San Martiño, Foz
Un dúo que se presentará en la Basílica San Martiño de Foz- día 8 a las 20´30 h-, para ofrecernos selectas obras de W.A. Mozart, Johann Sebastian Bach y Béla Bartók, un violista Antoine Tamestit, que colaboró con el Tokyo Quartet, de la Yale University, tras haber tenido como maestros a Jean Sulem y Jesse Levine, mereciendo el Primer Premio del Concurso William Primrose, antes de integrarse en el Trío Zimmerman, de Franz Peter Zimmerman, pasando a realizar una labor didáctica en la Hochschule für Musik und Tanz,en Colonia entre los años 2007/13. Dispone de una viola Étienne Vatebet y una Stradivarius, de 1672. Alexandra Preucil, fue miembro de la Gustav Mahler C. Orchestra y de la Babarian Radio Symphony Orchestra, participando en otros compromisos con formaciones como la Concertebouw y con el Dúo Starker , para la integral de los dúos de Béla Bartók, destaca entre sus proyectos Harmony the Hare o el Fest Brill, con la Cleveland Orchestra. Se maneja con un Sanctus Serafin, de 1744.
W. A. Mozart, con el Dúo para violín y viola, K. 423, obra del año 1783 y editada en
Salzburgo por Artaria en 1792, para A. Einstein, esta extraña forma de dúo
instrumental se remonta al siglo XVI, curiosa por su talante didáctico y su
particular virtuosismo, en el que se combina y funde un estilo severo,
conservando su frescura y el cultivado tratamiento de los recursos
detalladamente elaborados, un estilo de obras maravillosamente adaptadas a esos
instrumentos particulares hasta el extremo de resultar únicas en su género. Greither, acepta que tras un primer movimiento veloz,
tiene un Adagio lento de gran aliento
y es sorprendente la manera en cómo estos dos instrumentos de cuerda consiguen
mantener el ritmo tan tranquilo. Robbins Landon observa los recursos
practicados por Mozart para ocultar la
paternidad del grupo de dos obras, entre los que destacan el uso de melodías
populares, especial en la K. 423, alumnos
de Mozart, como fue el caso de Michael
Haydn, que pasaba por un período de inestabilidad en cuanto a su salud,
padecía las amarguras de imposibilidad de completar algunos dúos sobre los que
trabajaba, pero se vería compensando por las atenciones en forma de paga, a
petición de Colloredo. ![]()
Johann Sebastian Bach con una selección tomada de importantes Invenciones, además de la Suite BWV 1007, perteneciente al grupo de seis, una idea de piezas para chelo a solo, con precedente en las de Domenico Gabrielli y Giiovanni Battista Degli Antoni, pero Bach reinventa realmente el estilo con un tratamiento propio para las posibilidades del instrumento, que desplazaba a la viola da gamba, no se conoce la fecha exacta de composición de la seis suites, ni existe manuscrito autógrafo, disponiendo las copias de Anna Magdalena Bach, segunda esposa del maestro. Un conjunto de piezas singularmente bellas, comparables a las Suites inglesas para clave, que nos ayuda a suponen que estas dos series, datan de la misma época, al igual que los Preludios de las Suites para violonchelo, que resultan distintos, tanto por su estilo como por su arquitectura. La Suite nº 1, en Sol M. BWV 1007, se presenta en sus tiempos: Preludio; Allemande; Courante; Sarabande; Menuetts I y II y Gigue. Las Quince Invenciones BWV 772/86, pertenecen al período de Köthen, a partir de enero de 1720, en el que había iniciado un manuscrito de música para clave, que recibirá el nombre de Clavier- Büchlein para Wilhelm Friedmann Bach y la finalidad por medio de sus recopilaciones era evidentemente didáctica, pasando al hijo tan apreciado, para encontrarse también en manos de Johann Christian Bach. Los primeros quince números de la antología, estaban fechados en 1723, y figuran en el manuscrito original con la denominación que hoy conocemos, Invenciones gracias a una fuente tardía, aspectos terminológicos por su forma de obritas a dos voces, que conforman un instrumento de trabajo para el ejecutante en ciernes, que propone el estudio de las dificultades concretas, como un entrecruzamiento de las voces o de las invenciones temáticas. Son páginas muy diversas, bajo la forma de fuguetas, cánones o simplemente homofónicas, ordenadas tonalmente, según el incremento de los problemas planteados al ejecutante.
Béla Bartók, dentro de esta elección de piezas para viola y violín, un motivo para aproximarnos a su figura a través de personas como Júlia Székely, quien había estudiado con él, en la Ac. de Budapest, entre 1923 y 1936, y que escribiría relatos sobre Liszt, Beethoven y Chopin, dejando testimonios ampliados sobre los métodos e creación pedagógica sobre el autor, plagados de irrenunciables detalles, que dejarán en una publicación de 1978. A Bartók no le gustaba enseñar, comentario que repetirá con regular frecuencia, aunque raramente llegaría a trasmitir a sus alumnos y bastantes de sus cartas, se darán a conocer tras su fallecimiento. Según el horario oficial de sus clases de piano, su método de enseñanza v no se fundaba en la explicación, sino en la pura ejecución, cuando el alumno llevaba a la clase una pieza recién aprendida, Bartók se sentaba en el escritorio y lo escuchaba sin interrumpirlo, excepto que el alumno cometiera un error de interpretación, lectura o ritmo, en cuyo caso intervenía de inmediato y señalaba la equivocación. Una vez que había oído la nueva pieza, se levantaba del escritorio y se sentaba al segundo piano, que era también un Bösendorfer, similar al que acababa de tocar el alumno. No decía una palabra y el alumno no sabía entonces si había tocado bien o irregularmente. Júlia Székely, se daba por lo general a esto último, como acabaría confirmando más tarde. ¿Cómo enseñaba Bartök, sus propias obras? Muchos estudiaron con él las obras de Johann Sebastian Bach, Liszt y Chopin, quienes lo hicieron recuerdan sus experiencias y pueden hablar y escribir acerca de ello, pero entre sus pares ella había sido la única de sus colegas, tenía la impertinencia suficiente para hacerlo. Llevó entonces a sus clases la Sonatina de Bartók, y fue la primera obra que se atrevió a probar con ella. Había estado presente en un concierto en el que Bartók tocó esta obra para piano, con toda su inspiración en el folklore rumano y, por el modo en el que la interpretó, advirtió cuánto le gustaba.
Ramón García Balado





