Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
Círculo das Artes, Lugo
La violinista en residencia de la RFG, Amandine Beyer, vuele a brindarnos tardes memorables, esta vez con obras de G.F.Händel, Karl Friedrich Abel y Johann Christian Bach- Auditorio de Galicia, día 28 a las 20´30 h., con charla previa de Conversando con…Sala Mozart 19´45 h-, antes de trasladarse al día siguiente al Círculo das Artes de Lugo- 20´00 h-, una violinista que hizo posible la creación del grupo Gli Incogniti, además de colaborar con la coreógrafa Anne-Teresa de Keersmaeker y con artistas como Pierre Hantaï, Kristian Bezuidenhout o Andreas Staier, ampliando esa labores con la formación del Kitgut Quartet, tras sus años de estudio con la Schola Cantourum Basiliensis, plaza en la que sucederá a su maestra. El concierto que nos ofreció el pasado mes de marzo, resultó un pleno de sus apetencias interpretativas, ofreciéndonos un ramillete de obras significativamente expresivas, una suite de la ópera Naïs de J.P.Rameau, con característicos pasajes de danza y un final con una Musette pour les bergers et bergères; un concierto para violín de Jean-Marie Leclair, dentro del estilo de la escuela francesa; Georg Muffat, por el Concerto grosso en Sol M. (Propitia Sydera), entre las tradiciones italianas y francesas y una obra de un autor por descubrir, Justin Heinrich Knecht (1752/1817), con la Sinfonía Pastoral, en Sol M. (Retrato Musical de la naturaleza, composición con alternancia de estéticas fácilmente asimilables en ese período de transición.
George Friedrich Händel, aporta la Suite nº 1, en Fa M.HWV 348 , obra de las tres suites de sus Water Music, aquella serie de obras de obligado cumplido destinadas a un paseo por el Támesis, en medio de festejos y que se realizarían desde Whitehall y Chelsea, en un placentero disfrute, obras que enaltecerán la grandeza del compositor a lo largo de los siglos, partiendo del peso de la leyenda que limitaba las posibilidades del músico por sus dependencias profesionales con el elector de Hannover, de quien dependía en lo relativo a su libertad para semejantes menesteres y que supondría un grado de conciliación entre ambos, dejándole como rédito un beneficio mayor del que, en un principio, podía esperar. Para esas fechas, el elector de Hannover, podría asistir a una representación de su ópera Rinaldo, otra de sus obras escénicas que tendrán gran predicamento, en especial desde el asentamiento de las llamadas corrientes historicistas, gracias a los músicos que han hecho posible esa innovación, ubicando al autor en su justa dimensión. La Suite en Fa M. (Suite para trompa), se valora de forma especial por sus ejecuciones frecuentes en espacio abierto, compuesta por diez piezas, algunas con pasajes que llevan la mención de dos veces, o tres veces (una disposición instrumental que resultará modificable en cada ejecución), comienza con una Obertura a la francesa, en su avance, un pasaje apacible que se aboca a un concertino en manos de oboe y violines, a los que suceden un Adagio e stacatto, un arioso, de oboe solo y cuerdas, auspiciando la entrada de un nuevo Allegro ostentoso sobre un tema destacado por un acorde perfecto ascendente. Un Andante que alterna entre trompas y maderas, que se oponen a las cuerdas, anunciando el protagonismo de un Allegro, en el que se intercala un trío en menor para cuerdas a solo, distanciándose de los tiempos anteriores, con un Aria delicada y muy perfilada en su trazo, con un protagonismo de trompas, hacia un Minuetto expresivo, que facilita la entrada de una Bourré, típicamente francesa, que para el autor, debía ejecutarse tres veces, entre cuerda, madera y un tutti, muy expresivo, metiéndonos con holgura en una típica pieza de danza, una Hornpipe de raigambre inglesa, concluyendo la suite con un gran Allegro, en el que se oponen trompas, cuerdas y maderas, en medio de una actitud majestuosa.
Karl Friedrich Abel-Sinfonía nº 4, en Do M. Op. 17-, una saga familiar de talentos iniciada con Clamor Heinrich, músico de cámara del duque de Braunschweig, en Hannover, y autor de un tratado titulado Erstlige Musicalischer Blumen, maestro que tendrá continuidad con su hijo Christian- Ferninand, que fue chelista y gambista en la corte de Köthen. Karl F. Abel, nacido en Köthen, y que vivirá sus mejores años en Londres, fue hermano de Leopold August, miembro de esa familia de considerable talento, destacando como gambista y compositor, y posiblemente alumno directo de J. S. Bach en St. Thomas, de Leipzig, pasando a ser integrante de la Capilla de Dresde, antes de trasladarse a Inglaterra, concretamente a Londres, en donde dinamizará los prestigiosos Bach-Abel Concerts, tras darse a conocer como virtuoso gambista, además de clavecinista y violista, había sido nombrado músico de cámara de la Sociedad de Conciertos más importante entre los años 1765/80, además de ocupar plaza como músico de cámara de la Reina Sophie Charlotte, poco antes de esa fructífera experiencia londinense que supondrá un hito en la historia de la música y que irradiará por distintos países europeos. Quizás, en el contexto de la familia Abel, será el que deje una impresión más afortunada.
Johann Christian Bach- obertura y suite de la ópera Amadis de Gaula, perfecto punto de encuentro con respecto a la obra anterior, por la hermandad de ambos compositores, al igual que la Armide de C. Willibald Gluck, Armide de Gaula, obra de 1779, supone en plenitud un soberbio trabajo elaborado a través de un libreto ya utilizado por Lully, obra en cinco actos originales y que se conformarían en tres, de acuerdo con la tradicional forma francesa, teniendo al final de cada uno de ellos un estilo de divertissement. Sus recitativos se encuentran acompañados en su totalidad por la orquesta, de la que se hace un uso imaginativo, el autor aprovechó cualquier oportunidad para explotar el colorido instrumental, especialmente por su calidad de extensión en la escritura coral, recurso del que mostró sus cualidades virtuosísticas, con atención destaca en los números de ballet, impresionando precisamente por la escritura coral, curiosamente, ese compromiso entre el pensamiento italianizante y francés, puede dejar la impresión de resultar algo forzado, quedando en evidencia en especial, por la ausencia en la ópera de arias, propiamente en estilo italiano.
Ramón García Balado
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