Praza das Praterías, Santiago de Compostela
Concierto en As Praterías con la Banda Municipal dirigida por su titular David Fiuza Souto-día 4, las 20´00 h., dentro de una muestra representativa del género que reparte obras de compositores de épocas distintas, entre los que tienen cabida gallegos en plena vigencia por sus obligadas labores profesionales, que han probado con dejarnos pequeños homenajes a este estilo tan representativo y tentador, hablaremos de J.Bugallo, por Loanza, Juan Lois, con Mar e sal, una personal dedicatoria a su entorno familiar; Antón Alcalde, con su modernizadora Prost! Op. 13. Un clásico por excelencia, el maestro Reveriano Soutullo, gracias a su universal pasodoble Ponteareas, surgido como un homenaje recibido de su patria chica, el 20 de octubre de 1929, en el que participaría todo el mundo musical de la tierra, y que a la postre, se convertirá como es admitido, en un venerado himno oficioso del país. Su discurso de agradecimiento, se publicaría en el Faro de Vigo, el 22 de octubre del mismo año de gloria, y que sería transcrito en el estudio biográfico de Estévez Vila. Con su colega de aventuras Juan Vert, llegaría a tiempo para completar otra pieza de perfiles similares, la Marcha de honor.
El pasodoble como hilo conductor, goza de su condición de pieza de aires marciales, que ya en 1852, había sido definido por Fargas y Soler como una especie de marcha de un movimiento más rápido que la marcha propiamente dicha, el cual se toca en las marchas militares para hacer marchar a la tropa a paso redoblado. Dejémosle que evolucione y se transforme a conveniencia de otros tratamientos y préstamos necesariamente adoptados. Sanz de Pedro, distinguirá cuatro variedades de pasodoble, el regional, adaptable a las influencias del entorno; el taurino, para ese contexto en particular; el militar, cuya función impone tonalidades mayores y el de concierto, desarrollado a partir del éxito del pasodoble La torre de Oro, de López Juarranz. El pasodoble, el pasacalle y la marcha, se harán habituales en obras de Chueca-La Gran Vía, con el pasodoble de los sargentos; Cádiz, con su marcha, que llegó a interpretarse como himno nacional; también el Agua, azucarillos y aguardiente, de Chueca y en El chaleco blanco, perceptible en el inicio, estando presente en escena una banda de cornetas mientras aparecen referencias de aires marciales; El bateo, por compartir lirismo hispanos de finales del XIX principios del XX, en los que destacarán Valverde (padre), Cerezeda, Torregosa, Serrano, Santoja, Penella- del que para esta sesión tendremos un detalle de El gato montés-; Manuel Fernández Caballero- El cabo primero-; Ruperto Chapí, El rey que rabió, La czarina o El tambor de granaderos y Curro Vargas; Miquel Marqués- La salamanquina o El cornetilla-; Manuel Nieto-Toros y cañas-; Gerónimo Giménez- Los viajes de Gulliver-; Joaquín Valverde- El fondo del baúl-; Amadeo Vives, por La rabalera, La Generala, Trianerías, Pepe Conde o Doña Francisquita; Pablo Luna- Molinos de viento-; Francisco Alonso-Las corsarias, La calesera, Las de Villadiego, La zapaterita; Moreno Torroba, prolífico por excelencia, en zarzuelas como Azabache, La chulapona, Maravilla; Jacinto Guerrero- María Manuela-; Pablo Sorozábal- Katiuska, La del manojo de rosas, La tabernera del puerto- Ernesto Rosillo o Manuel López Quiroga, hasta alcanzar el mundo de la ópera española con el pasodoble de La Dolores, de Tomás Bretón; el citado Gato montés, de Manuel Penella. En la distancia del tiempo, hacia la década de 1850, el pasodoble se había introducido por su ritmo en la zarzuela, si bien los títulos de los números diferencian los términos de pasodoble, marcha y pasacalle, que tienen tiempo y estructuras formal similar su denominación se debe esencialmente a la vinculación o no a la actividad militar. Un ejemplo como La marcha de la Manolería, de Pan y toros, compuesta por Barbieri, en 1864, tiene un ritmo de pasodoble, pero parece indicado como marcha. Otro ejemplo podrá ser la zarzuela La familia del tío Maroma, de Barbieri, es un pasacalle a cargo del coro, además del pasodoble de la tropa, sin que existan diferencias claras entre ambos números.
Variopinto cartel, en el que sobresale Suspiros de España, de Antonio Álvarez Alonso, jienense que fue un reconocido director que también compondría La marcha solemne para la coronación del Rey Alfonso XIII, obra sinfónica estrenada en el Teatro Real, el 24 de mayo de 1902, se dice que fue en una mesa del Café- Restaurante España, donde compuso esta pieza que le dará fama universal, Suspiros de España, el pasodoble más popular de todos los tiempos y que refleja el carácter pesimista y bohemio de su autor, una dedicación al Ayuntamiento de Cartagena, que se estrenará el 2 de junio de 1902, vísperas del Corpus Christie, frente al altar situado en la esquina de la Plaza de San Sebastián, en la Calle Mayor de Cartagena, por la Banda Municipal de Infantería de Marina, bajo la dirección de Ramón Roig. El autor falleció prematuramente y su memoria se ha mantenido gracias a este pasodoble de resonancias ancestrales. Alfredo Javaloyes, también con una pieza que nacería de un capricho casi obsesivo, por su frescura y naturalidad, que ha calado entre todo tipo de aficionados El abanico, con aire de habanera. El autor tuvo asesoramientos artísticos de Felipe Pedrell y abordaría trabajos ambiciosos como una experiencia a partir de El misteri d´Elx. En er mundo. Juan Quintero Muñoz y Jesús Fernández Rodríguez, pasodoble con tratamiento cantable al que le han salido novias entusiastas procedentes de los más especialistas cercanos a las distintas formas del pasodoble, pieza dedicada a un saxofonista cubano, al que se conocía como Calzado. De estos autores, también destacarían Morucha, Ojitos de luto o la zarzuela Yola, estrenada en el Teatro Eslava. Nombres de menor relieve como José Franco, con Agüero, una dedicatoria al torero Martín Agüero o Amando Blanquer, por Musical, obra que verá la luz en el Teatro Apolo un músico que realizo una importante labor en la Banda Primitiva de Alcoy, y que tendría ambiciones profesionales por sus estudios con Olivier Maessien y G. Petrassi o Pedro Sosa, con su detalle localista colorista y de tintes folklóricos con Le cant del valencià.
Ramón García Balado
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