Concierto de clausura del XIV Festival Groba de Ponteareas en el Auditorio Reveriano Soutullo de la ciudad-día 22, a las 21´00 h-, con la Orquestra de Cámara Galega, que dirige Rogelio Groba Otero, con obras del maestro Rogelio Groba, Enrique Granados y Manuel de Falla, contando con la participación del pianista Pablo Diago Busto, formación en residencia del certamen, fundada en 1995, ya con una larga trayectoria por la abundancia de sus colaboraciones entre las que destacan Ara Malikian, Guy Braunstein, André Cebrián, Oyvid Gimse, J.L. Estellés, Teresa Berganza, Clara Yumi Kang, David Figueroa, Anastasia Kobekina, Esteban Batallán, Adriana Ferreira, Federico Colli, Kyril Zlotnikov, Sunwook Kim, Jin Joo Le, Juan de Udaeta, Pacho Flores y tantos otros. Rogelio Groba Otero, dinamizador del festival, mantiene en vigencia esta cita estival, contando con una serie de publicaciones que conceden la necesaria dimensión de su proyección artística, con ejemplo como la edición de la ópera Don Chisciotte, de Manuel García, patriarca de una célebre saga de cantantes que han dejado huella en la historia, en un registro realizado en el Teatro de la Maestranza, de Sevilla, al tiempo que colabora con la Radio Galega, la TV3, RNE, y una importante actividad de giras por Europa y Latinoamérica, titulado Superior en la especialidad de violín, entre A Coruña y Oviedo, amplió su preparación en Londres, con Detlev Hann, profesor de la Guildhall School of Music and Drama, llegando a actuar en el Spanish Modern Festival Wien, el Merkin Concert Hall, de la Fundación Kaufman o en el Museo Reina Sofía, el Palau de Música de Barcelona y el Palacio Ducal, de Génova.
Para comenzar la sesión, dos obras del maestro Rogelio Groba Groba, el Concerto de arcos, en sus tres tiempos, Allegro impetuoso; Andante- scherzo- andante; Presto, y la Sonatina, en la versión de 2026, en sus tiempos Allegretto; Moderato; Allegro vivace y Allegro, para el autor, el hecho de componer en sí mismo es una necesidad biológica, la esencia de su existencia y una prueba de la naturalidad de que esto sucede, son las más de quinientas obras compuestas en todos los géneros. Si le echamos una ojeada a su trabajo creativo desde una perspectiva cronológica, será fácil descubrir un eje que va desde las estructuras sencillas a las más complejas. Una evolución en la que queda adherida la huella del momento psicológico del autor, estimulado por el tiempo histórico que le ha tocado vivir, pero también un enraizamiento profundamente gallego que aflora en la totalidad de su trabajo, y no sólo por el frecuente recurso al dato etnográfico, sino también porque sus obras están empapadas de un galleguismo surgido de forma espontánea, de la experiencia del autor, encuadrable para estudiosos con criterio dentro de la llamada Generación del 51. Una serie de apreciaciones que tendrán reflejo en las opiniones de músicos como fueron Joaquín Turina, o Leopoldo Hontañón. Mención especial para sus óperas, todavía pendientes de recibir la consideración merecida, hablaríamos de Camiños de Rosalía, de 1994, coordinada por Maruxa Villanueva, con la presencia de un coro amplio; Divinas palabras, texto de R. Mª del Valle- Inclán (1986/7), en cuatro actos, anterior a la de Antón García Abril, destinada a la reapertura del Teatro Real; Floralba, sobre la poética de Manrique Fernández, destinada al Castelo de Vilasobroso; María Pita, con texto del compositor, en el planteamiento de tres actos, para orquesta y un nutrido coro de ochenta voces. En el apartado de coro y orquesta, buena impresión dejaron Anxos de Compostela (Cantata in modo antico), con texto de Filgueira Valverde, que tendrá una revisión en 2004; Cantata de Maio (In modo antico); Cantigas do mar, sobre texto del mismo Filgueira Valverde o en la serie para solistas y orquesta, In Memoriam Manuel de Falla, obra en tres tiempos: Cantus primus: Mors; Cantus secundus: Ferthur infortunium y Cantus tertius: Insepultus.
Enrique Granados- Quinteto, Op. 49, en sus tiempos: Allegro; Allegreto, quasi andantino; Lento- una etapa de transición mientras atendía a otros compromisos, como el de presentarse a una cátedra, y responder a actividades concertísticas en el Salón Romero, de Madrid, un músico realmente agitado por la importancia de acontecimientos que urgían su realidad cotidiana, como el estreno de este Quinteto Op. 49, o una obra de no menor relieve como el Trío Op. 50, a los que se añadirán los tan apreciados Valses poéticos, también las tentaciones parisinas habían condicionado su realidad en aquel período, ayudado por la generosidad de Eduardo Conde, que sufragaría sus gastos, en lo concerniente a sus estudios, una etapa en la que podría disfrutar junto a Ricard Viñes, realizando conciertos en la prestigiosa Salle Érard, además de asistir a los Concerts Lamoureux. Mientras completa este Quinteto Op. 49, tendría la oportunidad de divulgar sus apreciado Valses poéticos, entre los que también aparecerían la Suite sobre cantos gallegos, estrenada en la Sociedad Musical de Barcelona, con Lamote de Grignone.
Pantomima y Danza ritual del fuego, de Manuel de Falla (El Amor Brujo), a cargo de la Orquestra de Cámara Galega, dirigida por Rogelio Groba Otero, con el pianista Pablo Diogo Busto, obra de compleja evolución escrita tras su vuelta parisina e impregnada de un espíritu jondo, ya desde su versión original, lo que permitió conceder razones para engrandecer esta composición mediando con creces la figura de la bailaora Pastora Imperio, a solicitud del propio compositor y la mediados de los Martínez Sierra- María Lejarraga, como la posteridad se encargará de poner en su justo lugar. La madre de Pastora Imperio, para mayor gloria, era Rosario la Mejorana, quien les cantaría canciones tradicionales cargadas de ese mentado sentir jondo, permitiendo la escritura de un espectáculo destinado al estreno el 15 de abril, de 1915, en el Teatro Lara, de Madrid, con Pastora Imperio y su compañía, bajo la dirección de Moreno Ballesteros, con una orquestación integrada por flauta/piccolo; oboe; trompa; corneta; piano y quinteto de cuerda. Arthur Rubinstein, en su autobiografía My Young Years, Londres, 1973, remarcó que el espectáculo fue dado a última hora de la noche. La combinación de un tema crudo con una condensación de música folklórica, presentada en una forma en la cual el público de Madrid, no estaba acostumbrado, no fue bien acogida.
Ramón García Balado
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