16/04/2026

Catro Quince con Nuria Lestregás: Sonatas del rosario de H. I. F. Biber, en San Paio de Antealtares

 San Paio de Antealtares, Santiago de Compostela


Concierto con puesta escénica de Nuria Lestegás, acompañando al grupo Catro Quince, en la Igrexia de San Paio de Antealtares- día 19, a las 20´ 30 h.-, para una obra de especial relieve, Las sonatas del Misterio del Rosario, de Heinrich Ignaz Franz Biber (1644/1704), una formación integrada por Roberto Santamarina Fernández- violín-; Alejandra Escolante Mujico- órgano y espineta- y Carlos García Amigo, en chelo. Nuria Lestregá, fue partícipe del filme O Corno, de Jaione Camborda, músicos que colaboran habitualmente con formaciones especializadas en música antigua, como Alicerce, Manseliña, Martín Códax o América Antiga. Los grupos colaboraron también en eventos como el ciclo De Lugares e Órganos. Biber había nacido en Wartenbeg, una localidad cercana a Praga, teniendo como primer maestros al organista Wiegand Knöffee, antes  de entrar al servicio del Príncipe Johann Seyfried Eggenberg, en Graz, en donde también estaban Philipp Jacob Rittler y Jacob Primmer, músicos muy importantes de su tiempo, recibiendo la confianza de valet de chambre y músico de Karl Liechenstein-Castelcorno, obispo de Olmütz, tomando contacto con la música de Johann Heinrich Schmelzer, en especial por sus balleti, sumamente valorados en la corte. Se decía de él que tocaba el violín como ningún otro podía hacerlo, y en parte por ese estilismo conocido como scordatura. Al cambiar la manera de afinar el instrumento lograba, efecto, tocar pasajes que, de otra manera, serían imposibles. En su vida, fue importante su traslado a Salzburgo, donde consiguió entrar en la corte de Maximilian Gandolph von Khuenburg,  arzobispo de Salzburgo.

Obras como la notable passacaglia para violín solo, es por un lado la magistral variación construida a lo largo de sesenta y cinco variaciones, de un tetracordio descendente  (Sol-Fa- Mi- Re), tocada en fecha de especial consideración, en la Catedral de esa capital; en 1677, tocó varias veces sus sonatas en Laxenburg, ante el emperador Leopoldo I, quien en obsequio le entregó una cadena de oro,  siendo nombrado entonces Kappelmeister suplente, lo que le permitirá destacar como compositor con una Misa para 53 voces, obra que aprovecharía las posibilidades acústicas del templo.

Charles Burney, estudioso de la música de su época, en trabajos como La Historia general de la música (1776/89), siempre apreció las cualidades del músico, aceptándole como el mejor de su tiempo, un detalle que se añade a la valoración  que igualmente le concederá el hijo de Biber, en  Karl Heinrich en Grundlager einer Ehre—Pforte, en su biografía publicada por Johann Matheson, en 1740. Burney, había sabido valorar la dimensión de nuestro músico ya desde las Sonate per violino solo, ocho piezas para el instrumento con bajo continuo, sumamente elaboradas por su calidad como muestra de su sentido, su estructura y su esquema formal. El  genio aparece en libertad, en los preludios y en los ricos y elaborados finales, con brillantes ornamentaciones sobre bajos ostinato y los pasajes polifónicos donde Biber da cabida a su formidable técnica violonística. Pero el sello distintivo está en la manera en la que todas las sonatas conservan el espíritu improvisatorio, en la forma en la que consigue a través de la escritura, crear la sensación en la que el intérprete va siendo llevado por sus inspiraciones repentinas, manteniendo a la vez, un orden formal preciso. Sol dos  de ellas requieren una alteración de la afinación. En cambio, 14 de las Sonatas del Misterio ( o del Rosario), precisan de scordatura, una colección que no fue impresa en vida del compositor, y en el manuscrito sobreviviente, cada una de ellas se identifican con uno de Los Misterios del Rosario, y por añadido precisan scordatura. Las diferencias convencionales entre sonata da chiesa y Sonata da camera, no son respetadas. De las siete partitas para dos instrumentos y bajo continuo que conforman Harmonia Artifioso Ariosa- otra de sus colecciones de sonatas-, cinco son para dos violines, una está escrita para violín y viola  y las restantes dos, para dos violas d´amore. Seis de ellas precisan de scordatura.

Es posible que antes de morir, en 1703, se hubiese encontrado en buenos intercambios de impresiones y vivencias compartidas con otros colegas de aventuras, con quienes se diese a veladas vespertinas disfrutando del café, entonces tan en boga, y de las que nos queda memoria en la popular Cantata del café, compuesta por  Johann Sebastian Bach, en su caso, sería en el apreciado Café Tomaselli, en cuyas mesas cambiarían impresiones artísticas y cotidianas, ya en tiempos futuros, Wolfgang Amadeus Mozart, Karl Maria von Weber,Thomas Berhard  y hasta Herbert von Karajan. Biber, metidos en la teoría de los afectos, ofrece en el legado de sus obras una música como imitación de la naturaleza, y en particular, con las doctrinas del pensador y teórico Athanasius Kircher,  tratadas en su Musurgia Universalis, publicado años antes en Roma, hasta alcanzar su publicación en Alemania. Si la música era capaz de completar el sentido de la palabra, haciéndola más poderosa al reformar su afecto, también podía, en definitiva, estar en lugar de la palabra y generar ese afecto, por sí sola.

Ramón García Balado

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