Palacio de la Ópera, A Coruña
Javier Perianes como director y solista en el Concierto de la OSG, en el Palacio de la Ópera de A Coruña- días 29 y 30, a las 20´00 h-, reservándonos tres conciertos para piano y orquesta: el Segundo en Si b M. Op. 19; el Cuarto, en Sol M. Op. 58 y el Quinto (Emperador), en Mi b M. Op. 73. En tal grado, le tuvimos con la RFG hace un par de temporadas, ofreciéndonos el mozartiano en Mi b. M (Jeunehomme K. 271 y el tercero beethoveniano en Do m.Op. 37. En Perianes resulta ejemplar su interés por tratar obras de los períodos más distantes, desde Blasco de Nebra, a Granados, Albéniz, Falla, Mompou, Monsalvatge o contemporáneos como Sánchez- Verdú, tras seguir la estela de insignes pianistas como Alicia de Larrocha, Esteban Sánchez, Orozco, Achúcarro o Josep Colom, a los que se añaden Mª Joâo Pires, G. Sokolov, Lupu, Richter, Horowitz, Lipatt, Schnabel, Sofronitky o Michelangeli, y especial desde su período de asentamiento profesional con Daniel Barenboim, que siempre mostró por él una personal querencia. Siempre atento a la exploración de los recursos y los más precisos detalles en la búsqueda de los matices expresivos, según épocas, autores y estéticas. En su relación con Barenboim, había sido determinante la mediación con Alfonso Aijón, mientras que en aquel período, también Elena Angulo, logró facilitarle una audición con el maestro, en una prueba camerística con la Orquesta West- Eastern Divan, en el proyecto Barenboim on Beethoven, en una grabación de las 32 sonatas para piano, en DVD, acompañadas por clases magistrales.
Concierto nº 2, en Si b M. Op. 19, estrenado en el Burgtheater Wien el 29 de marzo de 1795 con el autor al piano bajo la dirección de Antonio Salieri, antes de que la segunda etapa en Praga, le anime a un profunda revisión (1789), con la alteración del movimiento final, que quedará a la postre como definitiva, para su edición en Leipzig y en Praga. Opiniones habrá que le acepten como un epígono mozartiano, manteniendo con ello la personalidad del autor, al margen de otros aceptados como F. C. Neubauer, F. J. Freystaedler, A. Ebbler o J.W. Hassler. El Allegro con brio, se divide en un primer tema rítmico y un consecuente melódico, entre curiosas modalidades expresivas marcadas por el piano con detalles decorativos, que encontraremos por comparación en obras posteriores. El Adagio, conserva los elementos propios de la forma sonata, heredada de compositores del momento, en especial por el cuidado de su delicadeza, carente de un pathos desbordante, hasta llevarnos al Rondó: molto Allegro, que en su primera versión ofrecía un Rondó, en clave pastoral, casi con detalles mozartianos. La versión final, pudo haber surgido en una súbita inspiración, para llevarnos a un tiempo de aparente sencillez, aunque más innovador, para curioso analistas, un tiempo brillante y pleno de charmeur, expresado por su humor, del que volveríamos a tener noticia en otras de sus obras. El Rondó rechazado, sería editado como página aislada en 1825, en una puesta a punto confiada al compositor- pianista Carl Czerny, muy apreciado en la posteridad y receptor de los parabienes de Hummel y Moschelles, al parecer con la aceptación del autor. Para Tranchefort, será el menos apreciado de los cinco conciertos para piano, por su falta de madurez y sus vacilaciones. Rattalino verá en su Rondó: molto Allegro, un sesgo pastoril y algo jubiloso, pero sobretodo burlesco, respondiendo a una nueva y original concepción, en la idea de su evolución que se ratificará en obras posteriores.
El Concierto nº 4 en Sol M. Op. 58, supone la superación de parámetros anteriores culminando con ello las estéticas que hasta entonces regían, valiendo por su audacia del sentido armónico además de una valoración de los temas desarrollados, destacando el teclado en su relación con la orquesta, en una ostensible pretensión de una búsqueda de fusión, alejándose de ideas épicas para ceder a una gama más refinada en su planteamiento, obra de un compositor en la treintena y que dará a conocer en Viena, en una audición privada en el Palacio del Príncipe Lobkowitz, en el Theater an der Wien, en un programa que incluía otras dos de sus sinfonías, la Quinta y la Sexta, sesión de la que se despedirá de su condición de solista, a efecto, las personales cadencias serían efectivamente improvisadas, aunque tres del primer tiempo y dos del Rondó: Vivace, no serían redactadas hasta 1809, lo que motivaría por parte del autor a un comentario jocoso: Cadencia ¡pero sin caer! El Allegro moderato, se observa en la forma canónica de estilo sonata, de sonoridad íntima y melancólica de ambientación crepuscular, con un tema lírico y delicado y que suponía una auténtica innovación entre constantes cambios de atmósferas, suponiendo el Andante con moto un tema contundente e intenso enunciado por la orquesta, con respuesta contrastante del solista, remedando un enfrentamiento aparentemente desigual, hacia un episodio con talante de transición al Rondó: Vivace, definido por una entrada de la cuerda con respuesta del piano abocado a una cadenza que precede a la coda. Para Boucourechliev, el Andante con moto, alcanza uno de los momentos álgidos de la obra, por el diálogo de ambos protagonistas, el piano y la orquesta, por su naturalidad impresionante y que hasta entonces, el compositor no había conseguido.
El Concierto nº 5, en Mi b M Op. 73 (Emperador) pertenece a un ño afortunado en el que también compuso su Sexta sinfonía, el Cuarteto Op. 74 o la Fantasía Coral (Schmeichelnd hold) op. 80, último de los dedicados a este estilo y que coincide con los acontecimiento de la Paz de Viena, una tregua de significado valor psicológico, en su destino a aceptarse como trabajo simbólico, marcado por ideario de perceptible platonismo y que se observa en su planteamiento musical, reforzando la idea de su envidiable homogeneidad. Kerman & Tyson, dirán que es con mucho, el más sinfónico de sus conciertos, ya desde los primeros compases en los que el solista precede a la orquesta. Obra que respeta la estructura tipológica, desde el Allegro que aporta temas curiosos desafiando a la orquesta hasta alcanzar un libre pathos festivo, pleno de indicaciones heroicas, un tanto extramusicales. El Adagio un poco moto, desplaza el tono del tiempo inicial, en beneficio de una idea lírica por la tonalidad que muestra, en su caso, con mayor atención a la sección de cuerdas, en enfrentamiento al ímpetu del solista, una renovadora idea que se confirma en el Rondó: Allegro, un ejercicio de frenesí rítmico a lo largo de toda su extensión. El Emperador, fue estrenado en la Gewandhaus de Leipzig, el 28 de diciembre de 1811, con Friedrich Schneider, como solista y Christian Schulz, como director, antes de repetir en Viena un año después, con Karl Czerny, llegando a producir actitudes encontradas. El autor no llegaría a interpretarlo, por sus acuciantes problemas de sordera.
Ramón García Balado

Ningún comentario:
Publicar un comentario