Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
Dos sesiones en concierto para esta Gala de Reyes de la RFG en el Auditorio de Galicia con una primera destinada a los abonados y público en general- día 5, a las 20´30 h-, y una segunda para el día siguiente a la misma hora para los aficionados que se decidan por esa fecha. Gala que pone un espectáculo de nuestra RFG dirigida por su titular Baldur Brönnimann, contando con la dramaturgia de Lorena Conde, y las actrices Belén Constenla y Lidia Veiga. Lorena estudió Filoloxia Hispana y goza de un postgrado de Arte Dramático de la USC, recibiendo el EASD Mestre Mateo, además de colaborar en producciones como Captatio Benevolentiae, Matrioska, un Premio María Casares y el de poesía González Garcés. Belén Constenla realizó trabajos para el CDG, la TVG, la TVE, destacando en trabajos como Lagarta, lagarta; Teatro do Morcego; Ollomoltranvía; Teatro do Atlántico; Espello cóncavo; Teatro do Noroeste o Teatro do Aquí. Lidia Veiga, natural de Arzúa, se formó en la ESAD (Escola Superior de Arte Dramático de Galicia y recibió igualmente el Premio Mestre Mateo de 2021, participando en la gala XXII de ese certamen junto a Miguel Canalejo, en el Coliseo de A Coruña. Fue también Premio María Casares y fue candidata a los Premios Max de 2024. En medio de fechas revueltas debido a ingratos acontecimientos ajenos a la propia orquesta, bueno será actualizar datos tras el río revuelto ocasionado por intencionadas opiniones con respecto a la responsabilidad artística y el proyecto asumido por el director Brönnimann. Voces hay que se pronuncian con un seguro de aplomo en cuanto a los programas que prestan una atención desmedida a los repertorios contemporáneos, esas voces que hablan de la Filarmónica cuando quiere referirse a Filharmonía- curioso lapsus-, y que con y absoluto conocimiento de causa- supuestos aficionados en bastantes ocasiones que rara vez se les ve en el Auditorio de Galicia- insisten con contundencia que estamos ante la presencia de una realidad catastrófica, al borde de un insalvable abismo, que anuncia las trompetas apocalípticas. Para respuesta inmediata, la confirmación recibida por el propio Consorcio confirmando la realidad objetiva en lo relativo a la situación económica, el número de abonados y la situación de entendimiento entre el director y los miembros de la RFG.
Sergei Prokofiev, había compuesto en su infancia el Galop Hindú, con tan solo cinco años, antes de probar como alumno del forjador de escuela Nikolai Rimski-Korsakov, a partir de 1904, para ampliar con Liadov, en el Conservatorio de San Pertersburgo, logrando en 1911 el Premio Rubinstein, paso previo a su amistad mantenida durante años con Stravinski y Diaghilev, recibiendo como primer premio el Rubinstein por el Concierto para piano, que tendría continuidad hasta el número 5 Op. 55, compuesto en Berlín (1932), a los que se añadirán los dedicados al violín y al chelo y la Sinfonietta concertante para chelo y orquesta en Mi m. Op. 125 (1950/2), estrenado en Copenhague. El tiempo dejará sorpresas como el ballet Chout (Le Bouffon); L´amour des Trois Oranges (El amor de las trs naranjas); Le Pas d´Acier- un ballet de 1927; Le Fiel Prodigue, otro de sus ballets, a los que se une Sur le Borysthème, el último de ellos, en medio de óperas como Madeleine; L´Ange de Feu; Le Jouer; las óperas Guerre et Paix y Simeon Kolko o los ballets Nuits d´Egypte y Roméo et Juliette.
La Cenicienta (en ruso Zóliushka), es un ballet que cuenta la historia de una modesta doncella cuya sencilla virtud conquista el amor del hermoso príncipe, siendo posible que algunos pasajes resulten paralelos entre los cuentos de hadas y los recientes sentimientos de su vida con Mira, hasta entonces una oscura estudiante de literatura. Una vida apacible y tranquila en el campo, en Krátovo, no lejos de Moscú, mientras efectuaba revisiones amplias del libreto, preparado anteriormente por Nikolai Volkov, el autor de otros como los ballets para Asáfiev- La llama de París y La fuente de Bakhchisarai o Espartaco, de Katchaturian. Cenicienta había sido demandado por el Teatro Kirov, en el invierno anterior, tras el gran éxito adquirido por Romeo y Julieta, dejando como rédito esta Cendrillon (Cenicienta), que al igual que la anterior, se reparte en tres suites sinfónicas, sin pretender en opinión del autor, una simple reunión de números, teniendo en cuenta que bastantes habían sido recompuestos y reoquestados por necesidades de proyecto artístico. Una primera Suite Op. 107, que se reparte entre los números: Introduccion; Paso de los chacales; Disputa; El Hada Abuela y el Hada de Invierno; Mazurka; Partida de Cenicienta al baile; Vals de Cenicienta y Medianoche. Con seguridad la más apreciada de las tres suites. La Suite nº 2 Op. 107, en la que se desarrollan los números: Los sueños de Cenicienta; La lección de danza y la gavota; el Hada de la primavera y el Hada del verano; la Bourrée; la Llegada de Cenicienta al baile; el Gran Vals, para completar con el Galop. La Suite nº 3 (Op. 109), se reparte entre los números que comienzan con la Pavana; la Cenicienta y el Príncipe; Las tres naranjas; El Pais del Sur (la Tentación); la Oriental; el Príncipe encuentra a Cenicienta; el Vals lento y el final con Amoroso. El ballet durante un tiempo había sido postergado antes de completarse definitivamente, un período marcado por la Guerra y las amarguras de los bombardeos, detalle del que Prokofiev nos dejará testimonio en sus escritos: De vez en cuando se estrellaba un bombardero alemán y, todavía, cargado con sus bombas, que no se habían arrojado, estallaba un enorme estruendo. Los blancos haces de luz de los reflectores llenaban el cielo. Los reflectores, las trazadoras verdes que seguían a los cazas, las bengalas amarillas lanzadas por los alemanes: todo eso era un cuadro horrible en su belleza. De manera que el primer verano que Sergei Prokofiev y Mira pasaron juntos, estuvo muy lejos de ser pacífico. Por desgracia, el comienzo de lo que el músico ansiaba, que fuese una vida más tranquila, coincidió casi con exactitud con el principio de una etapa horrenda y agotadora de la historia soviética. Durante los años que siguieron, Prokofiev, como otros artistas rusos, tendrían una existencia nómada desplazándose cada vez más al este, para huir del rápido asedio alemán. A pesar de las penurias de las que se daba noticia cotidiana, o tal vez a causa de ellas, esos años de cruel guerra fueron una etapa de excepcional productividad para el compositor, dejando obras como la ópera La guerra y la Paz; una de las grandes sinfonías, la Quinta, en Si b M. Op. 100 o la banda sonora para el filme de Eisenstein Iván el Terrible.
Ramón García Balado

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