figura anónima, demandando una misa fúnebre para dedicarla a la memoria de su consorte, desaparecida en plena juventud. Parece ser que este conde solía apropiarse de muchas partituras merced a una complicidad con los editores e incluso de los propios compositores. Para Prod´homme, la obra no es sino una elegía de un artista moribundo, una lamentación puramente humana, el canto de la resignación y de la confianza en la inmortalidad ideal, entendido como un adiós a la vida, dentro de una belleza conmovedora. Para Abert, el Requiem de Mozart es una obra sacra en el más alto sentido de la palabra, a pesar de esto, fue una obra modernísima cuando apareció y pertenece al género sacro no sólo en el uso de las melodías litúrgicas de forma rigurosa contrapuntística, sino sobre todo por la tendencia a extraer lo individual de un apropiado testamento. Queda en mente la figura de Süssmayer, por la inmensa cantidad de literatura surgida en su entorno, en lo relativo a la conclusión de la obra.

 Para el día 3, tres de los conciertos para el instrumento del salzburgués, comenzando por el Concierto para violín nº 2, en Re M. K. 211, obra de un veinteañero y que vio la luz en su tierra en el verano de 1775, tras su vuelta de Munich, donde había ido para asistir a la representación de la ópera citada La giadinera fingida K. 196, y que había supuesto la reanudación en su doble condición de Compositor e intérprete, en su condición de Konzertmeister, en la corte de Salzburgo, muy vinculada al clima del concertismo alla italiana, atestiguando modelos de matiz franceses, con una exquisita factura formal y una elegancia galante, así como, en el plano técnico, el peso reducido de la orquestación tendrá una notable influencia, detalle que resulta primordial en sus primeros conciertos para el instrumento. El Concierto nº 3, Strassburger Konzert, en Sol M. K. 216, merecerá la consideración de Abert, quien dirá que la obra resulta una dulce fantasía cuyo corte seco de romanza, hace pensar en los estilos franceses, especialmente poéticos en su conclusión en la que el solista abre los ojos por última vez. El Adagio es un largo canto melódico de carácter trágico. El Concierto nº 4, Strassburger-Konzert , en Re M, K. 218, en lo relativo al nombre dado por el propio Leopold, parece que se debe al recuerdo de un aria popular, tal vez escuchada en Estrasburgo durante un viaje en el que también se encontraría en la mussette del último movimiento. Esa danza era igualmente un estilo de sociedad  muy en boga en Austria, como lo explicaría Caroline Pichler.  Especialistas habrá que encuentren afinidades con Luigi Boccherini, una obra bastante distinta de sus predecesoras cuyo Andante es en realidad una ininterrumpida canción para el violín y una confesión de amor que concluye con un susurro en pianissimo, tratándose de una obra del espíritu sin ninguna pretensión efectista. La parte del solista para agudos analistas, destaca por su lirismo y belleza melódica que deslumbran al oyente más exigente. En medio de los viejos modelos italianos- los conciertos para violín de G. Tartini y F. Geminiani, y los sucesivos de P. Nardini y el mentado Boccherini, el autor introduce con sorprendente naturalidad, las conquistas de aquel nuevo estilo galante.

Para el día 4, el Concierto para violin (Türkisch), en La M. K. 219, con ese movimiento en La m., impropiamente definido como Türkisch, como expresión de las turquerías entonces en boga, entre pasajes que con su hosco ritmo de czarda húngara y su cortante tonalidad quebranta la delicadeza luminosa de esta página. Tras la serie de con conciertos para este instrumento, abandonará este género, y sobre el Rondó, en particular, podremos atenernos a la impresión de Paumgarter, quien sostendría que raramente nuestro músico volverá a escribir fragmentos más graciosos que los rondós de los Conciertos K. 218 y K. 219, en el demoníaco movimiento final, mimetiza aquí los exotismos turcos. La tonalidad resulta de indiscutible originalidad animando a especialistas a comentar sobre las influencias y afinidades con otras páginas de maestros ilustres como Antonio Vivaldi o Philippe E. Bach y hasta D. von Ditterdorf. Con el Coro Nacional de Colombia, ofrecerán la Krönungs Messe (Misa de la Coronación) en Do M. K. 317,obra animada por seis episodios litúrgicos dentro de un planteamiento ambicioso e imponente perteneciente al género de la Misa breve (Kyrie, Gloria,Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei, animada por algunos episodios para solista de especial intensidad, la concisión formal en respuesta a las exigencias de su demandante, destaca por el talante pegadizo de los temas, los contrastes- fácilmente accesibles-, entre otros líricos y reflexivos, teniendo una escritura coral predominantemente homofónica y destacando la simple belleza de sus solos que ayudarán a convertirla en una de las composiciones más populares del autor, reuniendo en perfecta fusión dos aspectos que parecen inconfundibles: un carácter popular (por su destino a una iglesia frecuentada por peregrinos) y un modelo sabio y perfectamente elaborado. En esta Misa se descubren ya los gérmenes de arias que Mozart desarrollará posteriormente en dos de las obras teatrales de madurez, en concreto las  afinidades de la parte de soprano del Agnus Dei, con el aria de la condesa Dove suono i bei momento, de la ópera Le Nozze di Figaro, la obra fue compuesta en Salzburgo y estrenada el 23 de marzo de 1779, primera página compuesta tras su regreso de París, reanudando las obligaciones al servicio del conde Colloredo como nuevo cargo de Hoforganist y que dejaría como resultado otras obras religiosas.

Ramón García Balado.

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