Teatro Principal, Santiago de Compostela
Concierto de la Banda Municipal de Santiago y de la Banda Sinfónica Galega, dirigidas por David Fiuza Souto-Teatro Principal, día 10, a las 12´00h- , incluyendo en programa la suite de la ópera Le Cid, de Jules Massenet y El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla, el estilo del francés dignifica el final de la forma de la llamada opéra-comique, el que también cultivaron Auber, Bizet, Gounod o Leo Delibes, una manera de distanciarse de las maneras cultivadas en otros países, en especial del pujante italiano que marcaría tendencias y entre otros creadores, no podemos olvidarnos de Cherubini, Spontini, Meyebeer y hasta el propio G.Rossini, un compositor que se había formado en piano con Laurent y Henri Rebert y en armonía con Bazin, mereciendo el aprecio de Ambroise Thomas, su traslado a Chambéry, será determinante antes de continuar en Lyon y posteriormente a París, trabajando en experiencias cotidianas en lugares de entretenimiento, un paso previo a la presentación de sus primeras óperas, algunas con ayuda de Héctor Berlioz, como en el género de la cantata, como David Rizzio, con la que obtuvo el prestigioso Prix de Rome, que ayudó de manera especial a su proyección en un futuro inmediato, también pudo conocer a Franz Liszt, con el que abordaría una primera suite orquestal, antes de su vuelta a París, en donde mantendría ese interés por escribir suites orquestales, como Pompeya y el poema sinfónico Le coup du roi de Thule. Con Don César de Bazán, consiguió uno de sus primeros éxitos líricos, al que seguirían Les Érinnyes, y un nuevo oratorio como María Magdalena, pero para mayor confirmación, otra de sus obras que continuaría el estilo de Meyerbeer, todavía muy de moda, Le roi de Lahore, que le ayudó a superar su situación económica, y como puente de transición, irán llegando Le Cid (1885), Esclaramonde, Werther, Le mage, La Navarraise, Sappho, Cen drillon, Grisélidis o Thaïs. A la par con Charles Gounod, sabrá destacar la importancia de los ritmos expresivos, en compases de 9/8 o 12/8, que se encuadraría en la calificada como frase massenetiana, siempre al quite del uso de una flexibilidad muy francesa y una cuidada instrumentación, plena de detalles interesantes. Por curiosidad, tomará una apreciación por la incorporación del saxofón en la orquesta de la ópera, casi un préstamo que había usado Ambroise Thomas, pero en otro orden de consideración, no dejará a margen motivos e ideas procedentes del verismo italiano.
Le Cid, entrará dentro del género de la opéra- comique, que conocería su estreno el 30 de noviembre de 1885, sobre un libreto inspirado en Pierre Corneille, ópera que como era de esperar, a pesar de su buena acogida, acabaría siendo olvidada, como tantas otras centradas en ese estilo, pero para los roles de consideración, quedará el recuerdo de sus primeros intérpretes, Jean de Reszka, como Rodrigue; la soprano Flades Devries, como Chiméne; el bajo Edouard de Reszka- para mantener el entorno familiar- como Don Diegue y el bajo Leon Melchessédec, como Le Roi. La esperada suite de ballet, habrá de esperar hasta una producción presentada en el Carnegie Hall, el 8 de marzo de 1976, con el protagonismo de Plácido Domingo y Grace Bumbry, puerta abierta a las posteriores del Festival Massenet, de 1994; la de Sevilla, de 1992 y la de la Ópera de Washington, de 2001.
El sombrero de tres picos, ballet en dos cuadros de Manuel de Falla, está basado en el relato de Alarcón y que dará argumentos a los Martínez Sierra- Gregorio y María de Lejárraga- para la configuración del libreto, para estrenarse como Le Tricorne, el 22 de julio de 1919, por los Ballets Rusos, en el Alhambra Theatre, de Londres, con una orquesta dirigida por Ernest Ansermet. Falla y Diaghilev, se habían conocido durante la primera visita a España, con el empresario con los Ballets Rusos, facilitando la posibilidad de una colaboración que pronto llegaría. El primero de ellos sería Las meninas, utilizando La Pavane, de Fauré, con trajes al estilo de Velázquez diseñados por Sert; Falla rechazaría la idea de Diaghilev, quien pretendía recurrir a la idea de Noches en los jardines de España, proponiendo precisamente el nuevo proyecto basado en el relato de Alarcón y en consecuencia, el resultado artístico reportará un espectáculo en el que el reparto quede configurado entre El Molinero; La Molinera; el Corregidor; la mujer del Corregidor; el Petrimetre, en medio de un cuadro de vecinos, alguaciles, paseantes y una nutrida figuración de paseantes. El resultado artístico, había comenzado entre el músico y los Martínez Sierra, y según Andrew Budwig, Diaghilev, y Massine, tuvieron conocimiento del primer cuadro de El Corregidor y la Molinera (el título escogido para la pantomima), casi al mismo tiempo en que el borrador de la partitura, fechada el 8 de agosto de 1916, fue terminado, El borrador del Segundo cuadro, no fue terminado hasta diciembre, pero su contenido debió haber sido interpretado o mostrado a Diaghilev y a Massine. El citado Andrew Budwig, comentaría que el bailarín especificó las alteraciones que deseaba durante el año 1916. Cuando el Corregidor se estrenó en Madrid, Diaghilev se encontraba en Roma, pero lo pudo ver más tarde, acompañado por Massine, en Barcelona. Falla estaba molesto con Diaghilev, por la tardanza y la falta de seriedad en sus métodos de pago. Los requerimientos de Massine se cifraron en una parte de solista para él, en el Segundo cuadro, que remplazaba los intentos del Molinero de conducir a su esposa al lecho y para equilibrar el solo de la Molinera, en el cuadro primero. La farruca resultante que desarrolla un tema presentado brevemente, en la pantomima, es una aportación de masculinidad de una forma distinta, más pública que privada. El triunvirato Falla- Massine- Picasso, creó en Le Tricorne, o El sombrero de tres picos (títulos con los que llegó a conocerse), una fusión ejemplar de danza, música y diseño. Massine, se encontró en disposición de traducir las danzas tradicionales en términos de ballet clásico. Los decorados y vestuario de Picasso, fueron un éxito.
Ramón García Balado
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