Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
El ciclo Fiestra aberta recibe a la cantaora Rocío Márquez en el Auditorio de Galicia-día 11, a las 20´30 h-, acompañada por el guitarrista Pedro Rojas-Ogáyar, dentro de un proyecto del INAEM, con una escenografía de Roberto Martínez, iluminación de Benito Jiménez, sonido de Javier Mora y la colaboración de Carmelo Camacho. Nacida artísticamente con Gloria Muñoz, antes de trasladarse a Sevilla donde sería becada por la Fundación Cristina Heeren, que le permitiría tomar clases con José de la Tomasa y Paco Taranto, mientras obtenía la diplomatura en magisterio de la música por la Universidad de Sevilla, paso directo a la obtención de su primer galardón, la Lámpara Minera del Festival de Cante de Minas de la Unión, logrando cuatro primeros premios, una consideración que solo alcanzaría Miguel Poveda. Sus actuaciones la llevaron a cumbres y teatros a nivel internacional, dejando en su trayectoria trabajos como Sevillanas y vírgenes- de la colección Lamparas de Mina, junto a Esperanza Fernández; Aquí y ahora, para Séptimo sello; Tango, con el tenor granaíno J. M. Zapata y artistas como Poveda, José Mercé, Marina Heredia, Pasión Vega y Ángela Cervantes. Claridad, será un compromiso para Universal Music, con Alfredo Lagos, Jorge Pardo y Rosa Torres Pardo, para seguir con el Falla de La vida breve, con la ONE, dirigida por Josep Pons. En la Fundación Juan March, en una de sus emblemáticas actividades, reservó con la pianista Rosa Torres- Pardo, una velada en la que interpretaron canciones armonizadas de Lorca: Las tres hojas y La tarara; una popular Debla; la Nana, de las Siete canciones populares españolas; El Amor brujo, de Falla y de Albéniz, para la pianista, El Corpus Christie en Sevilla, de la Suite Iberia.
El peso de Mairena fue determinante en una primera generación de cantantes entre los que destacaban Arcángel, Estrella Morente, Mayte Martín y Miguel Poveda, algunos que no procedían de ninguna tradición flamenca a la hora de buscar raíces como las de Pastora Pavón La Niña de los Peines, pero casi de inmediato, nos encontraríamos con esta nueva hornada en la que cobró notable importancia esta onubense, Rocío Márquez, que supo superar todo complejo, dando un paso más adelante sin trabas a esa ansiada libertad creadora, una voz que se plantó asistida por el guitarrista Miguel Ángel Cortés, en el XVII Cante de Las Minas de La Unión. Para el analista Jesús Ruiz Mantilla, siempre habíamos tenido en mente al cantaor como artista intuitivo, a lo que ella respondería: Depende a quien se lo digas. Para mí, por encima de lo bueno y lo malo, es lo que soy. Si intentara cantar de otra manera o fingirlo sería absurdo. En mi generación no podemos abordar el arte como si hubiésemos conocido una guerra o pasado hambre. Los estudios, hoy en día son básicos. Hay que reformar el discurso, si nos quedamos con lo de otras épocas entramos en el desfase. En otro momento de la charla, recordaba ella que su abuelo tenía una taberna típica, con una cabeza de toro, y allí cantaban muchos hombres en la barra. No sé la cantidad de servilletas que guardo con las letras que escuché o me soplaban mi tío Miguel, que me daba consejos. Por otro lado, me metieron en el Conservatorio para estudiar piano. Mi maestra de canto Gloria Muñoz, era soprano. No me quedo mucho en mi mundo, aprendo de los que voy conociendo y en esto me ayudó mucho Enrique Morente.
La convergencia con el gambista Fahmi Alqhai, cristalizó en su experiencia Diálogos de viejos y nuevos sones, una atractiva combinación de música antigua y flamenco, que tendría un espectacular encuentro en la Bienal de Sevilla, en septiembre de 2016, en la que ambos estarían acompañados por el percusionista Agustín Diassera, el gambista había extraído todo tipo de recursos entre rasgueos a pizzicato, transportando un eco antiquísimo y un timbre añejo, con soluciones nada convencionales, Rocío, resultó el vehículo aterciopelado que trató las canciones de forma templada y muy ligada, según demandaban los textos, para transmitir la justa emoción, dulce, pero nunca empalagosa, manejándose con su voz alargada por la serie de melismas contenidos y elegantes.
Ritos y geografías para Federico García Lorca, resultaría la cátedra de vanguardia flamenca presentada en el Teatro Real, con el maestro Pepe Habichuela y ella como sublime protagonista, una voz que atravesaba el tiempo y que nada más subir el telón, mostraría un plantel fascinante por el asombroso duende que embrujaría a los asistentes, Lorca seguía siendo el canon como primer organizador del Primer Concurso del Festival de Cante Jondo, allá por 1922, marcando el camino a través del cual todo podía fundirse. Dentro de las ya mil veces atravesada senda que nos legó con sus canciones y poemas, ha entrado en el siglo XXI, cargado de bríos seductores y Márquez logró sacarlo a escena vestido de pureza y tradición, amparada en ese discurso por Pepe Habichuela y el arropamiento de los Mellis, a las palmas, para entregarnos una serena versión de El diamante, la profunda carga emocional de En el Café de chinitas o en La reyerta, de El Romancero gitano. Colegas de esa experiencia compartida, habían sido Carmen Linares, figura veterana dentro del flamenco, la presencia del equipo del Proyecto Lorca, concebido por la cantaora junto a Pedro G. Romero, el sonido a cuatro bandas que formaron la cantaora y el pianista Daniel B.Morente, el saxofonista y clarinetista Juan M. Jiménez; las percusiones de Antonio Moreno, entre castañuelas, xilofones, en una llama novedosa dentro de una revelación nunca vista. Para completar el cuadro de profesionales cercanos al cante grande, un compositor clásico que supo encontrar en sus ancestros una permanente fuente de inspiración, se trataba de Mauricio Sotelo, autor de la obra escénica El público, pura inspiración lorquiana, quien no quiso perderse la oportunidad de estar presente en el ágape. Aquella simiente lorquiana impregnó las inquietudes indagadoras de Rocío Márquez, quien pretendía abrir nuevas dimensiones de esperanza para un arte musical en plenitud, siguiendo las tradiciones del flamenco, siempre deudora de Morente y de los mejores clásicos, un dulce y sereno arte, en manos de esta figura seductora y ejemplar, que como podemos comprobar, comienza a marcar época.
Ramón García Balado

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