Palacio de la Ópera, A Coruña
En recuerdo en Enrique Rojas. Gracias amigo y compañero
Concierto especial de la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, que prepara para esta sesión en el Palacio de la Ópera de A Coruña, dirigida por José Trigueros-día 10 a las 20´00 h-, un programa que apuesta por la obertura de La forza del destino, el Concierto para clarinete en La M. K. 622, de Mozart, del que será solista Álvaro Ferrer, de Giuseppe Verdi y la Sinfonía nº 4, en Fa m. op. 36 de Piotr Ilich Tchaikowski. La ópera del maestro italiano con libreto de su incondicional Francesco Maria Piave a partir de la dramaturgia de Duque de Rivas, había conocido su estreno en San Petersburgo en 1862, para dejarnos un espectáculo en cuatro actos, en el que despliega un importante cuadro de secundarios desde el coro de buhoneros a los campesinos italianos y españoles en un espacio que nos ubica históricamente a mediados del siglo XVIII. Fugas, duelos, una dama vestida de varón, alegres tonadas con aire militar y una sombra de cantos de monjes. La propia obertura contribuye a una perfecta adecuación ambiental y para mayor contribución, el recuerdo de su estreno madrileño en el Teatro Real después de pasar por París, y que contaría con la presencia del compositor y su compañera la diva Strepponi, nuestro coliseo capitalino, había sido la fortaleza de la ópera italiana desde el día en que se inauguró en 1850, aunque los cantantes italianos ya se habían convertido en los dueños y señores del Teatro Real de los Caños del Peral durante más de un siglo con anterioridad a aquella fecha. Cuando Verdi llegó a Madrid en 1863, su principal activo era el fiable y cariñoso tenor Fraschini, quien había visitado Sant´Ageda poco antes del segundo viaje de Verdi a Rusia y que bien pudo haber sido uno de los responsables del compromiso del compositor con nuestro país. Fraschini había cantado las premières de cinco de sus óperas y figuraba entre los pocos artistas a los que Verdi elogiaba infatigablemente. En Madrid, donde tuvo una excelente acogida, había interpretado I vespri siciliani en 1856/7, repitiendo éxito en Roma con la misma obra. En 1859, había trabajado con Verdi durante la preparación del estreno de Un ballo in maschera, en Madrid. La soprano elegida para La forza del destino, era Anne Caroline La Grange, una artista francesa que había cantado en Italia desde 1843 y que también había cosechado grandes triunfos en Viena, París y San Petersburgo. Desde San Petersburgo, Verdi mantuvo con el editor Ricordi al igual que con el editor ruso, una comunicación constante, preparando la publicación de las mejores piezas de La forza del destino, sugiriendo algunos números que se publicaron con antelación.
El Concierto para clarinete en La M. K. 622, de W. A. Mozart, del que será solista Álvaro Ferrer, es obra de un treintañero que desde el Allegro inicial se enardecerá ofreciendo las posibilidades sonoras del instrumento solista por su material melódico increíblemente variado y complejo, por sus pasajes afines a la prodigalidad expresiva con una alegría sosegada y sobrenatural de perfiles nítidos, a través de las posibilidades ofrecidas por el instrumento. El Adagio, punto álgido del concierto, destaca por su sencillez caracterizándose por la levedad pretendida hacia un Rondó cuya función es la de impresionar al oyente con un final de tierna sonoridad, descubriendo en el clarinete el medio más adecuado para expresar una gracia jocosa más allá de cualquier lucimiento gratuito injustificado, por lo que la obra se convierten en un fin en sí misma. El autor había regresado a Viena tras un paréntesis en Praga, a mediados de septiembre de 1791, en donde en compañía de su alumno Süssmayr había viajado para la ejecución de su ópera La Clemenza di Tito K. 621 y que conocerá el estreno de este concierto para clarinete, dedicado a su colega Anton Stadler, perteneciente al mismo grupo masónico del que eran miembros.
Tchaikovski- Sinfonía nº 4, en Fa m. op. 36, obra que estrenó el 10 de febrero de 1878 en Moscú bajo la batuta de Nikolai Rubinstein, composición que coincide en el período de su relación con su protectora Mme Ndjda von Meck, con la que mantendrá una relación epistolar continua sin que lleguen a conocerse personalmente, período en el que trabajaba sobre su ópera Evgeni Oneguin, mientras soportaba una vida matrimonial que acabaría en un desastroso final al tiempo que vería como esta sinfonía tendría una tibia acogida, por lo que se sintió muy afectado. Obra que parte de un Andante sostenuto-Moderato con anima (in movimiento di valse), ofreciendo una introducción que resulta germen de toda la obra, resultando una especie de fatum por esa actitud fatal que condiciona el desarrollo del necesario impulso hacia un imaginable entusiasmo y estado de placidez. Estado dubitativo que supondrá una sensación de incomodidad enfrentada a la imposición de la realidad cotidiana. Queda la posibilidad del ensueño en medio de todo lo resulta triste y sombrío.
El Andantino in modo canzona, segundo tiempo, se expresa en un estado de ánimo no muy diferente en el que la melancolía es un argumento determinante, esa melancolía que se observa en la tarde rodeada de vagos recuerdos casi inaprensibles, marcados por la fragilidad de las sensaciones que no embargan. Un reposo expresado por la canzona recitada por el oboe y que tendrá respuesta en el chelo para continuar con el fagot, en forma de estimulante contrapunto de cuerdas. En la parte central, encontramos una serie de quejumbrosos motivos dominados por estímulos procedentes del fatum que nos trasladan a un señalado retorno de la parte inicial, forjada por una instrumentación en contrapunto enfocado hacia el final.
El Scherzo Pizzicato ostinato (Allegro), devanea entre estados más definidos, especie de arabescos con imágenes y otras imágines casi imperceptibles que para curiosos, resultan pasar por la imaginación casi en estado de ebriedad y en una euforia incontenible. Una ambigüedad entre estados extremos e inclasificables. Un detalle de marcha militar escuchada en la lejanía propone imágenes posiblemente incoherentes para el oyente que se resuelven en nuestra percepción auditiva con todas sus posibilidades propuestas dentro de la forma ABA, para otorgar argumentos de calado a este scherzo en el conjunto de su instrumentación con un inicio de la cuerda en pizzicato que induce asombrosos contrastes y una segunda parte que seguimos a través de una cancioncilla pretendidamente vulgar, con respuesta en los instrumentos de madera y esa marcha que recuperamos gracias a la sección de metales.
El Allegro con fuoco, según el autor quedará expresado con estas palabras: Si no encuentras ningún motivo de alegría en ti mismo, mira a los demás, ve con el pueblo, mira como se divierte entregándose enteramente a la alegría. Es el cuadro de una fiesta popular. Pero apenas has cesado de pensar en ti y te has dejado cautivar por la alegría de los otros, cuando el implacable fatum vuelve y te rememora sus recuerdos. Los otros no se preocupan de ti, ni siquiera se vuelven. ¡Qué felices son sus sentimientos sencillos y espontáneos! Tú solo puedes contar contigo mismo. No digas que todo es triste en este mundo, siempre existen alegrías sencillas, pero fuertes. ¡Alégrate del gozo de los demás! Cuando menos, podemos vivir. El tema de este final, es una conocida canción muy rusa conocida: Un abedul se yergue en el campo. La Cuarta Sinfonía es la primera obra cíclica de Tchaikovki, con la repetición del tema del Destino.
Ramón García Balado

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