Museo das Belas Artes, A Coruña
Concierto del XXV Ciclo Música para unha época, dentro de las actividades del Museo das Belas Artes de A Coruña- día 7, a las 12´00 h., con el Dúo Fasla-Prolat, en un monográfico beethoveniano, añadiendo una visita guiada: Arte galega do século XX, formación que realizó un proyecto de transcripción de sonatas de D.Scarlatti, en tratamiento para violín y piano, y que colaboraron con Enrico Onofrí, el Jouska String Quartet, siendo premiados con el Café Baushaus Award (2024), recibiendo becas de la Fondation Thorens, la Yehudin Menuhim, mientras reciben asesoramientos de Anna Gebert, tras haber estudiado en la Hochschule für Musik Freiburg, la Musik Akademie Basel, la Universität Anton Bruckner Linz. Maestros suyos fueron Muriel Cantoreggi, Rafael Rosenfeld, Rainer Schmidt, Anton Kernaj, Ivan Monighetti, Martin Beaver y Clive Brown.
Para comenzar, la Sonata nº 1, para chelo y piano, en Fa M. Op. 5, el maestro dio prioridad al chelo en este grupo de dos sonatas que en opinión de Carli Ballola, tiene un nuevo capítulo en la historia de la música de cámara, creando en ellas los dos criterios de dialéctica discursiva en el plano de una absoluta paridad de las funciones de contraste, nos sorprenden las obras por la amplitud de construcción y la riqueza de las ideas. Para Solomon, este grupo de dos sonatas, destacan por sus ambiciosas proporciones, en sus amplios Adagios introductorios, que suponen la despedida de un estilo de composición. Una obra que cuenta con tres movimientos: Adagio sostenuto; Allegro y Allegro vivace. En cuanto al chelo, el autor no volverá a él durante bastantes años, concretamente con la Sonata Op. 69 (1807) y las dos sonatas Op. 102, aunque antes encontraremos la serie de Variaciones sobre un tema de Judas Macabeo, de Händel y sobre dos temas de La flauta mágica, de Mozart. Las obras para chelo y piano serían compuestas en el transcurso de 1795/6, en previsión de un viaje a Berlín, concediendo una mayor atención al chelo, enfrentado a la importancia que mantenía el violín.
Las siete variaciones para chelo y piano sobre el tema Bei Männem welche Liebe fühlen, de Mozart, WoO 46 en Mi b M, obra con el autor en la treintena y editadas en Viena, un período de grandes sonatas para el teclado, como por ejemplo la Segunda del Op.27 y la Op. 28, o el ciclo del Op. 31, llegando a aceptarse que no se relacionen con aquellos primeros años vieneses, en los que se concitan composiciones en este tipo que no acabaría encontrando un número de catalogación, por lo que quedarían excluidas, un asunto encontramos precisamente en la precedente. La explicación del tema, llegará por la inspiración recibida en el año 1801, aportada por el empresario del Theater and der Wien, quien le facilitará el dúo de Pamina y Papageno de este singspiel por excelencia. El compositor había tenido la oportunidad de asistir a una representación que le dejaría absolutamente fascinado, por lo que no dudó en realizar un trabajo aparentemente menor. Una confirmación posterior del compositor, recordará esa inevitable atracción que había sentido tanto por La flauta mágica como por Don Giovanni. Las Variaciones WoO 46, fueron dedicadas al conde von Brown, a quien Beethoven había dedicado los Tríos de cuerda Op. 9, un personaje muy vinculado a la vida del músico. Sobre las variaciones para chelo, en general, será Carli Ballola, quien nos haga saber que con la excepción tal vez de las Variaciones sobre el aria de Papageno O. 66, que por su desenvuelta gracia, no fueron olvidadas del todo por los concertistas, destinados principalmente a poner de manifiesto el virtuosismo de algún intérprete brillante.
La Sonata nº 3, para chelo y piano, en La M. Op. 69, es obra que fue interpretada por primera vez el 5 de marzo de 1809, y no lo sería por su dedicatario Gleichenstein, sino por el chelista Nikolaus Kraft (hijo del célebre Anton Kraft) del Cuarteto Schuppanzigh, y de la baronesa Dorothea Ertmann, pianista de sublime talento. Esta sonata tiene ya la fuerza, la economía y la invención de las obras de madurez, a pesar de su tono de raro vigor, que facilita que la obra se explaye en toda su dimensión. El Allegro, ma non tanto, exhibe el canto generoso del chelo que no pretende dominar a su compañero del piano, manteniendo un diálogo amable, dulce y sensual desde la primera idea, entre ricos pizzicati, calurosos y expresivos. El Scherzo. Allegro molto, resulta un movimiento fuerte y arrogante, planteado en la tonalidad de La m., y semejante al de la Séptima sinfonía, un tema tratado en fortissimi. El Adagio cantabile, resulta una renuncia al excesivo protagonismo del tiempo lento por sí mismo, liberándose de los fantasmas del patetismo que durante años había pesado en muchas obras de ese momento, a través del siglo XIX, la dimensión de interioridad tan solo se roza en algunos compases expresivos. El Allegro vivace final, se manifiesta en sintonía con el conjunto de la sonata, radiante y segura de sí misma, radiante para contribuir a los cánones que podrán caber en el contexto del término allure chantante. Nos hallamos en un punto de enlace directo hacia el Allegro ma non tanto. Cada compás de esta sonata, ayuda a reforzar una clara sensación de confianza y desenvoltura, admitiendo el curioso apunte inter lacrimas et luctum, en resumen un dramático testimonio de la desesperación que siempre le pesaría, en sus constantes vitales. Un grupo de tres sonatas de estos años, fundamentales en su biografía.
Ramón García Balado

Ningún comentario:
Publicar un comentario