Pazo da Golpelleira, Vilagarcía de Arousa
El Pazo da Golpelleira- día 24, a las 21´00 h., acoge la actuación de The Terra String Quartet con el clarinetista Oskar Espina Ruiz, interpretando obras de F. Mendelssohn y Johannes Brahms, grupo con formación en la Juilliard School neoyorquina, el New England Conservatory, la Universidad de Harvard, el Curtis Institut of Music, siendo grupo en residencia de la Yale Shool of Music (2024/6), participando en la Four Sesions Chamber Music, de la Carolina University. Oskar Espina Ruiz, clarinetista, participó en el Festival Casals, teniendo como maestros a Imanol Bageneta, Alba Torrenoche, Carlos Villasol, recibiendo un Prix Grammy, además de colaborar con el Cuarteto Latinoamericano . Como investigador, fue responsable de la recuperación de la figura de Julián Menéndez, compositor romántico del XIX, en un catálogo de obras que se conservan en el Met neoyorquino, otra de sus facetas fue la orquestación de obras de Manuel de Falla, Maurice Ravel, Enric Granados y Joaquín Turina. Entre sus trabajos, destaca American Women Composers of our time, para el sello Brillant, con obras de Amy Beach, Gabriele Lena Frank o Jenifer Hogdon, entre otras.
Dos obras en programa, el Cuarteto en Fa m. Op. 80, de Felix Mendelssohn Bartholdy, obra de un periodo en el que el autor pasaba una grave crisis y tras su muerte, con el primer aniversario conmemorativo, J. Joachim, lo estrenó en el Conservatorio de Leipzig, una partitura que sería publicada en 1850 por Breitkopf & Härtel. Cuatro tiempos empezando por el Allegro vivace assai. Único en la historia del género e impulsado por la desesperación y el horror, en el que la viola y el chelo se mantienen sobre un Do grave, entre matices contrastantes, preparando el surgir de un segundo tema apoyado en una pedal de dominante. Tras una recapitulación clásica pasaremos a una serie de trémolos debilitados que introducen una coda vehemente que se precipita en una stretta en grandes unísonos seguidos por una cadencia muy brillante. El Allegro assai, se distancia de un posible mundo onírico que hallamos en algunos scherzos del autor, aportando una respuesta dolorosa, con sus doce compases ritmados en hemiolas y un marcado acento en el que los cuatro arcos quedan ligados entre sí. El Adagio se ofrece entre lo melancólico y lo claroscuro, un eco de los lamentos del primer tiempo, a través de un tema descendente del chelo que se despliega en un largo crescendo de atrevidas modulaciones. El Finale: Allegro molto, nos lleva al paroxismo entre inquieto y nervioso, el más agitado del autor por sus frases intensas sacadas del vacío. Un segundo tema modula siempre sin contornos definidos, renunciando al tradicional trabajo temático. Durante la reexposición, el primer violín adorna el tema con un contracanto en tresillos que se transforma en la coda.
Johannes Brahms- Quinteto para clarinete y cuerda, en Si b m. Op. 115-, una de sus obras maestras inspirada por el encuentro con el clarinetista Richard Mühlfeld, que dejaría otras obras de similar dimensión, con referentes como Johann Stadler o Heinrich Barmann. Culmina las prodigiosas piezas propias de las sinfonías , un testamento donde se confrontan las inquietudes del músico, con modelos como el Requiem alemán. Una obra casi reservada por su suavidad y discreción aunque también calurosa y expresiva y emblemática. Para Vignal, aunque el quinteto lance una mirada al anochecer de una vida, está no obstante impregnado en la melancolía de una luz reconfortante. El Allegretto, muestra una especie de apertura estructurada según la tradicional forma- sonata, abriéndose con un estilo de inciso temático, melódico y añorante, que garantiza la unidad de toda la pieza. Es de admirar la suprema libertad en el uso de los temas principales y las ideas secundarias, el tejido armónico particularmente dulce, la fluida alternancia de los diversos elementos. Además, al clarinete y también al chelo, se les ofrece la posibilidad de participar en esta emocionante aventura, pero siempre con una púdica reserva. El Adagio, una forma muy querida por el autor, resulta un Lied ternario, definido como un auténtico canto de amor. En efecto, la soñadora cantinela del clarinete, sustentado por los arcos con sordina, no podría ofrecer una idea mejor de la confianza y sencillez del quinteto. El clarinete, auténtico protagonista de este movimiento explota todas las posibilidades de exhibir su virtuosismo (no solo técnico, obviamente, sino también expresivo) y se convierte en portavoz de una serie de representaciones especiales motivos ornados y variopintos, con acentos graciosos, afectuosos, líricos en páginas que le confieren un barniz, de un genuino pasaje concertístico: profusión de extraños arabescos, de detalles decorativos, de juegos y divagaciones rapsódicas. El Andantino, poi presto non assai, ma con sentimento, resulta singular por su fluidez y estructura, apareciendo atravesado por un insólito preludio, una treintena de compases. Los contornos difuminados de este tiempo, parecen quedar refrendados por el presto, con el que está concadenado, pero aunque esta pieza aparece sin forma bien definida y desarrolla libremente el tema en el espíritu de un scherzo da vida a un episodio misterioso y terrenal. El Finale (con moto) queda estructurado siguiendo la fórmula inequívocamente brahmsiana, la propia del tema con variaciones. Este tema, una de las innovaciones más bellas de la historia de la música, es expresado a través de la sencillez de la cuerda. Después, por turno, se pueden apreciar todas las voces: el violonchelo en la primera variación; el clarinete, en la segunda, página universal con dibujos febriles sobre el acompañamiento sincopado de la cuerda, el clarinete y el primer violín que tocan juntos hacia un célebre diálogo amoroso, en una ralentización arquitectónica de sublime fascinación.
Ramón García Balado

Ningún comentario:
Publicar un comentario