Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela
Actividad de (En) Foco dedicada a una integral de Philip Glass- día 13, a las 20´30 h-, en el Auditorio de Galicia, con la RFG dirigida por Sebastian Zinka, en la que tendremos en programa las obras Company; el Concerto grosso- estreno en España-y el Concierto para saxofones. El Cuarteto Kebyart, está integrado por Pere Méndez Marsal, saxo soprano; Victor Serra Noguera, saxo alto; Roberto Seara Mora, saxo tenor y Daniel Miguel Guerrero, saxo barítono, grupo nacido en el entorno de la ESMUC, y que recibió el Premio BBVA de Música Montserrat Alavedra, y el Premi Palau (2016); Juventudes de España (2015); Orpheus Swiss; el International Franz Cibulka Comptetition (2019). Colaboraron con artistas como Nicolas Alstaedt, Xabier Sábata, Denies Varjon, Albert Guinovart, Joan Magrañé o Bernat Vivancos, contando con tres registros reseñables: Accents; Lectures diferents y un especial dedicado a obras de Peter Eötvös. El curso pasado se presentó en los proyectos de la Fundación Juan March, con Fantasía, que incluía obras de H.Purcell, Miquel Urquiza, Clara Schumann, William Albright y Joan Pérez Villegas. También fue frecuente su presencia el coliseos como el Concertgebouw (Amstertam); Musikverein Wien, Barbican Center, Festspielhaus Baden-Baden, la Schubertiada de Vilabertran y otros centros de importante relevancia. Su especial dedicado al 150 aniversario de Ravel, nos dejó un trabajo que incluía Le tombeau de Couperin, y la Pavane pour une enfante defunte, con arreglos barrocos de J. P. Rameau.
Philip Glass, a la búsqueda de un cielo siempre transparente, probaría todo tipo de modelos y actitudes en su evolución creativa tras seguir los senderos de Louis Cheslock, en técnicas seriales; Nadia Boulanger, Darius Milhaud, William Bergsma, Vincent Persichetti y un largo ideario de referencias, aunque tardará en encontrar su línea de evolución que le llevará a encontrarse con sus compañeros de travesía dentro del llamado minimalismo, la vía que defenderán La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y otros que se apuntarán a esas dependencias estilísticas un tanto a su sombra, en las cercanías de los estilos más convencionales de semejante aceptación. El énfasis de tal minimalismo, se manifiesta en los bucles y capas que han hecho posible la imitación de otras corrientes en sus lindes. Un movimiento que distó mucho de ser unitario por las claras diferencias de planteamientos y posicionamientos en evolución de los que no estarán ausentes las formas enfocadas al gran público como es el caso de Einstein on the beach, del propio Philip Glass, obra pareja a la idea creativa de Robert Wilson, en su diálogo entre el mundo onírico y lo real, una suerte de iniciación a un lenguaje por su pretensión de crear una obra de no-acción, de no-decir, una fusión entre la exactitud y el ritmo calmo marcado por la puesta en escena. El diseño formal, puesto aquí en práctica, se basa en la repetición de pequeñas secuencias que varían gradualmente por medio de un sistema aditivo que tiene su origen en la música de la India. El material vocal que sostiene las secuencias, consiste solamente en el recitado de notas musicales y en la enumeración de una serie de cifras, con un proceso fácilmente discernible que sugiere ante el receptor como especie de juegos sin resolver. Un minimalismo el suyo, que cubre con creces su idea en el Cuarteto Segundo (Company), de 1983, en sus breves cuatro tiempos que se resuelven sin solución de continuidad, clave perfecta para comprender lo que desarrollarán en la serie de sus cuartetos como obras primordiales.
Se plantea a la par una versión escénica sobre la poética de Samuel Beckett, y ya en su Primer Cuarteto (1966), anunciará una predisposición creativa en sus años de estudio e indagación en su etapa parisina, mientras seguía las atenciones de Nadia Boulanger en esta etapa de transición probando con una expansión del cromatismo la expansión de las disonancias como era previsible a la espera del mundo que le esperaba. Aparecerán así, una clara tendencia a esas músicas repetitivas, emparentadas con otras corrientes procedentes de mundos alejados y distantes, aunque previsibles, lo mismo que sucederá a otros compañeros de travesía, que por obvias razones seguirán trayectorias necesariamente encontradas, para beneficio de todos. Otra de sus aventuras en este espacio de las formas d cuarteto, será el Tercero, conocido como Mishima (1985), tomado de un filme realizado por Paul Schrader, en el que los movimientos se despliegan en breves tiempos y que ilustran la vida en sus diferentes aspectos, del escritor japonés, por lo que supone una respuesta de rechazo a formas tradicionales. Un paso inmediato, lo recibimos por su Cuarteto nº 4, Buczack (1989), un tríptico conmemorativo de gran amplitud y que supera en posibilidades a los precedentes por la utilización de recursos expresivos en la gama de ambiciones que se ratificarán en el Quinto Cuarteto (1991), un eslabón que vendrá a confirmar las ambiciones evolutivas dentro del género camerístico. El Concierto para Cuarteto de saxofones, supone el grado de sofisticación previsible en su carrera a la que se añade la obra en estreno, el Concerto grosso, compuesto en Berlín en 1992, con la figura de Ludwig van Beethoven, como necesaria inspiración, en el que cada tiempo está pensado para una familia orquestal diferente. El minimalismo surgido en la década de los sesenta, incluía a un grupo de creadores americanos que comenzaron a explorar las posibilidades de indagar sobre medios reducidos, limitándose a los elementos musicales más básicos, aunque todos ellos estuvieron influenciados por John Cage, en mayor o menor medida y para quedarnos con los personajes primordiales, habremos de fijarnos en La Monte Young, Terry Riley, Steve Reich y nuestro Philip Glass, siempre a la búsqueda de someterse al sobrepeso de John Cage. En aquellos inicios de este llamado minimalismo, el personaje más importante había sido La Monte Young, un creador que se había forjado en la Escuela de la Segunda Escuela Vienesa, dentro de las propuestas del Serialismo de aquel momento y particularmente bajo la influencia de Anton Webern, por la economía de texturas y la cualidad esencialmente estática del planteamiento de su obra. En su criterio estético, confesará que utilizaba la misma información, repitiéndola una y otra vez, aceptando que admiraba la música occidental anterior al Renacimiento y que usaba el éxtasis como un punto estructural básico en mayor medida que los sistemas musicales anteriores.
Ramón García Balado

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