Basílica de San Martiño, de Foz
Gala schubertiana con Die schöne Müllerin en la voz del barítono Samuel Hasselhorn acompañado por el pianista Daniel Heide, que estarán en la Igrexa de San Martiño (Foz)-día 21, a las 20´30 h-, un cantante que estuvo en proyecto de importancia en nuestro país como la Schubertiada de Vilabertrán, en más de una ocasión, tras una importante carrera consolidada junto a otros compañeros como el pianista Konstantin Krimmel y haber recibido el reconocimiento de Thomas Quastoff, en una de sus convocatorias de actividades, compagina con conocimiento de estilo tanto el Lied, como la ópera, tras colaborar con la Wiener Staats Oper, la Ópera de Hamburgo, la Ópera de Frankfurt, la Deutsche Oper Berlin, La Scala de Milán, Baden-Baden- Lohengrin (Herruter)-; la Staatsoper Unter den Linden o el estreno de Das Kalte Herz, de Matthias Pintscher; óperas de Richard Strauss, como Die Scheigsame Frau y con trabajos en registro que dejan constancia de su evolución artística como Licht und Schatten (Luz y sombra), Hoffnung (Esperanza) o Urlich, una apuesta por la confluencia entre el Lied y la ópera; también su presencia en Die Tote Stadt, de Korngold o Pélleas et Mélisande, de Claude Debussy.
Die shöne Müllerin (la bella molinera) D. 295, de F.Schubert, grupo de 20 lieder, en los que por vez primera se encuentra con Wilhelm Müller, el tercero en importancia numérica de los lieder, después de Göethe y Mayhofer, antes que Schiller y el único que le proporciona en dos ocasiones grupos coherentes de una veintena de lieder en torno de una tema (La bella molinera y El viaje de invierno). Wilhelm Müller, participó activamente en la Befreiungskrieg, que unía a un grupo de artistas berlineses combatientes por la libertad, puro espíritu romántico en la reivindicación de la histórica germánica del Volkslied, además de tomar partido por la independencia griega, escribiendo sus Grieche Lieder (Canciones griegas) y realizar una traducción a partir de textos isabelinos, del Fausto de Marlowe. Un entorno cultivado en el que se movían artistas como el Consejero von Stägmann, los poetas Achim von Armin y Ludwig Rellstab, el pintor Wilhelm Hensel, y otras tantas luminarias. Un juego de sociedad que concitará a estos artistas, en que brillará de forma especial Die schöne Müllerin, desde el primer Lied Das Wandern, hasta el de conclusión Des baches Wiegenlied, para el poeta, era la intención recrear con el ciclo el espíritu del Volklied germánico, tanto por lo sencillo del tema, como por la forma o la métrica de los poemas, aspecto que el poeta dejará memoria en su diario.
La admiración que demostraron por la obras de Müller, dos de los apreciado contemporáneos, como Heinrich Heine y Franz Schubert, habrá de hacer reflexionar bastante sobre la valía de su alcance para una obra de dimensiones semejantes. El encuentro de ambos, sobrepasarán sobradamente lo anecdótico situándose en lo más profundo de la psicología de músico. Esos temas de Müller, resultan claves en el compositor desde hacía mucho tiempo: el caminar, el viaje, la ambigüedad amor- dolor, el amor rechazado, el recurso a la naturaleza benéfica y sobre todo, lo que sin ninguna pudo llegar al corazón y al alma de Schubert, en La bella molinera, es la romántica subjetividad de los poemas, un YO fuertemente expresado, se manifiesta en preparación de El viaje de inverno. El ciclo que nos afecta, destaca por la sencillez elegida, en su conjunto sorprende la unidad y la sencillez, dejando ante nosotros la impresión de distanciamiento de los lieder de Collins o de Rückert.
El hecho de que los haya compuesto para voz de tenor-su propia voz-, aunque en dedicatoria a la voz de barítono, su amigo el barón Schönstein, era una prueba de la personal emoción del compositor, ante el texto. El ciclo cantado por un tenor, desprende una dimensión de conjunto más bien vulnerable, más sensitiva que por un barítono. La inocencia resulta más dolorosamente traicionada, la ternura más trágicamente rechazada, porque están más cerca de la infancia. Más allá de la extraordinaria del clima de la obra, no parece un verdadero plan arquitectónico, tanto formal como tonal, para los veinte Lieder, pero la solidez de la construcción de la construcción aparece en otros planos. El primer Lied Das Wandern (El viaje), llevaba impreso el título de Wanderschaft, y fue añadido posteriormente por Müller, debido a que en el juego de sociedad primitivo comenzaba con el segundo de los Lieder del ciclo. El último de ellos, Das Baches Wiegenlied (Canción de cuna en el arrollo), es el arrollo al que corresponde la conclusión. A las cinco estrofas iguales del primer Lied del ciclo, responden las cinco últimas iguales del último. Uno y otro rivalizan en su voluntad de sencillez; sus líneas melódicas y la estructura de sus temas están bastante próximas. Se trata realmente de una conclusión, pero el viaje comenzado tan alegremente termina con la muerte, ya que la canción de cuna es un canto fúnebre. Trockne Blumen (Flores secas), antepenúltimo de la serie, la muerte ya está presente y sobre una marcha fúnebre empieza este Lied, elaborado en dos partes, una en MI m., otra en Mayor, en una oposición modal cercana al Lied anterior, un vínculo entre el talante de esos los dos Lieder Die böse Farbe (Odiado color) y Trockne Blumen (Flores secas), que explica tal vez por qué Schubert deja a un lado Blümlein Vergissmein que proponía Wilhelm Müller, entre los dos poemas.
Ramón García Balado
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