08/04/2026

Rapsodias Africanas, para (En) Foco, con el protagonismo de Seckou Keita, intérprete de kora

 Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela


Concierto que se anuncia como Rapsodias Africanas con obras de Seckou Keita, intérprete de kora, y que cuenta con arreglos de David Mantovani, con la RFG, dirigida por Clark Rundell, en el Auditorio de Galicia, día 10, a las 20´30 h-, con sesión previa de Preconcierto en la Sala Mozart- 19´45- a cargo alumnos del Curso Avanzado de Especialización Orquestal, dirigido esta vez por Timur Sadikov, una sesión en la que participarán las violinistas Caterina Barbosa y Marie E. Cooper, la viola Inmaculada de Muedra, el chelista Javier N.Casamayor y el contrabajista Nicolás García, para ofrecernos el Quinteto nº 2, en Sol M., Op. 77, de Antonin Dvorak, obra con influencias de Smetana, y que había sido  estrenada por el Cuarteto de Bohemia, composición en cuatro tiempos comenzando por el Allegro con fuoco, que en ciertos aspectos podrá recordar al Quinteto La trucha, de Schubert, destacando el diálogo entre el chelo y el contrabajo, y un desarrollo que se apoya en el tercer motivo de la introducción para alcanzar la coda en un più mosso, el Scherzo, Allegro vivace, resulta perfectamente simétrico con la aparición de ritmos de dumka, y un episodio central de gran expresión lírica; el Poco andante, aporta  una larga cantinela en el primer violín con respuesta del chelo en contrapunto, trenzando un magnífico acompañamiento y el Allegro assai final, nos traslada a una atmósfera ardiente y distendida, en un rondó de frases melódicas con detalles que se mezclan para combinarse mejor dentro de una vitalidad exuberante. Idea de su período eslavo por la estilización de las formas, un ejemplo que se mantendrá como afortunada experiencia en el catálogo de su legado camerístico ya desde el momento en el que Antonin Dvorak, era violinista en los atriles de la Orquesta del Teatro Provisional Checo de Praga, y componía obras como el Quinteto de cuerdas en La m. Op. 1, del que no se conocerá su destino, aunque no disimule cierto talante mozartiano, en el que asoma un finale, curiosidad que habrá de esperar por su edición hasta el año 1943.

Clark Rundell, formado en la University of Chicago con John Paynter, además de especializarse en trombón Frank Crisafulli, músico que dirigió agrupaciones como la Britten Sinfonietta, la Royal Northern S.O.; la Royal Liverpool Philharmonie, el Klanforum Wien y en el espacio de formaciones actuales, el Asko Ensemble o el Ensemble 10/10. Estrenó espectáculos operísticos como Clemencia de John Macmillan, en la Royal Opera House o Voces & Votos, de Orlando Gough, en el Festival Int. de Bergen que se añaden a títulos más frecuentes como A turn of screw, o Albert Herring, de Britten; Kata Ka´ta Kabanova, de Janacek, junto a The cunning Little Vixen; L´enfant et les sortiléges, de M.Ravel o La hora española.  Colabora con artistas como Louis Andriessen, con el que mantiene una regular frecuencias en trabajos como Vermeer Fotos; Steve Reich, R. Rodney, Brad Meldau, el Wayne Shorther Quintet, Toumani Diabete, Gary Carpenter, Steve Martland, Bob Brookmeyer o Lew Tabakin.

Seckou Keita, es intérprete del tradicional kora, repertorio de implantación preferentemente senegalesa y en esos países centroafricanos, músico perteneciente a una larga saga de arraigo familiar, y que comenzó su carrera con su tío Soto Sissokho, presentándose por ello en giras europeas de implantión multicultural, tanto a solo como con agrupaciones compartidas, trasladando su residencia a Inglaterra para participar en citas como WOMAD o el Festival de Música Sacra de Irlanda, recibiendo nominaciones a galardones de los Premios WOMAD, tras formar su propio grupo Keita Quartet, en 2004, que se ampliará a formato de quinteto, con la adición de su hermana Binta Susso, en el canto, mientras organizaba talleres de percusión y kora con el Music For Change, Creative Partnership y el WOMAD. Respecto a  la kora, instrumento asentado en Senegal, Gambia, Guinea-Bissau y Mali, supondrá para Keita, la posibilidad de realizar contribuciones para el desarrollo de sus afinaciones originales, a partir de 2002, teniendo en cuenta que cada uno de esos países tendrá sus evoluciones logradas a partir del paso de las generaciones, y que en su caso, encontrará resultados perceptibles en colaboración con su primo Aliou Gassama, quien crearía una  kora de doble cuello, que ambos compartirán. Históricamente solo los maestros- griots, detentaba el acceso a esas tradiciones, pero la evolución de los tiempos, trajo una considerable transformación en el límite de remarcar fronteras, abriendo espacios de confraternización con las corrientes evolucionadas del jazz. Rapsodias Africanas, resultará pues un diálogo sonoro a varias bandas, dejando a Seckou Keita ofrecer su magisterio a partir de los arreglos que le propuso David Mantovani.

La kora, instrumento de tradición en esos países, es un instrumento más atractivo del África negra occidental, una mezcla de laúd y arpa, que se ejecuta habitualmente como solista- al menos hasta donde hemos llegado-, o más comúnmente para asistir a los griots; también se toca en dúos, por ejemplo con el balafón- estilo de xilofón o en orquesta. Consta de una caja de resonancia formada por media calabaza de gran tamaño- entre 60 y 70 cm, de diámetro, cuya parte convexa está ampliamente rodeada por una piel tensada y sujeta con clavos de cobre. Cerca del mástil lleva un orificio circular con el contorno decorado con un dibujo similar al rosetón de los antiguos laúdes europeos, el resto de la caja aparece a veces adornada con motivos geométricos hechos con clavos. De la caja sale un largo mástil de madera, cilíndrico, al cual van atadas 21 cuerdas de tripa-algunas de las cuales son melódicas- por medio de anillas correderas de cuero. El puente, de gran tamaño (20 cm. de alto), lleva practicadas diez muescas sobre uno de los laterales y once sobre el otro, apareciendo así las cuerdas divididas en dos filas, razón por la cual a veces el instrumento es considerado como un arpa doble. Lleva también dos palos cortos que hacen las veces de agarradores, fijos en la caja de ambos lados del mástil. A veces se coloca sobre el puente una pieza para producir ruidos diversos, que suelen ser una placada de metal con pequeñas anillas sonoras en su contorno. Las notas producidas por las filas de cuerdas abarcan la extensión casi de tres octavas. La afinación del instrumento de Senegal encuadra en este modelo que difiere del arpa-laúd guineano, de 19 cuerdas cuya afinación se consigue con ayuda de las anillas que se deslizan por el mástil, permitiendo tensar las cuerdas a voluntad.

El entorno de la familia de los Keita, cuenta también con figuras como Salif Keita, músico que Hace tiempo puso en primera línea de divulgación su trabajo M´Bemba (Los ancestro) que llegó a presentarse en nuestro país con para en el Auditorio de Galicia, un proyecto asentado por la alegría de su discurso sonoro, en el que manifestaba  ciertas afinidades con las herencias de los gitanos sustentada en que los malienses tienen una cultura cercana a la árabe, la misma que lejanamente hallamos en Andalucía  y por esa vía encontramos un amalgama que facilita el acceso al flamenco, una propuesta para la que Salif Keita, recurría a los arreglos de Kanté Manfila, su principal maestro por una amistad que se remontaba a 1973, en M´Bemba, colaboraba con su kora Toumani Diabeté. Otro valor dentro de este apartado, es el guineano Mory Kanté, artista que cuida hasta el mínimo detalle su aparición en escenas confirmadas en el resultado de sus piezas, elaboradas a partir de un puñado de contagiosos y machacones ritmos soleados, también un dotado intérprete de kora y balafón, dejando fe en trabajos como Sabou, editado por Riverboot/Karonte, músico nacido en el seno de una familia de griots aunque considerándose como ejemplo de los tiempos modernos, esos griots que son los trovadores, historiadores, poetas, narradores y cuyo papel artístico no solo no ha desaparecido, sino que cada vez tiene mayor presencia en la sociedad africana, Griots o Jalis, asentados en el subcontinente negro y en el caso africano, en cuanto a Senegal, ha dejado personajes como Baaba Maal, Dudu N´Diaye Rosé, Kausu Kuyate, Ismael Lô, Touré Kunda, Xalam o Youssou N´Dour, la mezcla entre esas músicas africanas y andaluzas, no solo funciona perfectamente, sino que en el caso de Toumani Diabeté, parecería que este músico hubiese tocado flamenco a lo largo de toda su vida.

Ramón García Balado

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