13/07/2026

Dende as raíces por la Banda Municipal

 Praza de As Praterías, Santiago de Compostela


Concierto en As Praterías con la Banda Municipal dirigida por Casiano Mouriño Maquieira – día 15 a las 20´00 h., con obras de Bill Whelan, Alfred Reed, Dmtri Shostakovich, José Serrano y Pablo Luna, una aproximación a las formas musicales próximas a las tradiciones desde diversas perspectivas. Bill Whelan, con su pieza The Sevilla Suite, obra con un telón de fondo histórico relacionado con resultados relacionados con la relación de la rebelión irlandesa de 1602, y que tendría como personaje histórico a Red Hugh O´Donell, y su derrota en la batalla de Kinsdale, en su  enfrentamiento con Inglaterra, motivo de inspiración musical para el trabajo llevado a cabo por Bill Whelan, un proyecto que recibiría la acogida de la Expo´92, en el Teatro de La Maestranza de Sevilla. En el cuadro de músicos colaboradores, destacaron David Spillane, Mel Mercier, Mairead Wesbitt, Martin O´Connor, y la bailarina María Pagés, en el último cuadro del espectáculo, contando también con la participación de músicos Milladoiro como Pepe Ferreirós, Rodrigo Romaní o Nando Casal, la Orquesta de la Radio Televisión Irlandesa, dirigida por Alen Smalec,  en beneficio de una composición de perfiles épicos y reivindicativos, de acentuadas sonoridades con toda su amplitud.

Alfred Reed, un asiduo en las programaciones de nuestra Banda, nos ofrecerá las Armenian Dances, piezas de reminiscencias folklóricas tomadas de Komidas Vardabet (1869/1935), maestro de coro e investigador que pudo forjar sus estudios en la Frederick William University, de Berlín, mientras se dedicaba en profundidad al estudio de las tradiciones de su entorno cultural, músico que no pudo evitar una vida conflictiva por su actitud personal, lo que le obligó a trasladarse a Constantinopla a partir de 1910, una vida agotadora cuyo beneficio para la posteridad, serán la cantidad de publicaciones producto de su trabajo en el ámbito de la etnomusicología, tema que le convertirá en un maestro de referencia, con ejemplos referenciales como la serie de las Armenian dances, que tendrían excelente acogida para su divulgación gracias a los conciertos ofrecidos en el año 1972, por la University Band Simphonic Orquestra, un trabajo musical que suele ofrecerse en forma de suite repartida en dos partes, aprovechando la diversidad  de colores y timbres, que facilitan su discurso sonoro. Una forma de acercarnos a unas raíces folklóricas que, con fortuna, resultan ya familiares entre nosotros.

Dmtri Shostakovich- Folk dances-, para no perder comba en el contexto de esta propuesta, no acerca a otro compositor cuyas obras sinfónicas se incluyen con regular frecuencia por nuestras orquestas, especialmente por la Sinfónica de Galicia, en las temporadas que tuvo como titular a Dima Slobodeniuk, que en repartos sucesivos, puso a nuestro alcance una integral de su sinfonismo casi completo, del Shostakovich en repertorios como estas danzas folkóricas,se encuadra en esa serie de recopilaciones que han ido dejando trabajos como La suite para orquesta de jazz, que muy poco tiene que ver con la evolución de género arraigado desde sus comienzos en los Estados Unidos, evolucionando y transformándose a lo largo del siglo y que en esa suite, logrará un trabajo de gran aceptación en particular por su incorporación a la banda sonora usada por Kubrick, en La naranja mecánica, en el compositor ruso, conviene traer a colaboración dentro de las cercanías de estas danzas folkóricas, otros trabajos como Tea for two, un tanteo de tintes coquetos y resultones, que se convertirá en un capricho para los entretenimientos que nos descubrirán sus facetas como arreglista; la Obertura sobre temas rusos y kirguises, nos encontramos con ella en el mismo espacio de indagación sin una precisa asimilación a las corrientes musicológicas tan corrientes entre sus colegas de generación o las entregas comprometidas para el cine y el teatro, aceptando que nuestro compositor supo responder a la demandas frecuentes para esos estilos, dejando casi cuarenta trabajos para el cine, época en la que, por un lado recibía el reconocimiento oficial, pero por otro, no podía evitar frecuentes enfrentamientos por asuntos políticos, y sobre este tema, encontraremos trabajos para el teatro como La chinche, de Maikosvki ,  puesta en escena por Maeyerhold, y un soberbio Hamlet, de comienzos de los años treinta, una producción de Akirov, del que se acabará realizando una suite, de aquellos trabajos para el cine, podremos añadir La nueva Babilonia, un filme de Koniztsev y Trauberg; La juventud de Máximo; El retorno de Máximo; El camino de Viborg o La caída de Berlín, de los  que también realizará suites de divulgación, ejemplo de su notable dominio en este tipo de trabajos.  

José Serrano- El trust de los tenorios-estamos en un período de acercamiento a la opereta o la revista tras toda una vida en la que cuidará de estrenar espectáculos en el Teatro Apolo, dentro de la pervivencia del apreciado género chico, apostando por otras modas teatrales que parecían tentar las preferencias del aficionado común, urgían las prisas después del un período bastante fecundo con trabajos como La alegría del batallón, puesta en  escena en su querido Teatro Apolo, que sería calificado como un cuento militar, estamos en un año que prepara solapadamente la posible retirada  y para la ocasión, se apoyaría en libretistas como Arniches y García Álvarez teniendo como resultado El trust de los tenorios, precisamente con destino al Teatro Apolo, que subirá a escena el 3 de diciembre de 1910, ya metido precisamente en las lindes del género arrevistado, y que servirá de punto de transición a otra obra de perfiles similares, El palacio de los duendes, sobre un  jocoso libreto de Sinesio Delgado, partituras en general sencillas con números musicales pensados para un público que tampoco ambicionaba grandes espectáculos. Todavía conservará tiempo para una etapa posterior, en la que prestará sus atenciones a zarzuelas como La canción del olvido o La Dolores.

Pablo Luna- La pícara molinera-, zarzuela que se estrenará en 1928, en el Teatro Circo, de Zaragoza, y que un par de meses después, sentará sus reales en el Teatro Apolo, obteniendo con ella un gran éxito, producto de un trabajo notable de sus años de madurez y que admite el hecho de partir de un libreto de Alarcón, El sombrero de tres picos, el mismo al que recurrirían Manuel de Falla, aunque con las consabidas diferencias de resultados obtenidos, el compositor, aragonés de nacimiento, había recibido sus primeros estudios de violín con Teodoro Ballo, antes de recibir una beca que le permitiría ampliar en armonía y composición con Miguel Arnaudas, maestro de capilla de la Seo, procurando abrirse un futuro como músico de café y variedades, hasta llegar a convertirse en concertino de la Orquesta del Teatro Principal de Zaragoza. Dentro de su evolución artística le veremos como un artista que puede considerarse de transición entre el género chico y la opereta. Algo más joven que Amadeu Vives  y Lleó, no dejó de ser sensible a las influencias de los grandes maestros del momento, desde Manuel de Falla a Conrado del Campo, Joaquín  Turina o Jesús Guridi.

Ramón García Balado

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